LAS GRANDES DECISIONES QUE HAY QUE TOMAR.

 

Franco murió en el año 1975, y a finales del año 1978 teníamos ya la nueva Constitución que habría de regir la democracia española de entonces hasta ahora. Pues bien, desde entonces hasta ahora hemos afrontado, entre otros, los siguientes grandes objetivos, conseguidos con evidente eficacia. Simplificando, dichos objetivos han sido los siguientes:

Construyendo el futuro democrático.

Primero.- Transformar España de un régimen dictatorial en una democracia. Esto se dice pronto pero es y ha sido un proceso muy, muy complejo y costoso. En este sentido hay que recordar que en un comienzo los españoles tuvimos que afrontar un gran dilema: o la ruptura, o la reforma. El primero hubiera sido mucho más contundente, pero tenía muchos enemigos y muchos riesgos que correr. Se optó por la reforma, es decir, por el camino más seguro, y más eficaz, pero que a la larga se vería como habían quedado cuestiones sin afrontar, o resueltas en parte, dejando en evidencia importantes agravios históricos.

Segundo.- Afrontar la modernización económico-social de la España de finales de los años setenta y de la década de los ochenta. Esa modernización pasaría sin lugar a dudas y de forma ineludible por nuestra entrada en la Comunidad Económica Europea. Y se diga lo que se diga (yo tengo la absoluta convicción política y moral de que fue así) también por nuestra pertenencia a la OTAN. La mencionada modernización económica y social traería muchos momentos de dificultad, muchos enfrentamientos de la Izquierda con los Gobiernos de Felipe González, y también bastantes tensiones internas en el Partido Socialista Obrero Español, sobre todo en su relación con la Unión General de Trabajadores. La verdad es que el Partido Socialista Obrero Español sudó la camiseta a tope y dejó bastantes pelos en la gatera, pero no es menos cierto que el Partido Socialista Obrero Español, junto a la mayoría de la sociedad española, consiguió la modernización de España, a través de importantes políticas reformistas, que entonces fueron tildadas de ruinosas por algunos, pero que pasado el tiempo se revelaron como la clave del éxito de la España moderna actual.

Tercero.- La cuestión más seria y dificultosa en la España de los años setenta y ochenta del siglo pasado residía en la diversidad y pluralidad territorial, y como era muy sabido desde los tiempos de la Segunda República Española de 1931-1936 y de la Guerra Civil Española 1936-1939, se trataba de la gran cuestión a resolver políticamente. Si en la Constitución Española de 1978 no quedaba claro por dónde y cómo tenía que quedar definido el futuro Estado democrático, NO HABRÍA DEMOCRACIA. Y por tanto, para que la Democracia fuera posible la mayoría de los Partidos Políticos que llevaron adelante el proceso de la Transición pactaron el título octavo de la Constitución, es decir, definieron EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS, un modelo de Estado nuevo, descentralizado y plural. El desarrollo de dicho Estado Autonómico tendría que conllevar necesariamente otras transformaciones y simplificaciones de la realidad institucional española, que no se han llevado a cabo. Hoy, en una situación de crisis financiera y económica de grandes dimensiones, realidades tales como las de la deuda y el déficit públicos de las administraciones ponen de manifiesto la necesidad de tomar decisiones a la hora de simplificar la gran diversidad institucional existente en un país como España. Ahora es cuando se ve realmente la necesidad de hacer unos planteamientos que aseguren el futuro, en la línea de un futuro sostenible. Los que gobiernan hoy deben tomar decisiones en esta línea. Hacer viable nuestro futuro está por encima de cualquier otra consideración. Nadie nos va a dar más. Europa nos ha ayudado mucho, pero a partir de ahora una de nuestras obligaciones reside en diferenciar con seriedad lo importante de lo accesorio. Entenderlo así supone hacer Política de verdad. Pensar sólo en clave electoral, de partido o de grupúsculo es caminar a pasos agigantados hacia el desastre.

España: Estado de las Autonomías.

