“EL DÍA QUE RUBALCABA SUDÓ LA CAMISETA”, POR ANTONI GUTIÉRREZ-RUBÍ.

 

Rubalcaba ha echado el resto. Absolutamente. El sudor que poco a poco se ha apoderado de su cuello y de su rostro, hasta manchar su camisa, no solo es el síntoma del inoportuno proceso gripal que padece, sino el reflejo de un esfuerzo pasional −y políticamente febril− en su intervención. Una pasión casi inédita. Con uñas y dientes, como ya dijo en su anterior campaña. Dice que el PSOE ha vuelto. Pero él también. Ha vuelto. Y los que le quieren asignar un papel en la historia, deberán competir con él por el futuro. No hay duda.

El discurso de Rubalcaba ha culminado una exitosa Conferencia Política. Ha dejado muestras y trazos de modernidad y actualización estética y de estilos. Y, también, programáticas de gran calado. Atención a las conclusiones de la Comisión de Economía y a la batería de medidas contra las desigualdades, en especial sobre las diferencias salariales.

El discurso ha tenido momentos de gran intensidad. Como cuando ha interpelado a los varones poniéndoles como sujetos de las discriminaciones que reciben, históricamente, las mujeres en su vida laboral o personal. «¿Cómo os sentiríais compañeros si os pasara a vosotros?». Ha sido un buen recurso, auténtico, que centra la idea del feminismo político en la igualdad sin concesiones y que implica a los hombres −y a todos los socialistas− en esta causa. «Ser socialista en el siglo XXI es ser feminista y ecologista», ha afirmado. La emoción que transmitía era sincera y personal. Ha sido como un reencuentro, también personal, con los valores que, abandonados, olvidados o hechos jirones por el pragmatismo, dejaron al PSOE sin alma y sin proyecto. Volver a ser sensibles. Volver a ser socialistas, ha repetido, insistentemente.

Rubalcaba se ha rebelado contra los que asimilan PP y PSOE como lo mismo, contra los que hablan de PPSOE. Es la crítica que más le duele, la que le iguala, la que le homogeniza con la derecha. Por eso, durante todo el discurso, ha insistido en defender claramente las diferencias ideológicas, de comportamiento y de propuestas. «Para crecer, no importa crear desigualdades, piensa y hace el PP. Nosotros lo contrario: crecer generando igualdad».

Rubalcaba ha reivindicado el orgullo socialista. El de un partido de más de 130 años y con 4.000 agrupaciones. Pero, sinceramente, no parece que la reivindicación del pasado sea nostálgica o acomodada. La agenda de cambios que ha presentado es tan importante como la de estilos y palabras. Renovar la imagen, renovar la política. Nuevas referencias y nuevos conceptos. Nuevas fórmulas. Como cuando ha reivindicado el CIB (Conocimiento Interior Bruto) frente al tradicional PIB. Una apuesta por el conocimiento, la innovación y la creatividad. «Para saber si un gobierno es de derechas o de izquierdas, hay que ver lo que hace en educación y en política fiscal», ha afirmado. Otro modelo, recalca.

Dice que las primarias abiertas marcarán un antes y un después en la política española. Y no le falta razón. Son una respuesta de reactivación democrática extraordinaria frente a la crisis de la política, tan importante, ha dicho, como la económica. Rubalcaba ya no puede dar marcha atrás. Su propuesta no podrá ser creíble sin más pasos decididos de cambios y reformas, empezando por la de otro modelo de partido.

Entre sudores y secreciones nasales, Rubalcaba ha presentado al nuevo PSOE con tenacidad y pasión. Y a él mismo, también. Como si de una segunda gran oportunidad se tratara. Ha abandonado ese aire de superioridad intelectual que adornaba con su enigmática sonrisa, por una intervención trabajada desde el corazón y las entrañas. Ha parecido diferente, todo. Que lo sea, dependerá del día después, de los días siguientes. Pero ha ganado tiempo y crédito. En un momento de su intervención, ha dicho: «me tomo mi tiempo», para recuperar resuello y capacidad aeróbica. Parece que Rubalcaba ha ganado hoy algo más que tiempo.

OPINIÓN. EL PAÍS DIGITAL. 1O-11-2013.

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