LA HORA IMPERIO, UN MONTAJE TEATRAL DE UNOS MONSTRUOS.

 

Los monstruos son todos los que han sacado adelante este montaje, “La Hora Imperio”. A Javier Trillo ya le he visto alguna cosa muy interesante, diferente. Eso es bueno.

Del reparto, dos clásicos, Kike Lera y Javier García, y no sé si digo una burrada al calificar a Manolo Franco como un novato, perfectamente encajado en el conjunto y clave musical imprescindible en esa Orquesta Imperio tan venida a menos.

Qué decir de Kike y de Javier… Kike interpreta su papel con una maestría poética magnífica. Me quedo en especial con muchos momentos que son un verdadero muestrario de sensibilidad. Las pinceladas gruesas, ya se sabe, proceden de sus muchas intervenciones en montajes clásicos. Le da una excelente réplica a los excesos de Javier.

Javier. Rompe con sus papeles tradicionales, serios y profundos, y en este cómico de la legua, que igual le da llorar que reír, bailar que danzar, o todo a la vez, se desborda y se lanza con unas ganas impetuosas al mundo del exceso. Lo sabe y se recrea. Y con él, Kike, y Manolo cuando puede. Y con los tres, el público. Clava los estereotipos. Se defiende cantando y tiene una voz bonita.

Tan bien se lo pasan, que en muchos momentos se contagian de tal manera que tienen que hacer un esfuerzo por contenerse, corriendo el riesgo de pasarse unos cuantos pueblos, como ya le dije en otra ocasión a otro actor en uno de los montajes de los Talleres Municipales de Teatro del año pasado. En este caso, creo recordar que la regañina procedía del regodeo en las morcillas.

Kike, Manolo, Fernando y Javito, al finalizar la representación. (28.01.2010).

“La Hora Imperio” es casi un musical. El grupo echa toda la carne al asador y llega en el montaje hasta el punto límite de las posibilidades de los actores. Es uno de los grandes aciertos. Se llega hasta donde se es capaz de hacerlo bien.

Estoy convencido de que este montaje teatral es un eslabón más de una cadena que empezó hace años, tímidamente, y ahora estáis recorriendo el camino para pasar de lo meramente complementario, al musical con todas sus consecuencias.

Me sorprendería si no terminarais recorriendo todo el camino. Permitidme que os lo diga en tono profesoral: Ahora ya domináis las varietés de las posguerras. Ahora hay que prepararse para dar el salto y convertir el Centro Cultural Matadero, ¡qué digo!, el Auditorio de Huesca, en uno de los grandes teatros del Broadway neoyorkino. En versión nuestra, claro está. Me entendéis, ¿no?.

¿Sabéis vosotros cuántas personas hay en Huesca que se dediquen a la creatividad escénica?. Ya sé que lo sabéis. Pero, ¿os habéis preguntado qué lograríamos hacer en Huesca si muchos de esos actores y actrices, de esos bailarines y bailarinas, de esos intérpretes del mundo de la música,… si todos esos directores de teatro, de música, de danza,… si todas esas corales, orquestas sinfónicas,… si todo el mundo de la creación escénica se decidiera un día a buscar puntos de encuentro, a planificar propuestas de todo tipo,… os habéis parado a pensar lo que podríamos hacer, a dónde podríamos llegar…?.

Todo esto y mucho más lo trataremos cuando nos reunamos para hablar sobre el proyecto de construcción de un centro de servicios culturales para talleres de Teatro

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