ISABELLE HUPPERT PROTAGONISTA DE LA PELÍCULA “VILLA AMALIA”.

 

Con más de 70 películas a sus espaldas e innumerables premios, Isabelle Huppert (París, 1953) no se cansa de experimentar. En lo que va de año, se ha subido al escenario del parisiense teatro Odeón en Un tranvía llamado deseo, bajo la dirección del polaco Krzysztof Warlikowski; ha prestado su voz a la señora Fox en la versión francesa de Fantástico Mister Fox, la película de animación de Wes Anderson, e incluso apareció en un capítulo de Ley y orden. “Me divierten estos cambios”, dice, con una gran sonrisa.

Aunque en el centro de su carrera está el cine y Huppert tiene a sus autores fetiches, como el director Benoît Jacquot, cuya Villa Amalia se estrenó el viernes en España. Es su quinto trabajo en común. “Es clave en mi vida, es un poco como un hermano”.

Pregunta. Benoît Jacquot dice que cuando leyó el libro, enseguida pensó en hacer una película, y en usted para interpretarla. ¿Era un papel para usted?

Respuesta. Sí, se parece un poco a lo que había hecho antes. Tiene ese lado obsesivo, cierta radicalidad… Y a la vez posee una dulzura algo inocente, una suerte de expectativa demasiado grande respecto al mundo hasta que ve a su marido besar a una joven.

P. Ha dicho que no le parece haber actuado en esta película…

R. Sí, forma parte de esos papeles encarnados con el grado cero de la interpretación. Me refiero a la manera en la que los personajes se pasean mirando las cosas, y así constituyes el papel. No digo que no se exprese nada, pero se hace de forma minimalista.

P. Sin embargo, ha trabajado duro para preparar el personaje…

R. Sí, como esos papeles son muy poco psicológicos necesitan ser definidos de forma bastante física. Es como si el cuerpo se expresara muy violentamente en ese momento. Nadé mucho durante dos meses y he vuelto a aprender a tocar el piano.

P. ¿Usted ha tenido alguna vez esa voluntad de desaparecer, de volver a empezar de cero, como lo hace su personaje?

R. La película, aunque es austera y tiene una cierta extrañeza, también es muy cercana, porque toca esa fantasía tan universal y colectiva. Y es una fantasía necesaria, que la gente mantiene para soportar la realidad. Quizás yo menos: al estar en contacto por mi profesión con la ficción sueño menos con ello que otros.

P. Al margen del cine, sigue encontrando tiempo para el teatro…

R. Hago mucho menos teatro que cine, gracias a Dios, porque es tan cansado… Bueno, esa no es la palabra. Lo que pasa es que la exigencia del teatro es muy diferente de la del cine. La exigencia de energía, de regularidad, es diaria. Al mismo tiempo, es maravilloso, pero no podría hacerlo cada noche. Imposible. También es un placer porque actuar en un escenario es otra cosa, otra manera de mostrarse. Aunque minimicemos este aspecto en el hecho de ser actriz, en realidad en nuestro trabajo está el ser vista. Hay un placer narcisista en el teatro.

P. Usted encarna el cine de autor. Con la moda del 3D, ¿qué lugar queda para el cine de autor?

R. Está en peligro. Quiero mencionar la desaparición reciente de Werner Schroeter, del que me sentía muy cercana. Rodamos juntos dos películas. Él representaba algo que sí puede que esté en vías de desaparición. No por parte de los creadores, sino que cada vez cuesta más hacer ese cine.

 

[CITA. EL PAÍS. Entrevista a Isabelle Huppert, por Ana teruel. 23.06.2010]

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