UN REPUBLICANO EN EL PSOE (II).

 

En junio del año 1981 me acepta en su seno la Asamblea Local del PSOE de la ciudad de Huesca. Habían transcurrido aproximadamente cuatro meses desde la intentona golpista de la Ultraderecha española, la de Milán del Bosch, Tejero, Sanmartín,… Ya era militante del Partido Socialista Obrero Español. Se me admitió en una Asamblea poco numerosa, en la que faltaron bastantes militantes. Citaré varios nombres entre los asistentes, teniendo siempre en cuenta que “hablo de memoria”, que no he preparado nada y que por tanto lo que trato es de resaltar algunos hechos significativos de mi presencia en el PSOE. Dichos nombres son los de Enrique Sánchez Carrasco, “Pepe” Sánchez Sacristán y Julián Lóriz. En esos momentos de máxima dificultad el Presidente de los socialistas oscenses era un veterano, auténtica columna vertebral de la Agrupación Local: Mi buen amigo Ángel Gállego.

Comenzaba así un corto proceso, de poco más de un año de duración, que iba a tener una gran significación para el Partido Socialista y, en lo personal, para mí. Estoy hablando de un período que va desde la intentona golpista (febrero de 1981) hasta las Elecciones Generales de octubre de 1982. En éste poco más de un año se pasó de las tinieblas del golpismo a gobernar España, con unas Cortes Generales de una inmensa mayoría socialista.

Cuando entré en el PSOE una de las grandes cuestiones que se estaba debatiendo era el ingreso o no de España en la O.T.A.N. ¡Menuda cuestión!. La postura oficial del Partido Socialista era en contra de dicho ingreso, ingreso que se produjo oficialmente el 30 mayo de 1982. El Partido Socialista hizo una decidida campaña a favor del NO. Menciono esto porque nada más ser admitido en el PSOE algunos compañeros me pidieron que me sumara ya a dicha campaña. Yo les comenté que me debían dar tiempo: primero para adaptarme personalmente a la nueva situación, y en segundo lugar, que consideraba imprescindible estudiar en profundidad las líneas ideológicas y programáticas del PSOE. Porque la verdad era que no conocía suficientemente los planteamientos del PSOE. En la noche del 23 de febrero de 1981 tomé la decisión de afiliarme al PSOE esencialmente como un gesto de compromiso con la Democracia. Lo que había que apuntalar era el Sistema, la Democracia. Cuando conocidos míos me preguntaban si sabía dónde me había metido (no se olvide que yo procedía de Convección Republicana), les contestaba que eso no era lo fundamental entonces, y que me daría por satisfecho si terminaba por estar de acuerdo con un sesenta o setenta por ciento de las cosas.

Durante los meses de finales del año 1981 y la primera mitad del año 1982 mi presencia en el Partido se caracterizó por un proceso de estudio de la historia del PSOE y de las líneas programáticas del mismo, así como por un constante atisbo y seguimiento de la situación económica, social y política general de España. Todo este año estuvo marcado por el juicio a los golpistas del 23 de febrero de 1981. Pero la inquietud era total. Había miedo. Bastantes fuimos los que, como he dicho, acudimos a defender y apuntalar la Democracia. Otros corrieron, y no en una sola ocasión. Los hubo quienes se mantuvieron varios años al margen de la política activa, a la espera de mejores tiempos. Si llegaban.

Y quiero hacer un punto y aparte para resaltar el papel clave que desempeñó el Presidente de Gobierno de España, don Leopoldo Calvo Sotelo. Gobernó desde marzo de 1981 hasta finales del año 1982. En este tiempo propició, entre otras cosas, la entrada de España en la OTAN. Pero yo quiero destacar aquí que la inmensa mayoría de los españoles le debemos agradecer que garantizara el proceso de los golpistas del 23 de febrero. El hecho de que hubiera un juicio y que hubiera sentencias a los golpistas era un signo evidente de que los español@s queríamos vivir en Democracia y en paz. Sólo por este hecho don Leopoldo Calvo Sotelo merece el gran reconocimiento de la historia de España. Más no pudo hacer porque llegaron las Elecciones Generales de octubre de 1982 con la práctica desaparición de la Unión de Centro Democrático. Cuando hablemos de partidos políticos, entre otras muchas cosas, por supuesto, no nos olvidemos de mencionar en el haber de los mismos acontecimientos como el descrito. Claro, si se está de acuerdo con la razón principal.

La “batalla dialéctica” sobre la cuestión de la OTAN fue muy intensa, pero lo sería mucho más la campaña a favor o en contra, o por la abstención, del año 1986, ya gobernando el PSOE, en el famoso referendum del “OTAN, de entrada no”. Pero de esta cuestión hablaré en otro post.

Terminado el proceso a los golpistas y confirmada la entrada de España en la OTAN, nos encontrábamos ya en el verano de 1982. La historia continuaba. Recordemos que estaba la Constitución de 1978 en pleno vigor legal y las distintas Comunidades Autónomas conformándose en un proceso rápido, si lo consideramos rápido desde una perspectiva histórica. Era el caso de la aragonesa… Pero lo que más preocupaba a los oscenses era la gran inestabilidad política que existía, aparte de los problemas económicos y sociales persistentes en ese momento.

Estando las cosas así, el Presidente Leopoldo Calvo Sotelo convocó Elecciones Generales. Los candidatos principales fueron: Landelino Lavilla Alsina (UCD), Felipe González (PSOE), Santiago Carrillo (PCE) y Manuel Fraga (AP)… Sin sospecharlo yo, terminaría por participar activamente en la Campaña Electoral, y por ser nominado en las listas del PSOE por la provincia de Huesca a las Cortes Generales. Llevaba en el PSOE poco más de un año.

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