LA INTRAHISTORIA DE UNA DECISIÓN. DESDE EL CAFÉ GIJÓN. (III).

 

Martes 13 de abril. Al salir del hotel compruebo que está lloviendo bastante y pido un taxi. Tengo muy claro dónde deseo desayunar. Y así, cuando llega, le indico a la taxista: “Lléveme por favor al Café Gijón”. Pronto me di cuenta, por la vacilación de la señora, que no le había indicado correctamente a dónde quería ir. No todo el mundo tiene que saber dónde se encuentra un café por muy conocido que sea, como el Gijón. Me apresuré a indicarle que se encontraba entre las plazas de Colón y Cibeles, en sentido a Cibeles.

Cuando bajábamos por Recoletos había una gran cola de personas esperando que la Fundación Maphre abriese las puertas de  su sede para contemplar la gran exposición sobre el Impresionismo, que tenía lugar en Madrid. Mucha gente esperaba pacientemente a pesar de la lluvia.

Madrid. Café Gijón

Al entrar en el Café Gijón tuve que ceder el paso a una serie de personas, bastante mayores, que salían del mismo. Cuando ya habían acabado de hacerlo la mayoría, comencé a dirigirme al fondo, a la parte de ventanales. Entonces oí una voz que decía: “¿Qué tal Alcalde, cómo está?”. Me costó localizar quién era el que me hablaba, y por un momento pensé que era un periodista.

¿Por qué un periodista?. Pues porque yo iba pensando en las cosas que te puedes imaginar. Por unos instantes pensé que mis planes se habían ido abajo. ¿Cómo se habían enterado que iba a desayunar allí?. Mis dudas se despejaron de inmediato porque el señor que me hablaba, de forma muy afable, no era un periodista. Él mismo, probablemente ante mi expresión, se identificó. Lo había conocido en Huesca, en una visita que responsables del Poder Judicial habían hecho al Ayuntamiento. ¡Qué memoria la suya!. Hace un año largo estuvimos hablando aproximadamente una media hora… y se acordaba perfectamente. Era un miembro del Consejo General del Poder Judicial. En esta ocasión tan sólo fue un saludo. Él iba con el grupo que me había tropezado al entrar. Eran Magistrados del Supremo.

Al despedirnos comentó sonriente, con una expresión amable: “Están que no hay quien los toque”. Yo que llevaba varios periódicos en la mano, señalándolos con la mirada, le contesté: “Ya lo sigo, ya…”. Y nos despedimos.

Me senté. El encuentro con el Magistrado hizo que por unos minutos me acordara de las últimas polémicas con el Supremo. Pero fue el camarero quien me devolvió a la realidad con sus palabras. “Póngame un café con leche, bien caliente, con una tostada”. Y añadí: “¿De qué tiene tostadas?. Sin levantar la mirada de la libreta, contestó: “De pan”. Otra vez comprendí que había indicado incorrectamente lo que deseaba. “De pan sí, pero, ¿de qué pan y con qué?”. Estaba claro que yo me encontraba en otra órbita.

A lo largo de todo este tiempo hice varias llamadas a Huesca. Desde allí me fueron comentando la información aparecida en los medios de comunicación aragoneses sobre la decisión de dejar la Alcaldía de Huesca el próximo 3 de julio. En general, me hicieron saber que los medios informaban de la noticia en sí y de que solicitaban opiniones al respecto. Pero, que la gran mayoría no entraban a valorar en profundidad la trascendencia de mi decisión. No obstante, alguno, como es habitual, ya se había tirado a la piscina sin agua. Esto último no me preocupó lo más mínimo. Se fue desvaneciendo como un azucarillo en un vaso de agua.

Habría que esperar al jueves 15, día en el que tendría lugar una rueda de prensa en la ciudad de Huesca, y en la que explicaría personalmente las razones de mi decisión.

 Nadie me ocultó que la sorpresa estaba siendo muy importante. A esto se añadían dos informaciones más: El contenido de un comunicado que había hecho público el Partido Socialista de Aragón sobre mi decisión y que  fue muy gratificante para mí. Y dos, lo que ya me suponía: Distintos medios de comunicación me esperaban en el Senado. Con ellos hablaría sobre las trece horas y me acompañaría José María Becana.

Como explicaría posteriormente, en Huesca, en la rueda de prensa, una vez concluida mi presencia en el Café Gijón, y habiendo dejado de llover, me fui a pasear tranquilamente por el centro de Madrid, por el Madrid antiguo.

El paseo fue gratificante. Para comprender esta afirmación se debe tener en cuenta que cualquier Alcalde o Munícipe normalmente lo pasa muy bien cuando deambula por las plazas y calles de otra localidad. Estoy convencido que un Alcalde ve ya de por vida, con ojos de tal, cuantas ciudades tiene ocasión de visitar. Y es que los que han ejercido funciones semejantes propenden a tener criterios cercanos y, con frecuencia, solidarios entre sí. Siempre claro está que sean esencialmente sinceros consigo mismos.

Por la tarde de este martes 13 de abril, víspera del 79 aniversario de la II República Española, mantuve entrevistas y conversaciones con otros medios de comunicación, todas ellas fundadas en el principio de la cortesía, por haberse interesado directamente por las razones de mi decisión. Comenté brevemente las líneas generales de la situación y les rogué que comprendieran que tenía el máximo interés en que mis explicaciones se dieran en Huesca, directamente a todos los medios, por respeto a los ciudadan@s y al conjunto de los medios. Después de aquellos encuentros por cortesía me sentí más relajado.

En dicha tarde, el Pleno del Senado transcurría con sosiego. Me habían recomendado la película Pájaros de papel, de Emilio Aragón. Muy buena. Les recomiendo que la vayan a ver, que no se les ocurra contar el final porque eso sí sería una tremenda jugada para el que no la haya visto. Ni mú. Sobre ella hay mucho que comentar, es muy actual aunque por las apariencias pueda parecer una película más sobre la Guerra Civil Española. Como he dicho, hay mucho de que hablar. Especialmente de un magnífico juego actoral de categoría. Y de algo más, muy importante, de lo que ni quiero ni debo hablar.

Sobre las diez de la noche de este martes 13 de abril llovía de buena gana. Y miren por donde, tenía hambre. Me apetecía cenar, pero no cenar solo. Al llegar al hotel me tropecé en el Hall con el Senador por Teruel don Ángel Lacueva. Intercambiamos breves comentarios y decidimos salir a cenar a la zona de Callao-Santo Domingo. Cenamos a gusto y estuvimos tranquilamente hablando de temas de carácter municipal. Miren por donde, sobretodo de urbanismo, sobre las pequeñas casetas del entorno rural de las ciudades. Y es que el Senador Lacueva es el responsable de este área del Ayuntamiento de Alcañiz.

Al volver por Leganitos nos mojamos sin compasión. Esa noche ya no me preocupaba el móvil.

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