SÓLO CABE EL DIÁLOGO SI SE ACTÚA DENTRO DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO.

 

El pasado día 15, miércoles,  estuve todo el día muy pendiente de las noticias que llegaban de Barcelona. La noche anterior había registrado los acontecimientos inaceptables de Ruíz Gallardón y su familia en la puerta de su domicilio particular, y por la mañana, el mismo día, llegaban las imágenes de un intento de desahucio en Madrid y el abucheo y el remoje de Cayo Lara, Secretario General de Izquierda Unida. Los acontecimientos de Barcelona fueron evolucionando de tal manera que quedó claro que una cosa eran los indignados del 15M y otro los marginales violentos que protagonizaron los sucesos por todos vistos. Los marginales son los antisistema, y los conceptos y los contenidos de los antisistema habrá que estudiarlo con detención, porque va sensiblemente más allá de los meramente okupas de casas abandonadas, o no, que se suele tener de ellos. En ese sentido, fuimos la inmensa mayoría los que respiramos tranquilos al comprobar que los acontecimientos y los protagonistas del 15M eran gente pacífica, que lo que querían y quieren es resolver problemas y mejorar el sistema democrático.

Y ayer domingo, día 19 de junio, cuando tuve ocasión de escuchar fragmentos informativos, sobre todo de cómo transcurría la manifestación de los 15M en Madrid, me llevé la sorpresa, de nuevo, otra vez más, de que uno de sus portavoces, de los que aparecen haciendo declaraciones en televisión, insistía más que nunca, y si cabe con mayor energía de voz y convencimiento, de que los partidos políticos actuales y por ello los Parlamentos respectivos, Las Cortes Generales, Congreso y Senado, y las Cortes Autonómicas, no les representamos. Repito, se niega absolutamente a los partidos políticos españoles representados en los Parlamentos legitimidad de representación.

Pues bien, si el pasado día 15, me fui a dormir más tranquilo porque había visto cómo los manifestantes del 15M lo hacían pacíficamente y dentro de las reglas del sistema democrático, por lo menos los portavoces de ese movimiento en Madrid, por lo que yo escuché y tenía conocimiento de otras situaciones concretas ocurridas estos últimos días, lo hacían al margen del sistema democrático al no reconocer legitimidad democrática para representar a los españoles y españolas en los distintos niveles. Uno puede votar a quien quiera, puede votar en blanco, se puede abstener, pero no puede quitar legitimidad democrática a los que han sido votados por millones de españoles y españolas. Esta cuestión me preocupa, y mucho, y espero y deseo que no sea el sentir de la inmensa mayoría de los ciudadanos y ciudadanas del movimiento 15M.

Solamente se puede aceptar un diálogo, aceptar propuestas, avanzar en la línea de sumar, si todo el mundo reconoce los principios básicos en los que se basa su legitimidad para manifestar sus ideas, personal y colectivamente. De no ser así, las cosas se complican muy seriamente. Hoy, los principales representantes de los partidos políticos españoles parlamentarios han dejado meridianamente clara esta cuestión.

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