100 SECRETOS DEL VATICANO VEN LA LUZ.

 

Las condenas a Galileo, a Lutero, a los templarios; la ruptura con la casa Tudor, la postura de la Iglesia ante el nazismo… Cuando se cumplen 400 años de su creación, el Archivo Secreto del Vaticano saca a la luz un centenar de valiosísimos tesoros de sus oscuros corredores en una impresionante muestra en el Museo Capitolino de Roma.

Inglaterra. Año 1530. Un jinete cabalga a gran velocidad, toda la noche sin descanso, para llegar cuanto antes a Roma. Ya ha cruzado el canal de la Mancha, pero le quedan aún más de mil kilómetros hasta el Vaticano. El viento hace volar su pesada capa y no parece molestarle la lluvia que cae sobre él. Este espía del Vaticano tiene una única misión: asegurar que los valiosos documentos que lleva ocultos debajo de sus ropajes en una bolsa de cuero lleguen cuanto antes a manos del papa Clemente VII. Entre los documentos hay uno muy especial. A primera vista, una simple carta de amor, eso si la pluma no perteneciese al cruel Enrique VIII, rey de Inglaterra. Perdidamente enamorado de la joven Ana Bolena, el monarca escribe acerca de su intención inalterable de casarse con ella y promete rezar una vez al día para lograr su objetivo. Como un adolescente romántico firma la carta con la frase «H pretende a A.B. Ningún otro rey», con un corazón dibujado que enmarca las iniciales de la adorada. El papa Clemente VII acabará denegando la petición de Enrique VIII para divorciarse de su primera esposa, Catalina de Aragón, y el rey rompiendo con el Vaticano para crear una iglesia nacional, la Iglesiaanglicana. Después, lo ya sabido: el rey Tudor se casó con Ana Bolena, a la que mandó decapitar tres años después por no ser capaz de darle un heredero. Pero su carta ya estaba en el Vaticano. Al igual que las evidencias para juzgar a un criminal, su carta formaría parte de las pruebas reunidas contra el monarca que había decidido cambiar violentamente la historia de todo un continente. Esa carta, hasta ayer solo alcance de los papas –ni siquiera de los cardenales–, está ya hoy, por primera vez, a la vista de todos en el Museo Capitolino de Roma, donde el Archivo Secreto Vaticano saca por fin a la luz los primeros cien valiosísimos documentos guardados durante cuatro siglos.

VATICANO: ARCHIVO SECRETO.

Y es que fue hace ya 400 años, en 1612, cuando Pablo V tomó la iniciativa de fundar el Archivo Secreto Vaticano y ordenar crear la colección que tuvo sus comienzos en el Renacimiento y que hoy cuenta con casi dos millones de libros y ochenta mil manuscritos en 85 kilómetros lineales de estanterías. Se desconoce el contenido exacto de los fondos, tanto por el volumen que habría que examinar como porque hay textos antiguos escritos en idiomas que no se han podido descifrar.

Jinetes como el que llevó la carta de Enrique VIII hubo muchos a lo largo de la historia. Peinaban los bosques y tierras lejanas en nombre de Dios en búsqueda de manuscritos, códices, mapas o diarios de expediciones, extrayéndolos de iglesias y monasterios o de las colecciones particulares de los nobles. Aquellos tomos que no podían comprarse fueron copiados.

Algunas adquisiciones fueron tan polémicas como la de los primeros seis tomos de la obra histórica Anales, que Tácito escribió entre los años 115 y 117. Pese a que era conocido su robo del monasterio de Corvey, el papa León X los adquirió a principios del siglo XVI. Hizo copias impresas e ¿irónicamente? envió un juego a la abadía de Corvey…

La elaboración de algunos de los tomos que se conservan en el archivo, con muchas páginas, era toda una inversión. El pergamino se hacía utilizando piel de oveja o de cabra, y para producir una biblia de lujo como la de Federico da Montefeltro, de 1477, una página podría equivaler a un animal. Los monjes tardaron años en escribir e ilustrar el impresionante códice, haciendo trabajar a su vez en ella a los más importantes maestros de la miniatura. Muchos dibujos fueron realizados con oro y tintas rojas

–hechas con sulfuro de mercurio–, blanco de huevo y goma arábica y, menos frecuentemente, con tinta azul.

Los manuscritos y códices –la gran mayoría de ellos, joyas bibliográficas– fueron almacenados en oscuros, siniestros y húmedos pasillos que no ayudaron a su conservación. Se buscó un entorno que impusiera respeto a los monjes encargados de custodiar el tesoro, un lugar idóneo para encontrar las más oscuras historias de la humanidad, incluyendo monedas de Palestina de hace 2000 años, el tipo de moneda con el que se pagó a Judas por su traición a Cristo.

Pero no todo es antiguo. El siglo XX –generoso en intrigas y complots– también ha aportado una gran colección de documentos secretos de contenidos relacionados con la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, fuertemente custodiada. Estos corresponden al papado de Pío XII, al que tocó capear una época tormentosa y al cual se acusaba de no haberse declarado abiertamente contra la deportación de judíos a los campos de concentración nazi, pese a que el Vaticano insiste en que el Santo Padre ordenó a las instituciones católicas acoger clandestinamente a los perseguidos por Hitler. Las rutas clandestinas diseñadas por el servicio secreto de la Santa Sede a lo largo de su historia se invirtieron durante esos años y las `tres fuerzas negras´, –fascismo, nazismo y comunismo– junto con los británicos y estadounidenses, convirtieron el Vaticano en un nido de espías. En un gesto histórico, el Vaticano ha incluido siete documentos de la tal llamada `época cerrada´, con referencia a los trágicos bombardeos del barrio de San Lorenzo de Roma o la matanza de las Fosas Ardeatinas, aunque cuidadosamente seleccionados para reforzar la imagen positiva de la institución. Pero son solo siete documentos de los dos millones que corresponden al periodo 1939-1958. Responsables de los Archivos Vaticanos aseguran que estos archivos serán descodificados en un plazo de dos años, dependiendo de la decisión última del papa Benedicto XVI, a quien, para más inri y a tono con tantas intrigas, querrían asesinar antes de noviembre de este año, según lo ha publicado recientemente el diario italiano

Il Fatto Quotidiano. «Hay una conspiración para matar al papa». ¿Verdad o mentira? Quién sabe. De ser cierto, no sería el primero: León V, Juan X, Benedicto VI, Juan XIV, Lucio II y Celestino V son algunos de los pontífices asesinados a lo largo de la historia. ¿Pasarán otros 400 años antes de que podamos ver los documentos que hace semanas revelaron el complot contra Benedicto XVI? Para misterios, nada mejor que el Vaticano…

Suzana Mihalic

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