¿SIRVIÓ DE ALGO LA CUMBRE EUROPEA?.

 

De la cumbre europea de hace 10 días se salió con una cierta convicción de avances hacia más Europa, un etéreo programa sobre el crecimiento de la zona y un acuerdo sobre la recapitalización de la banca española sin necesidad de que esta cargase más los desequilibrios de las cuentas públicas. Se entendió que el impulso se debía a un cambio en la correlación de fuerzas, con la presencia de un nuevo presidente francés (y la ausencia del anterior) y una alianza genérica entre Monti y Rajoy. Nada de ello está claro a la luz de lo sucedido desde entonces.

Se estimaba que el primer efecto de la cumbre se iba a desvelar en la inmediata reunión del Banco Central Europeo (BCE) en forma de una bajada contundente del precio del dinero y medidas “no convencionales” como la disposición a comprar deuda de los países con la prima de riesgo disparada, y nuevas subastas de liquidez para la banca. Los tipos de interés se redujeron en un cuarto de punto, aunque siguen muy por encima de los de EE UU, Reino Unido o Japón, pero no hubo nada de lo demás. Lo que se concretó inmediatamente en nuevos ataques a la deuda de España e Italia, en unos niveles insoportables para poder seguir financiándose.

El Ministro español Luis de Guindos y el Presidente del Eurogrupo, J.C. Junker.

La segunda etapa era la reunión de hoy de los ministros de Economía de la eurozona, en la que se aprobarían las condiciones del rescate a la banca española, pues un mes justo después de que el Eurogrupo pusiese a disposición de nuestro país una póliza de crédito de hasta 100.000 millones de euros, nada se ha firmado: ni la cantidad, ni el tipo de interés o el plazo, ni la condicionalidad del préstamo. Ahora se cree que el Consejo Europeo aceptó el rescate bancario a cambio de retrasarlo: será efectivo cuando el BCE asuma su papel de supervisor bancario de la eurozona y ello no será posible hasta bien avanzado 2013 o incluso en 2014. Además, Alemania insiste en que el Estado seguirá siendo el garante de las ayudas bancarias, y otros países como Finlandia u Holanda se oponen públicamente al reparto de la carga de la deuda, ya sea de los países o de los bancos.

Del ambiente existente en Alemania sobre este asunto es representativo el manifiesto que 160 economistas germanos han hecho público, en el que afirman que con la recapitalización financiera no se va a salvar al euro sino a los bancos y que no es aceptable que los contribuyentes, los jubilados y los ahorradores de los hasta ahora países más sólidos de Europa respondan de las deudas y de las enormes pérdidas ocasionadas por las burbujas inflacionarias de los países del Sur. El manifiesto finaliza sin medias tintas: “De los resultados del último Consejo Europeo van a aprovecharse sobre todo los inversores de las plazas anglosajonas, Wall Street, la City y los bancos que están más podridos. Repetimos: ¡no a la socialización de las pérdidas!”. Esta carta a la opinión pública no ayudará a la resolución de los problemas generados por la sensación de que en la reunión de jefes de Gobierno, Merkel cedió demasiado ante Hollande, Monti y Rajoy.

Todo ello se desarrolla en un contexto de empeoramiento económico. Christine Lagarde ha avanzado que el FMI prepara una inmediata rebaja de la previsión de crecimiento de la economía mundial, y que el estancamiento europeo está contagiando a EE UU y a los países emergentes. En España, Rajoy se enfrenta a otra semana de pasión en los mercados, con un calendario político ajustadísimo: el lunes, Eurogrupo; el martes, reunión del Ecofin (en la que se discutirá el plan de estabilidad presupuestaria enviado por el Gobierno a Bruselas y de cuyo convencimiento dependerá que se amplíe un año —de 2013 a 2014— la meta de un déficit público del 3%); el miércoles, debate en el Congreso de los Diputados; el jueves, Consejo de Política Fiscal y Financiera en el que se comunicará a las autonomías los nuevos ajustes que se les exige. Y el viernes, un Consejo de Ministros del que se espera el techo de gasto para 2013 y el nuevo paquete de recortes sociales a los ciudadanos. Poco envidiable.

[CITA. EL PAÍS. OPINIÓN. Por Joaquín Estefanía. 09.07.12]

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