PERSONAS Y RINCONES.

 

Siempre me ha gustado tener a disposición ese rincón que de alguna manera te aísla y según en qué momentos emocionales te llega incluso a proteger. A veces el rincón es una ciudad, y en otras un hueco dentro de esa  o de otra ciudad.

Vivimos esencialmente solos. Esta afirmación la hago en el contexto de los grandes momentos. Es muy fácil sentirse acompañado en la dinámica diaria, estando junto a otros o estando literalmente solos. Da igual. En lo cotidiano la vida es muy fugaz, pasa sin darte cuenta. Y lo hace así porque dichas vivencias en múltiples situaciones tienen escasa trascendencia en nosotros. La vida simplemente pasa, simplemente pasamos.

Pero hay momentos a lo largo de la cadena en el que nuestra realidad se nos hace muy patente, diría yo que se nos impone a nuestra propia voluntad, y es entonces cuando tenemos que afrontar una tremenda consciencia de lo que algunos llamaban hace tiempo nuestra mismidad. Y entonces aparecen los fantasmas, las ausencias, los errores y, en definitiva, lo relativo. En esos momentos de máxima consciencia relativizamos todo, dándonos cuenta de que en buena medida construimos grandes edificios virtuales, grandes supuestos vitales que sin saber muy bien por qué se van desvaneciendo poco a poco y encarándonos a nosotros mismos con nuestra propia realidad.

Y es en esos momentos cuando es maravillosamente necesario el refugiarse en esos rincones que son nuestros, y que sólo nosotros somos capaces de disfrutar. Personas y rincones. Rincones físicos y rincones espirituales. Personas de verdad o, simplemente, grandes personajes ficticios en los que apoyarnos.

Dicen que nacemos solos y que morimos solos. De lo primero es difícil ser consciente, y tal vez  sea menos cierto que en lo segundo. Pero de lo que sí estoy convencido es de que cuanto menos consciente sea uno del acto de su propia muerte mucho mejor.  Mejor para el protagonista. Hablan de agonías largas y muy duras, lo cual suena a castigo añadido a una existencia que con frecuencia no es nada fácil. Sólo las personas con gran capacidad analítica y conscientes de su condición, imagino yo que serán capaces de afrontar ese último momento cara a cara. Para nadie pido heroicidad alguna en esa última coyuntura.

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