JAVIER RUPÉREZ: “VEO A LA SOCIEDAD ESPAÑOLA A LA DERIVA”.

 

Retrato del diplomático Javier Rupérez.

Este es un hombre que ha visto las entrañas del terrorismo por partida doble. Permaneció secuestrado por ETA durante un mes, en el año 1979, y ha sido director ejecutivo del Comité contra el Terrorismo de Naciones Unidas. Pero Javier Rupérez (Madrid, 1941) es, antes que nada, un avezado observador internacional, un diplomático de cien destinos que ha alcanzado el rango máximo de “embajador de España”. Cristiano y proatlantista, político de centro -formó parte de la Unión de Centro Democrático (UCD)-, el ex embajador de España en Washington y en la OTAN, hoy cónsul general en Chicago, se declara apesadumbrado por la atmósfera política en nuestro país.

Pregunta. Me gustaría saber si usted acostumbra a celebrar la fecha de su liberación, el 12 de diciembre de hace 30 años.

Respuesta. ¿Celebrar? A medida que pasan los años, revivo aquello con una intensidad mayor, unida al disgusto por el comportamiento de los políticos que ahora abjuran de la transición y hasta cuestionan la vigencia constitucional.

P. ¿Le inquieta el panorama político español?

R. Desde la distancia que me dan 10 años fuera de España veo una sociedad a la deriva y a la unidad del país cuestionada. Añoro los años de creatividad y esperanza, de la reconciliación en libertad y unidad.

P. Usted pasa por ser un ejemplo de superación personal del trauma terrorista.

R. El secuestro es una experiencia límite ante la que cada cual reacciona como puede. En mi caso, las claves son mis creencias religiosas, una visión moderada de las cosas y mucha fe en la virtud del diálogo.

P. ¿Hasta qué punto el terrorismo está contribuyendo a cambiar nuestra percepción de la seguridad y la libertad?

R. Tras los atentados del 11-S y del 11-M, la ciudad global ya no es la alegre y confiada que fue. El terrorista juega con la ventaja de que las sociedades democráticas tienden a vivir confiadas.

P. La conciencia contra el terrorismo se ha hecho mucho más universal y profunda, pero el sistema sigue mostrándose extremadamente frágil. Se detiene a un suicida en un avión y decenas de millones de viajeros en todo el mundo son sometidos a los escáneres personales que habíamos rechazado por aberrantes. ¿Es imprescindible tanta alarma?

R. Nosotros necesitamos ganar todas las batallas, pero a ellos les basta con una para ganar su guerra. Ese terrible desequilibrio complica la labor de las fuerzas de seguridad.

P. ¿Oficializar la expresión “guerra contra el terrorismo” no puede conducir a la militarización de las conciencias, ahora que la seguridad empieza a ser un poco cosa de todos?

R. En el 11-S, está claro que hay un casus belli contra Afganistán, pero es verdad que en la vida normal la lucha contra el terrorismo tiene que sustentarse en la labor policial.

P. ¿Irak no es un error manifiesto?

R. Según se mire. Estados Unidos no habría intervenido allí si no hubiera existido el 11-S. Y tampoco son ajenos al asunto los planteamientos, digamos antisupremacistas, del Consejo de Seguridad de la ONU permanentemente opuestos a EE UU. Esta no es una historia de buenos y malos, entre partidarios y enemigos del derecho internacional.

P. ¿La ONU es hoy incapaz de hacer frente a los retos?

R. Responde a los Estados miembros. Habría que inventarla, si no existiera, pero sólo puede lo que puede.

P. La legalidad internacional se contornea o vulnera frecuentemente. Estados Unidos actúa por su cuenta en Irak y abre el limbo de Guantánamo; Israel toma represalias…

R. Hay comportamientos al margen y en contra de los principios de legalidad. La intervención de la OTAN en Serbia no contó con la cobertura del Consejo de Seguridad de la ONU y, sin duda, los estadounidenses habrían preferido entrar en Irak con la autorización del ese mismo consejo. Por supuesto, Irán y Corea del Norte hacen caso omiso de las decisiones de Naciones Unidas. Vivimos en un mundo imperfecto, con zonas grises.

P. ¿Se puede reformar el Consejo de Seguridad?

R. Es muy difícil, aunque no es representativo de Latinoamérica y Asia. La Unión Europea, como tal, debería sustituir a Francia y al Reino Unido.

P. ¿Qué separa las visiones de EE UU y la UE?

R. Europa debería hacer de la OTAN su brazo armado sin incurrir en la duplicidad de desarrollar una política específica de seguridad. Donde hay percepciones e intereses más contrapuestos es en las relaciones con Rusia y China. Al final, las cuatro patas tendrán que ser Estados Unidos, Unión Europea, China y Rusia, pero ahora la pregunta es quién va a ponerle el cascabel al gato iraní y al norcoreano.

P. ¿La multipolaridad es hoy una utopía?

R. Es una utopía inventada por los antiamericanos y peligrosa porque niega la realidad del poderío económico, militar, cultural, determinante de Estados Unidos.

P. ¿Qué peso tiene España en los foros internacionales?

R. Muy poco.

P. Difuminados los conceptos de paz y seguridad resultantes de la guerra fría, ¿cómo se caracteriza esta nueva etapa?

R. El terrorismo internacional tiene una capacidad de desestabilización brutal y ataca las bases mismas de nuestro sistema democrático. En un segundo plano, pero vinculado, a veces, con lo anterior, está la proliferación nuclear que debemos controlar imperiosamente. Si no resolvemos el problema con Irán y Corea del Norte podemos encontrarnos con enfrentamientos bélicos abiertos en un panorama similar al de una tercera guerra mundial. Y aunque no quiero ponerme apocalíptico, tenemos también el gravísimo problema del control y administración de los limitados recursos del planeta.

P. Todo el mundo ve en Al Qaeda el rostro del terrorismo. ¿Ocurre lo mismo en el caso de ETA?

R. En los medios informados no se discute la naturaleza terrorista de ETA, pero ellos tratan de camuflarse políticamente todo lo que pueden. Le daré un ejemplo: en el 11-M, el diario Washington Post citó el desmentido de Arnaldo Otegi como argumento supremo que permitía descartar la implicación de ETA. Presentó a Otegi como honorable representante de un movimiento nacionalista vasco.

P. A usted le resulta un viejo conocido…

R. Tengo buenas razones, aunque el asunto no llegó a objetivarse en una sentencia. En sus declaraciones a la policía, algunos integrantes del comando que me secuestró describieron la participación de Otegi con pelos y señales, incluida la marca y el calibre de su pistola. Nunca se ha presentado ante mí. Sin la capucha, quiero decir.

[CITA. EL PAÍS. Domingo. Entrevista a Javier Rupérez, por José Luis Barbería. 11.04.2010]

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