NUESTROS HIJOS SÍ QUE TIENEN FUTURO.

 

Era un sábado por la mañana del pasado mes de junio. Hacía una mañana muy agradable y yo había decidido irme a cortar el pelo. Había vencido todas las inercias imaginables y me encaminé a la peluquería. En el trayecto iba pensando en mis cosas, teniendo en cuenta que por esas fechas mis cosas sólo podían ser las relacionadas con el desastre electoral del 22 de mayo. Soy cabezón y muy persistente en lo que llevo entre manos. No acababa de entender el porqué de los resultados electorales. La conclusión más sencilla y elemental residía en achacar lo sucedido a la crisis económica. Y sin lugar a dudas, la crisis económica y la gestión de la misma por el Gobierno de la Nación habían tenido que ver bastante. Pero, ¿se quedaba allí la cosa, era suficiente esa macrocausa que inexorablemente pasaba por la figura del Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero?… Le daba vueltas y no me quedaba claro. Alguna causa más debía explicar la debacle electoral, así como algunos impensables regalos que se le habían hecho al Partido Popular. Hoy todo eso lo tengo más claro y, conmigo, lo tienen más claro también otros muchos.

Iba a cortarme el pelo, hecho éste que como ya he dicho me cuesta mucho afrontarlo. A veces me da la impresión de que sea toda una cruzada conmigo mismo, porque no entiendo lo que me cuesta terminar por ir a la peluquería. Sí quiero decir en este momento que en absoluto mi resistencia signifique ningún tipo de rechazo al peluquero. Nada más lejos de la realidad. Llevo yendo a su peluquería muchos años y me trata profesionalmente con eficacia y personalmente de forma muy amable. No, simplemente me cuesta ir, siempre me ha costado ir. Como me cuesta ir a comprar ropa o ir a sacar dinero al cajero… Iba a cortarme el pelo y en éstas me tropecé con un chico joven, de unos treinta y algo años, muy conocido mío, del mundo de la empresa cultural, al que hacía ya algún tiempo que no veía.

SÍ que existe futuro. Lo haremos todo mejor.

Me tropecé con mi joven amigo y me paré a hablar con él. Y aún no se quiso dar cuenta él, cuando yo ya le había preguntado por la puesta en marcha de los módulos del Punto Joven, sito en la Calle Calatayud, en pleno Polígono 41 de Huesca. Entré de lleno en el tema, y pronto me di cuenta de su sorpresa. No parecía lógico que casi un año después de haber dejado yo el Ayuntamiento entrara tan de lleno en una cuestión local, cultural, y más en concreto del Punto Joven. No mencionaré el contenido de la charla, una charla improvisada y yo diría que impuesta por mí hasta con vehemencia. Conforme iba hablando me daba cuenta de que el resultado electoral me había afectado más de lo que yo podía pensar. De alguna manera hasta me mostraba irritado, sutilmente, pero irritado…

Los dos caminábamos en la misma dirección y era tan contundente la conversación, que ambos nos detuvimos, como si necesitáramos estar cara a cara, para dar mayor convicción a cada cuestión que aportábamos. Y mi amigo, especialista en la empresa cultural como he dicho, pasó a mostrarse paulatinamente más firme en sus apreciaciones, y llegado un momento me preguntó: “Pero, ¿usted cree que nuestros hijos van a tener futuro?”. Tengo una niña de pocos años y yo estoy convencido de que tendrá un futuro muy incierto”. Mi respuesta no pudo ser más inmediata, contundente y convencida: “Sí, van a tener futuro, y lo van a tener mejor que el nuestro”. Los dos estábamos muy metidos en la conversación, entregados a una cuestión de fondo, que tanto y tanto preocupa a tanta y tanta gente. Y no quise limitarme a expresar una mera voluntad política. Le comenté que eran tan graves y evidentes los errores que se han estado y se están cometiendo a nivel general en estos momentos, que los jóvenes de ahora, hombres y mujeres adultos en un futuro muy breve, no los volverán a cometer, porque habrán aprendido en su propia carne lo que no se debe hacer y lo que no tiene sentido de ser. Con todo lo que está sucediendo estamos completamente vacunados, de tal manera que nadie nos engañará para repetir idénticos o parecidos errores… Entre todos vamos a conducir las cosas para que así sea. Estamos aprendiendo de nuestros propios errores, por acción o por omisión. Viviremos (vivirán…) mejor porque viviremos de una forma mucho más razonable, basada en lo fundamental, no en lo accesorio, previniendo el futuro y rigiendo nuestra forma de vida en unos valores comúnmente aceptados por todos.

Yo tenía ganas de hablar, y al cabo de un buen rato me percaté de que mi joven amigo comenzaba a tener prisa. Y es que él tenía cosas que hacer. Yo también, pero de otro tipo. Nos despedimos y quedamos que volveríamos a hablar sobre todo esto. A mí me encantaría.

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