DE POLÍTICOS INGENUOS ESTÁN LOS RIBAZOS LLENOS.

Para empezar fíate primero de los de casa. Es casi un refrán, y en las casas, en las familias, los padres y las madres lo solemos repetir con frecuencia. Yo lo oí muchas veces cuando era pequeño. Similar, por ejemplo, a aquello de que los trapos sucios hay que lavarlos en casa. Ahora muchos lo primero que hacen es llamar al periodista de turno e ir a contar sus vergüenzas, eso sí, por dinero, a la televisión.

Mal, muy mal. Las cuestiones se deben debatir en el partido. Debatir y corregir lo que haya que corregir. Ahora se ha puesto de moda  que se tiene que hacer lo que te dicen que tienes que hacer. ¿Por qué?. Porque, te dicen, que tienes que hacer caso a lo que te aconsejan, porque te conviene, porque no debes ser prepotente, porque te va a ir bien, porque vas a mejorar, porque lo que reflejan las encuestas, lo que airean y pontifican los tertulianos, y lo que te sugieren los demás, te va a permitir conseguir tus objetivos. Por desgracia, hoy muchos políticos no dan un paso cada mañana si no han leído lo que dice la prensa, a la vez que otros (o los mismos) consultan religiosamente al vidente de turno.

Según lo anterior, quedaba por ejemplo claro que José Luis Rodríguez Zapatero debía renunciar a presentarse a las próximas elecciones, y que tomada esa decisión, todo mejoraría para los socialistas. Así lo vaticinaron y nos lo aconsejaron muchos en sus tertulias, columnas, o menesteres varios. Entre otros efectos balsámicos estaría el de evitar un efecto negativo en los resultados de las Elecciones locales y autonómicas del pasado 22 de mayo….

Al margen de lo que cada uno pudo pensar y decidir en su caso, lo que si ha quedado claro en este caso es que en Política, como en la vida, hay que hacer lo que hay que hacer en cada momento, según tu criterio y sentido común, y si no tienes ni miedo ni cosa que temer, hacer según tu buen entender. En estos menesteres de la cosa pública los consejos de muchos tiene como fin principal el intentar conseguir que te estozoles. En Política se puede ser de todo menos ingenuo. De políticos ingenuos están los ribazos llenos.

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