PÉREZ RUBALCABA: UNA EJEMPLAR VOCACIÓN POLÍTICA.

 

Os comentaba en el anterior artículo que conozco a Alfredo Pérez Rubalcaba. Lo conozco en cuanto ciudadano, como militante socialista, y por supuesto desde esa atalaya principal que son las Instituciones en las que hemos coincidido en funciones diversas. Esencialmente en el Ministerio de Educación y en el Senado. 

Cuando hace unos cuantos meses se empezó a ver cómo los ciudadanos lo consideraban como el Ministro más valorado no me llevé sorpresa alguna. A partir de su función como Portavoz del Grupo Socialista del  Congreso de los Diputados y posteriormente  como Ministro de Interior se empezó a barruntar el papel que podría llegar a desempeñar Pérez Rubalcaba en el Socialismo Español. Y todo se precipitó cuando el Presidente Rodríguez Zapatero anunció que no se presentaría para una tercera  Legislatura.

Alfredo Pérez Rubalcaba ha estado muchos años en la vida política española tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, y siempre dio una imagen de contención y de bien hacer. Destacaba y se conocía por su trabajo, y por nada más. El otro día, en una comida, hablando de Rubalcaba me decían varias personas, con cierto desconcierto, que no se sabía nada de su vida privada. Y es verdad. Lo que ocurre es que Alfredo se ha quedado  siempre en ese límite, en esa frontera que separa lo institucional, el trabajo político en sí, y otras dimensiones  que podríamos denominar  privadas y discretas. Lo diré de una forma muy clara: Cuando Alfredo dejaba el Ministerio después de una larga jornada de trabajo y se iba a casa, se iba a casa, y no a ningún escaparate social. O si se iba a otros lados, no te enterabas, o mejor dicho, no se enteraban los medios de comunicación. Hasta en lo del fútbol (un madridista empedernido) es discreto.

Alfredo Pérez Rubalcaba.

Ahora todo el mundo sabe, después de mucho tiempo de ser una persona pública, que en sus años mozos y universitarios fue un sprinter. Rubalcaba practicó el atletismo y corrió los 100 metros lisos. Este dato puede parecer una mera circunstancia, pero por lo menos para mí es un dato  significativo de su intrahistoria y un rasgo importante de su  personalidad. Estamos oyendo hablar estos últimos días de que la carrera política de Rubalcaba es la de un político de los denominados corredores  de fondo. Los atletas corredores de fondo por excelencia son los corredores de maratón.  Y si nos centramos en la duración temporal de su actividad política pues efectivamente lo de corredor de fondo le cuadra muy bien a Rubalcaba. Pero si recordamos sus 100 metros lisos, en los  que logró hacer  una marca importante en aquel momento, comprenderemos su  agilidad mental y su capacidad de respuesta dialéctica. En resumen, Alfredo Pérez Rubalcaba es un político que concentra en su personalidad las dos características mencionadas: La del aguante, de la paciencia, la actitud del corredor de fondo, y el de la respuesta ágil, eficaz y, a veces, mortífera (dialécticamente hablando) del sprinter.

A lo largo de mi vida política he tenido el privilegio de escuchar grandes debates políticos, en los que la dialéctica era una pieza clave de los mismos. Recuerdo muchas intervenciones de Felipe González,  de Alfonso Guerra,  de Josep Borrel y, en esta cita de grandes espadas, a Alfredo Pérez Rubalcaba. Alfredo lo conocíamos muchos en el trabajo institucional, más técnico y personalizado. Lo conocíamos en las reuniones de trabajo,… pero no en los grandes foros dialécticos. Y fue con su trabajo de Portavoz de Gobiernos y sobre todo como Portavoz del Grupo Parlamentario Socialista cuando se terminó por apreciar su amplísimo bagaje de conocimiento sectorial y su capacidad de análisis y planteamiento políticos. Siempre se le ha reconocido su gran ductilidad y capacidad de diálogo, al tiempo que se apreciaba también sus formas y habilidades dialécticas. Lo cual no quiere decir que en determinados momentos sus intervenciones, medidas siempre, con un lenguaje preciso y contundente, no fueran temidas por aquellos que en sus discursos se creían que todo el monte era orégano y que podían decir lo que les diera la gana, sin límite. Por ejemplo, maneja la ironía como nadie.

Mi primer encuentro directo y personal con Pérez Rubalcaba fue siendo él primero (y en este orden) Secretario de Estado de Educación, y luego, Ministro de Educación, y yo Director Provincial de Educación  de Huesca. Especialmente lo traté como Secretario de Estado. De dicho tiempo, unos dos años aproximadamente,  guardo un gran recuerdo. Primero porque fue el tiempo de la anticipación de la LOGSE en determinados centros de enseñanza medias, una tarea en verdad compleja. Segundo, porque nos reuníamos cada veinte-veinticinco días para tratar las cuestiones que llevábamos entre manos. Y en ese gran número de reuniones, muchas con el Secretario de Estado Rubalcaba, lo conocí muy a fondo. Le interesaba y le preocupaba la Educación hasta el más pequeño detalle. Y sobre todo en los aspectos más humanos. Citaré un ejemplo: cuando se produjo en la ciudad de Huesca el primer caso de un alumno de educación infantil con SIDA, Alfredo Pérez Rubalcaba estuvo absolutamente pendiente sobre cómo se resolvía el tema y me llamó personalmente tres veces para que le informara de la evolución sobre una problemática muy nueva y que alarmaba a las comunidades educativas.  Recordaré que se resolvió de forma ejemplar.

Pasó el tiempo, yo terminaría  presentándome a las primeras elecciones primarias (sic) que convocó el Partido Socialista y de dichas Elecciones terminaría siendo Alcalde de Huesca en tres mandatos. En el año 2008 mi partido decidió  presentarme al Senado, y de nuevo en el Senado, en la Comisión de Interior de la que soy Secretario Primero, me volví a encontrar con Alfredo Pérez Rubalcaba, en esta  ocasión  Ministro de Interior. Un Ministro de Interior que está haciendo una labor magnífica: en materia de seguridad ciudadana (allí están los datos), de sensible reducción de accidentes en carretera, de avances en materia de motos,… y en todo lo que tiene que ver con ETA. Pero no es éste el momento de desarrollar estas cuestiones.

En la Comisión de Interior he vuelto a encontrarme con el mismo Rubalcaba que conocí en Educación: informado siempre, conciso, de temple firme, educado, de espaldas anchas, irónico cuando procede y amigable en la distancia corta. Los que no lo conocen salen gratamente sorprendidos del primer encuentro. A sus sesenta años demuestra que cuanta más experiencia política y de poder ha sumado, más positivo y seguro se muestra, más generoso es con los demás. Por todo esto, y mucho más, Alfredo Pérez Rubalcaba es mi candidato, sin dudarlo y sin aspavientos… Tenemos que hacer lo que tenemos que hacer. Pero de lo que hay que hacer ya he hablado en otros artículos. 

Y para terminar diré algo que me parece necesario y justo. Debemos empezar por reconocer su enorme currículum y su valía, y darle las gracias por aceptar el reto que la inmensa mayoría de los militantes consideramos imprescindible que asuma.

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