LA INTRAHISTORIA DE UNA DECISIÓN. UNA DECISIÓN POLÍTICA (I).

 

Un periodista me preguntaba hace unos días si no sentí la tentación de dar a conocer en mi blog la decisión de dejar la Alcaldía de Huesca el próximo 3 de julio. La contestación fue que sí lo pensé, pero no me pareció el medio adecuado para hacerlo saber. Una cuestión tan importante debía darse a conocer a través de los medios de comunicación. En mi caso, el blog constituye una herramienta más personal para transmitir las experiencias y aficiones propias, así como de lo cotidiano.

Y una vez que todo lo referente a dicha renuncia ha ocupado durante una semana la actualidad política de la ciudad de Huesca, y más allá de la capital del Altoaragón, creo que ha llegado el momento de que pueda echar mano de este blog para contar algunas cosas de cómo viví esta semana pasada. Voy a describir la intrahistoria, que como se verá es muy sencilla, mucho más de lo que algunos hallan podido pensar.

Desde comienzos de este año 2010, y tras haber mantenido distintas reuniones a lo largo de los años 2008 y 2009 con tres compañeros de máxima responsabilidad política de mi partido, decidí dar a conocer mi deseo de dejar la Alcaldía de Huesca, ya comunicada con la máxima discreción a dichos compañeros desde el primer momento de este mandato. Tenía, pues, decidido hacerlo en los días siguientes a la recién pasada Semana Santa. Pensé mucho en cómo hacerlo. Lo que más me preocupaba era que no me arrastrara mediáticamente el primer efecto al conocerse la noticia. Era muy consciente de la trascendencia de un hecho así; no dimite a todas las horas el Alcalde de la segunda ciudad de Aragón. Debía por tanto buscar el tiempo y la circunstancia adecuadas para hacerlo.

Y la coyuntura adecuada me la proporcionó el Senado. Mirad por donde pocas veces he ido tan contento a Madrid sabiendo que la (relativa) lejanía facilitaría mis intenciones. En la semana del doce de abril tenía convocadas dos Comisiones (Interior y Entidades Locales), el Pleno y varias reuniones más. Ello me obligaba a irme a Madrid  desde Zaragoza al mediodía, el pasado lunes día doce de abril. Para ello reservé billete en el AVE de las 13:50 horas.

Pero como es lo habitual, en la mañana del lunes tenía dos compromisos de muy diferente calado: Por un lado, la firma de la escritura de compra-venta de unos inmuebles y solares para la reubicación de familias, con el objeto de erradicar el chabolismo en una parte de la ciudad. Y por otro, la asistencia a la vecina localidad de Almudévar en la que se inauguraba un Instituto 12-16 años. En un post que publicábamos antes de ayer se recogía el acto de recepción de autoridades, más en concreto el momento en que el Presidente del Gobierno de Aragón, don Marcelino Iglesias Ricou, llegaba a la localidad y me saludaba afablemente. Mi intención era, además de asistir a la inauguración del mencionado Instituto, el comunicarle al Presidente mi decisión de dejar la Alcaldía de Huesca tras once años de gestión.

Pronto me di cuenta de que no iba a poder disponer de unos minutos a solas con el Presidente porque eran muchísimas las personas asistentes al acto de inauguración. Daba igual. No se lo podía decir en persona, que era lo que yo quería, y se lo diría por teléfono. Así que, aproximadamente a las quince horas y desde el AVE, le comunicaba al Presidente mi decisión. Una hora más tarde estaba ya en Madrid, en el Senado.

En la Comisión de Interior se celebró la comparecencia del Director General de la Guardia Civil y Policía Nacional y versó sobre cuestiones diversas de organización y de personal. En la Comisión de Entidades Locales el Vicepresidente Tercero del Gobierno Central desarrolló con gran detalle todo lo referente a los Fondos Estatales de Inversión Local de los años 2009 y 2010.

Como se comprenderá, durante esas horas el único centro de atención fueron para este Senador ambas comparecencias. Alguien habrá pensado ya en mi móvil. Pues mi móvil permaneció apagado durante todo ese tiempo. Y allá a las 19:30 horas, o un poco más, lo encendí, y no tardé en darme cuenta que el móvil echaba humo. Números absolutamente desconocidos para mí se amontonaban en su memoria. Peligro. Inmediatamente llamé al el Jefe de Prensa de Alcaldía, Lorenzo Río, que como ya me imaginaba estaba completamente desbordado. Todos los medios de comunicación se estaban haciendo eco de mi decisión de dejar la Alcaldía. Lorenzo me comentaba que había una sorpresa general y que ¿qué hacía?.  Le contesté después de hablar largo y tendido que confirmara la noticia en general, que sí era verdad que dejaba la Alcaldía el 3 de julio del presente año. Le sugerí que fuera tomando nota y que les dijera a todos, especialmente a los medios de comunicación, que al día siguiente los atenderíamos.

Y dicho esto, me despedí de Lorenzo y le comenté que me iba a ir al cine, que cenaría algo ligero y que ya seguiríamos hablando al día siguiente.

Guillermo Francella y Ricardo Darín.

En Madrid la noche estaba inquieta y llovizneaba de vez en cuando. Me dirigí a los multicines Princesa, junto a Plaza España, para ver una película que se me había escapado cuando la proyectaron en Huesca, y que el boca a boca me había animado a verla. Se trataba de la película de habla no inglesa premiada en la última edición de los Oscar: El secreto de sus ojos, del argentino Juan José Campanella.

De dos horas y nueve minutos de duración, El secreto de sus ojos es una excelente producción que retrata magníficamente la idiosincrasia de los argentinos, con interesantes pinceladas de su historia, como ese año 1974 en el que Argentina estuvo al borde de un golpe de Estado. Por encima de todo es una película-recital de actores. En esta ocasión sólo citaré a Guillermo Francella, en el papel de Sandoval. Creo no haberlo visto nunca actuar, creo, pero es sin lugar a dudas una de las mejores interpretaciones que he visto en muchos años. Repito, Guillermo Francella.

Regresé al hotel alrededor de la una de la madrugada y me asomé de puntillas al móvil: Ni te cuento, querido lector de este blog, la cantidad de mensajes y llamadas perdidas registradas en el mismo. Pensé que a esas horas ya no me llamaría nadie, y así fue, de momento.

Me acosté y dormí de un tirón, hasta que algo sonó en la oscuridad. Creí que era el teléfono general de la habitación y que me llamaban desde la recepción. Cogí el fijo, pero entonces me di cuenta que lo que sonaba era mi móvil. Miré el reloj; todavía no eran las siete de la mañana. Unos días después me enteré que quien había llamado a esas tempranas horas del día 13 de abril, víspera del aniversario de la Segunda República Española, era una radio desde Aragón. Apagué el móvil.

Una vez despierto pensé que el momento de la verdad se iba a producir durante esa mañana, pero también pensé que iba a defender al máximo mi derecho a que todo lo referente a mi decisión de dejar la Alcaldía se fuera desarrollando y conociendo con lógica y sentido positivo y constructivo, tanto en lo que al hecho en sí se refería, como en cuanto a mi persona, en la medida que la decisión la había tomado yo desde un principio y era justo que se comprendiera bien todo el proceso y su intencionalidad. En la decisión nunca hubo motivos personales, sí motivaciones esencialmente políticas, como ya he explicado en múltiples ocasiones.

Apagué el móvil como he dicho. Me metí en la ducha, desayuné una manzana y un plátano y vi un telediario. Cerca de las nueve de la mañana salí hacia el Café Gijón. Ahora llovía con mayor intensidad.

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