En resumen, treinta años de la historia de España que entre todos hemos conseguido transformar en sus grandes dimensiones. Somos desde una perspectiva económica y social un país absolutamente nuevo y moderno. Desempeñamos un importante papel en la Unión Europea y en el resto del Mundo, a pesar de las constantes descalificaciones y argucias del ultramontano Mariano Rajoy. Hemos transformado en profundidad nuestro esquema territorial convirtiéndolo en un avanzado Estado de las Autonomías… Pero no hemos tomado paralelamente otras decisiones que, como he dicho anteriormente, van intrínsecamente unidas a la mencionada construcción autonómica. Dicho de otra manera: NO SE PUEDEN MANTENER A LA VEZ LOS DOS MODELOS TERRITORIALES: EL CENTRALIZADO Y EL DESCENTRALIZADO. Hay que tomar decisiones. Y estas decisiones pasan por tener muy claro que el nuevo modelo territorial del Estado está formado por: La Administración Central, las Autonomías y los Ayuntamientos, todos ellos regidos por las siguientes normativas: La normativa europea, puesto que formamos parte de la Unión Europea, las leyes orgánicas emanadas de la Constitución y que son competencia exclusiva del Estado Español, los Estatutos de Autonomía y sus respectivas legislaciones, y, por supuesto, la normativa general que afecta a los Ayuntamientos.

Desde el primer día en el que se inició todo el proceso mencionado se tenía claro, o se debía haber tenido claro, que conforme se fuera construyendo el nuevo modelo se deberían ir desmontando aquellas instituciones que habían dejado de tener razón de ser. De igual manera que el mencionado proceso de construcción del Estado Autonómico no debió ser el pretexto ni la ocasión para dar paso a nuevas instituciones de dudosa eficacia económica y social. En el proceso de definición y desarrollo del Estado Autonómico ya está todo concluido, y ahora lo que falta es que se tomen entre todos los partidos políticos las decisiones que procedan, de forma consensuada. Tenemos que acabar el proceso de las grandes reformas, suprimiendo o transformando aquellas que así se decidan en el consenso político.

Pragmatismo y optimismo.

Como he dicho, todas estas cuestiones están a debate y yo espero y deseo que dicho debate sea serio y llegue a buen puerto, teniendo un solo objetivo: El interés general de los españoles y españolas. Y no me quedaré solo en expresar voluntades políticas. Enumeraré también determinados casos concretos que entran de lleno en el planteamiento de este escrito y que en parte tienen una especial relevancia en ARAGÓN. Empezaré diciendo que el SENADO, al que durante tres legislaturas he pertenecido y pertenezco, deberá ser transformado en una verdadera Cámara legislativa de carácter territorial, y de no ser así, después de tantos años, habrá que decir que no existe la suficiente voluntad política para hacerlo y que dicha Institución habrá dejado de tener sentido.

Nuestra realidad institucional aragonesa tiene una especial complejidad y dificultad en la línea de lo que vengo diciendo. En Aragón, una Comunidad Autónoma con un millón trescientos mil habitantes, no sólo existen las Diputaciones Provinciales, sobre las que se está debatiendo de la conveniencia de su permanencia o supresión, sino que existen además treinta y dos instituciones, denominadas COMARCAS, recién creadas. Diputaciones Provinciales y Comarcas…

Sobre esta cuestión, mantengo el siguiente posicionamiento: Primero, dadas las características de Aragón, la Autonomía aragonesa debe asumir y responsabilizarse de la competencia de otros muchos aspectos de la realidad rural aragonesa, que ahora quedan absolutamente repartidos entre diversas instituciones. La institución nueva y políticamente fundamental es la Autonomía y con respecto a ella se debe articular la realidad aragonesa.

Segundo, en el origen de todo tipo de organización humana ha estado siempre lo local, los Ayuntamientos, cuya autonomía hay que acabar de concretar y de defender.

Tercero, en coherencia con lo expresado en el primer apartado, hay que revisar lo concerniente a la función de las Diputaciones Provinciales.

Cuarto, en coherencia con todo lo dicho en este escrito, habrá que replantearse la existencia de las Comarcas.

Estamos en un momento de grandes dificultades (crisis financiera y económica, creación de la zona euro, generación de empleo, redefinición socialdemócrata del Partido Socialista Obrero Español,…), que a su vez se convierten en grandes retos para la actual generación en la gestión de Gobierno de España así como para los jóvenes de este País. Un reto apasionante que se debe afrontar con gran decisión y sin ningún miedo. Hay que decir las cosas, que es lo que están esperando la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas. Los políticos que afronten todas estas cuestiones sin cicatería, sin cálculos en clave electoral de partido o de grupo social,… tendrán la simpatía de muchos conciudadanos. Lo que no se puede hacer bajo ningún concepto es adoptar la postura del avestruz. Tenemos obligaciones y compromisos que se deben cumplir. 

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: