COMIENDO CON UN MONEGRINO, NOVATO EN CIENCIAS POLÍTICAS.

Madrid. Café Central. Jazz.

Rubén Pomar es un monegrino que estudia Ciencias Políticas en Madrid. Está haciendo primer curso de carrera. Lo conocí hace un año y he tenido ocasión de tratarlo más a partir del movimiento de los indignados. Es un joven que sabe lo que quiere, sincero en su hablar y poco dado a las disciplinas de pensamiento. En resumen: monegrino, universitario e independiente. Trabaja a la vez que estudia. Bien. Con él había quedado este pasado lunes, en la Glorieta de Atocha, junto a Caixa Forum, para comer en el centro de Madrid.

Los dos llegamos muy puntuales, a las trece treinta, según hora convenida. Hacía calor y avanzamos hacia el centro histórico, callejeando entre la calle Atocha y la calle las Huertas, hacia Sol.  En ese deambular, no puede dejar de comentar las muchas obras que se estaban realizando, en procesos de restauración de propiedades particulares. Muchos establecimientos estaban cerrados, apreciándose el efecto de las plenas vacaciones en la Capital del Reino. No lo olvidemos, era 18 de julio. Nos aproximamos a la zona de la Plaza de Santa Ana. Estábamos en pleno Barrio de las Letras, y al llegar a la Plaza del Ángel, nos tropezamos con la fachada de un local muy emblemático, el Bar Central, uno de los locales más clásicos de Jazz de Madrid. El Central es, de otra forma, una especie del Café Gijón. Miramos el menú que nos ofrecía, pero la verdad que nos preocupó poco. Entramos y elegimos mesa, junto al ventanal que daba a la Plaza del Ángel. En el interior hacía una temperatura muy natural. Y coincidió que en el escenario para los músicos un técnico estaba afinando el piano. Perfecto. Una vez acomodados me di cuenta que llevaba el periódico EL PAÍS y  le pregunté si lo había leído. Me contestó que todavía no.

Ayer fue el día de El País. Bueno, venía siendo el tiempo de Murdoch y su imperio mediático, en especial de su “News of the World”, pero desde este lunes, 18 de julio, también es el tiempo de El País. Yo soy lector de ese diario desde el primer día de su edición-publicación  hasta hoy, sin interrupción por ningún concepto. Y diré que su EDITORIAL de este día 18 de julio, 75 ANIVERSARIO DEL GOLPE DE ESTADO CONTRA EL GOBIERNO LEGÍTIMO DE LA II REPÚBLICA, así como  el escrito de Juan Luís Cebrián  de la CUARTA PÁGINA, no me gustaron  nada  de nada, y van mucho más allá de un editorial democrático aceptable. No diré más en estas líneas. Deseo serenar mis impulsos y profundizar en mis ideas. De los autores del mencionado editorial y de sus acompañantes de viaje prefiero no opinar en estos momentos. Lo que sí diré es que ya vale de tanta intromisión de las empresas mediáticas en la vida económica, social y política. Por lo menos de esta manera. En Democracia no hay intermediarios ni alcuerces.

No, Rubén Pomar no había leído El País. Quienes si lo habían leído eran las diputadas Teresa Cunillera y Teresa Villagrasa, y el diputado Jesús Membrado, y un servidor, que viajábamos juntos en el tren a Madrid. La coversación del viaje fue casi monotemática, como te lo puedes imaginar querido lector de este blog. Los cuatro somos políticos veteranos, bregados en el trabajo y en la dificultad, y acostumbrados a las crisis, los envites y las tarascadas. Hice preguntas, porque  a mi me gusta sobre todo preguntar. Opinar sí, pero sobre todo preguntar para estar bien informado. Dicen los expertos que disponer de información conlleva el estar en condiciones de tener poder. Es verdad. Pero hay que subrayar que lo que hay que tener es buena información, obtenida de forma adecuada, ética y políticamente. Si no es así, la información es corrupción, es…. Murdoch.

La comida fue muy agradable. Me contó cosas de sus estudios, cuestión ésta que por razones obvias me interesan siempre. A Rubén le interesa y le preocupa cómo encajar sus estudios con la Política en general y con su trabajo cuando termine la carrera. Sabe que ha elegido unos estudios muy especiales y a la vez apasionantes. Pero intuyo que siendo él una persona muy pragmática, como lo es, tendrá la habilidad necesaria para saber conciliar, con antelación, la vocación, la realidad y el trabajo.

 Me contó de sus idas y venidas por la Universidad, y sobre todo hablamos mucho de su forma de entender la Política, la vida de Partido, el pluralismo de opiniones y la forma de conciliarlos en la actividad de una organización,… En una palabra, me confirmó Rubén una vez más como es imprescindible el recuperar la vitalidad y la diversidad de tendencias si queremos que los partidos políticos sigan vivos y sean aceptados por una sociedad actual muy cambiante y remisa a afiliarse a formaciones políticas rígidas, en su organización y en su ideología.

Terminamos de comer y decidimos ir paseando tranquilamente hacia Sol y de allí a la Plaza de España, en cuyas inmediaciones se encuentra el Senado. Cuando pasamos por Sol comprobamos una vez más como quedaban unos exiguos restos del poblado del 15 de Mayo, y en Gran Vía se anunciaba ya por muy pocos días el gran montaje teatral “Los Miserables”, de Victor Hugo. En la entrada del Senado por Bailén nos despedimos. Habían sido una comida, una sobremesa y un paseo excelentes. Rubén se fue hacia Principe Pío y yo entré en el Senado, por el edificio nuevo. Poco después llegaría el senador Marcelino Iglesias.

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