“ESTO ES UN JUEGO POLÍTICO DE ALTO NIVEL QUE NO SABEMOS JUGAR”. Por Carlos E. Cué.

 

  “Esto es política, ya nos hemos presentado tres veces y lo sabemos. No tiene nada que ver con la calidad de tu candidatura. Y ya sabemos que la política española no está en su mejor momento”. El resumen de uno de los miembros de la delegación, desolado tras la derrota, se repetía en otros, incluso los de mayor nivel. “Esto es política”, era la frase más repetida, incluso el entorno de la familia real. “Este es un juego político de alto nivel, con intereses internacionales, con dinero, con equilibrios. No siempre limpio. Y está claro que a eso nosotros no sabemos jugar bien”, resumía uno de los políticos desplazados hasta Buenos Aires.

“Está claro que no tenemos fuerza política y económica para enfrentarnos a un coloso como Japón”, resumía otro político.En el entorno del presidente del Gobierno ya se había instalado un gran pesimismo en las últimas semanas, sobre todo por la confirmación de que Madrid no tenía el apoyo de los teóricos socios europeos porque varios de ellos aspiran a presentar su candidatura en 2024, y unos Juegos en España eliminaban esa posibilidad. Pero nunca se pensó en caer en primera ronda.

La derrota es un varapalo no solo para Madrid y la propia candidatura sino también para la política española, para el Gobierno e incluso para el Príncipe Felipe, que se había volcado en su primera gran operación política de altura, la batalla por los Juegos. Así lo admitían en los pasillos miembros de la delegación del más alto nivel entre caras de desolación y lágrimas de los deportistas y voluntarios más jóvenes. Fue Don Felipe quien asumió la dura tarea de dar la cara después de la derrota y compareció visiblemente decepcionado en la misma sala en la que poco antes había hablado Rajoy para asumir el golpe.

 

Al presidente le preguntaron si habrá un cuarto intento de Madrid. “No está decidido ni me corresponde a mí decidirlo”, esquivó. Rajoy aseguró que esta derrota no tendrá consecuencias políticas para la alcaldesa de Madrid, por ejemplo, “como no lo tuvieron las derrotadas de 2005 y 2009”. Rajoy tampoco cree que este varapalo suponga un revés para el ánimo del país. “Los españoles han demostrado que tienen capacidad de superación y que se crecen frente a los retos difíciles”, contestó.

Don Felipe asumió que el resultado supone una “decepción” porque antes se había generado una “grandísima ilusión que no ha podido llegar a buen puerto”. Don Felipe trató de ver el lado positivo en medio de la desolación. “Un proyecto de esta envergadura ha unido a los españoles y esa es una gran herencia una lección que procuraremos mantener bien fuerte”.

En un contexto de profunda crisis de la política española, de pésima valoración del presidente del Gobierno y de caída en las encuestas de la monarquía, la alta política española se había tomado este tercer intento de Madrid como un posible salvavidas para darle la vuelta al ambiente político, social y económico en España. Fuentes del equipo económico de Rajoy señalaban que unos Juegos no suponen un gran ingreso real, un gran movimiento de capitales, entre otras cosas porque el 80% del trabajo ya estaba hecho. Sin embargo, sí creían que podrían cambiar el ambiente social y político. Y eso sí tiene consecuencias sobre la economía. “Estábamos necesitados de buenas noticias, llevamos demasiado tiempo sin tener ninguna”, insistían en el equipo de Rajoy.

El presidente y el Gobierno llevan semanas empeñados en dar la vuelta al ambiente pesimista que se respira por todas partes en España. El propio Ejecutivo admite que fue un error poner las cosas tan negras como hizo en abril, cuando anunció las perspectivas económicas. Ese intento de Rajoy se vio en su discurso en la candidatura, como es habitual en él todo en castellano —sigue inseguro en el inglés— y leído en papel de principio a fin. “España lidera el crecimiento de las exportaciones de la zona euro. Nuestra recuperación se produce con un histórico superávit por cuenta corriente. El año pasado tuvimos 58 millones de turistas y vamos a superarlo este año”, resumió.

 

Antes de conocer la derrota, el presidente había dejado claro ese interés político de una decisión así: “Los Juegos serían una muy buena noticia para los españoles, que han pasado momentos muy difíciles y que ahora ven la luz al final del túnel”. El fracaso y más en primera ronda es por tanto un varapalo notable que evita que Rajoy pueda tener una tregua en el ambiente político más tenso de la legislatura, con el caso Bárcenas en primer plano.

Pero casi más importante era esta cita para la Casa del Rey y para el Príncipe Felipe, que por primera vez sustituía a su padre en una cita tan relevante. Y a falta de Rajoy, que llegó a última hora a Buenos Aires porque tenía que estar en el G20, fue él quien hizo el trabajo de lobby para convencer a los delegados de que voten a Madrid. Don Felipe, mucho mejor valorado que su padre en las encuestas y con necesidad de huir del deterioro de imagen que supone el caso Urdangarin para la monarquía, demostró su capacidad política con los delegados y exhibió su dominio de los idiomas y de la escena en la presentación. Pero nada fue suficiente. La derrota pesa sobre todos, también sobre la política española.

CITA. EL PAÍS. O8-09-2013

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