PEQUEÑAS MENTIRAS SIN IMPORTANCIA.

Por fin he visto la película “pequeñas mentiras sin importancia”, una película de Guillaume Canet. Se trata de una película muy francesa que está siendo vista por muchas personas. Pequeñas mentiras sin importancia se parece bastante también a otras películas que nos están llegando de Italia. Sorprende que hoy exista un cine francés e italiano de base muy popular, que lleva al cine a millones de personas y sin embargo en España, salvo alguna que otra “cutrez”, no se logra hacer ir al cine a ver  películas de cine español.

Una explicación sencilla, desde mi punto de  vista, está en que los cines francés e italiano están llevando a la pantalla temas que tienen que ver con la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas, normalmente de cosas corrientes, cosas con las que cualquier persona se puede identificar con facilidad. A ello hay que sumar que estas películas son interpretadas por actores y actrices normales y corrientes, que reflejan perfectamente a cualquier otro ciudadano convencional. Buenos actores y actrices con aspecto convencional a los que les pasan cosas normales. Por eso, creo yo, que va mucha gente a ver este tipo de cine.

"Pequeñas mentiras sin importancia", de Guillaume Canet.

Por el contrario, cuando se entra en debates de por qué a los españoles y a las españolas nos cuesta ir a ver nuestro cine, “el cine de diario”, no creo que se acabe de centrar el problema fundamental. Y es que a muchos directores de cine español, en lugar de estar preocupados por contar cosas bien contadas, están principalmente preocupados por cuestiones de estilo, cuando el verdadero estilo está en contar bien las cosas, que la gente se entere de las mismas y que, lógicamente, sobre todo en el boca a boca, se atraiga a los ciudadanos y se llenen las salas de cine.

En otro orden de cosas, es difícil encontrar películas españolas que traten cuestiones sencillas que afecten a la mayoría de la gente, y que no aspiren a ser tratados de sociología, psicología y demás. Es decir, la frecuente propensión a hacer un cine “intelectual”, pero sin parecerlo, porque hoy tampoco se lleva lo del “cine raro”, a lo Antonioni, por citar un ejemplo. Y si de personajes se refiere, normalmente hacemos auténticas galerías de personajes, que más de la España de comienzos del siglo XXI, se trata de esperpentos  y comedias bufas de tiempos pasados. Es realmente difícil encontrar un personaje normal, que no tenga siete u ocho afecciones graves de orden sociológico, psicológico o psiquiátrico.

En fin, sin que pequeñas mentiras sin importancia sea ninguna obra maestra, ni falta que le hace, en cambio funciona muy bien. Los personajes forman toda una galería de la pequeña burguesía francesa y son tan torpes y humanos, que de alguna manera consiguen que el espectador salga convencido de que parte de los que les pasa a ellos, o a alguno, nos pasa también a todos. El final, con más lloros y abrazos por persona, pareja, y colectivo que recuerde, es toda una pasada, pero bienvenida sea en tiempos en los que fundamentalmente lo que hace falta en las relaciones humanas es sinceridad.

Terminaré diciendo que lo que más me gusta de la película son los paisajes urbanos y rurales de la Francia de siempre. En lo que al cine se refiere, en esto, los envidio.

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