SOBRE LO ACONTECIDO ÚLTIMAMENTE EN LIBIA.

 

Llevo bastante tiempo deseando escribir sobre lo que está ocurriendo últimamente en Libia. Ya no soy Senador y lo que voy a decir se debe entender como un planteamiento estrictamente mío, personal.

Cuando muchas de las potencias decidieron intervenir en Libia hace unos meses, lo hicieron apelando a un principio básico con el que era difícil estar en desacuerdo. Estados Unidos de Norteamérica y parte de la Unión Europea decidieron intervenir militarmente en Libia, porque el Gadafi estaba brutalmente persiguiendo a su pueblo. Y este fue el argumento que se utilizó y defendió reiteradamente para justificar la intervención militar. Dichos países decidieron acabar con el régimen de el Gadafi, el tirano, al que muchas empresas periodísticas denominaban el sátrapa, intentando con ello subrayar la necesidad, y por tanto la legitimidad, de su intervención. Hoy, los tribunales de justicia de la Haya también han decidido intervenir contra el dictador y parte de su familia.

Todo esto me parecería muy bien si no existieran un buen número de lagunas y de contradicciones en los planteamientos y en las razones de los intervinientes en el caso de Libia. ¿Por qué se está echando toda la carne en el asador persiguiendo al régimen libio?. ¿Se interviene siempre así?… Pondré unos ejemplos: Chile 1973, Golpe de Estado de Pinochet. ¿Qué responsabilidades se han pedido y tramitado contra los ex Presidentes de Estados Unidos y altos cargos de su política exterior, responsables del Golpe de Estado de Pinochet y de la muerte de Salvador Allende, y de miles de chilenos?. ¿Y de la Guerra de Irak, cuyas razones de ser fueron descaradamente inventadas… y de los miles y miles de muertos producidos hasta ahora?. ¿Qué potencias están manteniendo a tantas dictaduras en África, con millones y millones de muertos?. ¿Hacemos referencia a las guerras y confrontaciones ocultas en muchas de las repúblicas de la antigua Unión Soviética?… Por cierto, ¿cuántas guerras civiles hay en el Mundo cuyos pueblos respectivos están siendo vilmente asesinados?. ¿No toca hablar de estos pueblos oprimidos?. ¿Por qué?.

Jaima de Muammar el Gadafi.

¿Por qué unos sí y otros no?. No lo entiendo, no me gusta, no lo acepto… ¿Qué pasa, que la defensa de los pueblos depende de los intereses de los defensores?. ¿Y por qué los Estados que tienen toda la información consideran amigos a los sátrapas, hasta que dejan de serlo por razones y coyunturas poco explicables?… ¿O acaso nos hemos olvidado de las jaimas de el Gadafí montadas en España, en zonas emblemáticas de distintas capitales del Reino?.

Se dijo que se intervenía para proteger al pueblo libio, luego se matizó y se dijo que se defendía y se actuaba junto a los rebeldes contra el Gadafi… Pero lo que no se dijo es que progresivamente los rebeldes y la OTAN comenzaban una actuación indiscriminada. La denunció la Iglesia Católica de Libia y aquello quedó como meros errores no deseados. Luego fue Amnistía Internacional quien denunció las represalias indiscriminadas de los “rebeldes amigos” contra los “malos gadafistas”. Y aquellos informes quedaron allí, entre el silencio y la perplejidad. Y la OTAN seguía bombardeando. ¿Hasta cuando?…. Porque se dio a entender que nada más comenzar las acciones militares de los aliados, Muamar el Gadafi y su régimen se desharía con la prontitud de un azucarillo en un vaso de agua… Y no ha sido así… ¿De qué cifras hablamos?. ¿Cuántos son unos y otros, en hombres y en armas?. ¿Por qué han calculado tan mal los estrategas de la OTAN?. ¿O es que lo que se dijo fue una verdad a medias, una verdad sesgada?. ¿Por qué la prensa occidental no se hace estas preguntas?. ¿Por qué no plantea un análisis real, técnico y estratégico de cuanto sucede?. ¿Por qué no habla más la prensa de los muertos, de unos y de otros?… Y de momento una última pregunta: ¿Por qué tanta resistencia de los gadafistas, por qué están dispuestos a sacrificarse antes que rendirse?. ¿Por qué luchan y por qué mueren?.

A todas estas preguntas les doy muchas vueltas. Y lo diré con franqueza, prefiero no leer la mayoría de las cosas que llegan a mis manos. Desgraciadamente he aprendido una lección, y es a desconfiar de tantas y tantas fuentes. Algún día sí sabré sobre el campo de las verdaderas intenciones.

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