“MADRID PIERDE, EL PRÍNCIPE GANA”, por Antoni Gutiérrez-Rubí.

.Sin duda, la intervención del Príncipe de Asturias ha sido una pieza memorable y destacable, aunque no haya podido ser decisiva. Si se ha perdido, no ha sido por él. Su profesionalidad en el discurso final ha demostrado que España tiene en su figura una apuesta de futuro fundamental. Estas son las claves de análisis.

Lenguas. El Príncipe ha hablado en francés e inglés (los idiomas olímpicos) y, evidentemente, en español para remarcar su valor vehicular de lengua común entre los pueblos latinoamericanos con una amable y simpática mención a Argentina.

.Comunicación no verbal. Su rostro ha expresado sentimientos, convicciones, recuerdos y deseos. El acompañamiento gestual y corporal, así como el movimiento de manos, ha sido ensayado con eficacia y solvencia.

Escenario. En todo momento, sabía a quién hablaba y dónde estaban las cámaras. Su orientación y alineación de la cabeza estaban siempre en coherencia, buscando la comunicación visual con cada grupo de destinatarios.

Storytellling. Un texto bien construido, con un recorrido sólido como deportista, padre y Príncipe. Su trayectoria como compromiso y como crédito. Los argumentos finales bien expresados, simple y claramente.

Complicidad. Constante. Con los compañeros de la candidatura, con los miembros del COI y con los espectadores. Las referencias a Pau Gasol y a la Alcaldesa (sin citarla) como representante de la ciudadanía madrileña han estado en su punto y han sido oportunas.

Grecia. La referencia a su madre (no ha citado al Rey) y su influencia griega −de herencia la ha cualificado− ha sido destacable y sorprendente. Con varias lecturas posibles. Y un puente natural para hablar de los clásicos: Aristóteles, Platón y Sócrates.

Hijos e hijas. La alusión a los futuros hijos de Pau Gasol (sobre lo que bromeó el deportista) y la relación con sus hijas… (jugarán juntos, harán deporte juntos, tienen un futuro compartido) es especialmente significativa en un momento de tensión territorial como la que vivimos en las relaciones Catalunya-España.

Pasión. «Con todo mi corazón» ha dicho, y así lo ha transmitido y mostrado. El Príncipe más encantador y atractivo (impecable vestuario y corte de pelo) ha estado atento, simpático y afectuoso. Ha roto con la imagen de frialdad que a veces transmite por exceso de rigor, control o tensión.

Estrategia: «Los beneficios del deporte se miden en generaciones, no en dólares» dijo el Príncipe. Sorprende que la candidatura haya puesto tanto empeño en lo económico −y los posibles brotes verdes del momento actual− y en la materialización de las obras olímpicas. Quizá un mejor enfoque a lo que podemos aportar al mundo (más que lo que podemos recibir del olimpismo) hubiera sido clave y decisivo. Siete años son muchos… y los miembros del COI piensan en el futuro, no el presente.

Equipo. Si el Príncipe ha estado a la altura… no creo que se pueda decir, honestamente, que lo hayan estado los demás. La calidad de oratoria y de discurso de Mariano Rajoy, por ejemplo, era mejorable, como mínimo. Estas presentaciones tienen un efecto coral. Y tener un buen final puede no ser suficiente, si no tienes un buen inicio. Ser simpático puede no bastar, y hacer lo que se puede y no lo que se debe, tampoco.

Balance. Madrid ha perdido, pero el Príncipe ha dado un paso muy sólido hacia el futuro. Por actitud, disponibilidad y solvencia. Madrid no sé si tendrá otra oportunidad… pero el Príncipe reclama la suya.

CITA. EL PAÍS. O8-09-2013.

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