VAYA UN CHISTE DESPUÉS DE TANTO FONDO ESTATAL DE INVERSIÓN LOCAL.

 

Después de tanto Fondo Estatal (aún no habíamos terminado el del 2009 ya estábamos trabajando en el del presente año) contaré un chiste, que en tiempos de crisis económica no está de más que le echemos un poco de sentido de humor al trabajo.

Este chiste, que me lo contaban ayer por la noche, cenando, va de un taxista y de un cura que acaban de fallecer. Primero lo hace el taxista. Se muere y va directamente al cielo. Nada más llegar dicen que le abrió la puerta San Pedro, y nada más verlo exclamó: “¡Hombre, eres tú!. Pasa, pasa… Como te has portado muy bien y has trabajado muy duro te vamos a dar un chalet a todo tren, con una excelente piscina y un campo de golf . Y de trabajar, ya nada de nada”. (Lo que le dio San Pedro me lo estoy inventando porque no me acuerdo muy bien de lo que dicen que le dio).

Al poco rato, llega el cura, que como se ha dicho acaba de fallecer, y al verlo le dice San Pedro: “¡Ah, eres tú!… Pues no sé que tengo para ti. Y es que tu caso es muy complicado. Bueno, te dedicarás a hacer trabajos para la comunidad, y compartirás un apartamento con otro grupo de recién llegados”.

Y el cura, que al estar muerto tenía capacidad para ver lo que había pasado con anterioridad, no pudo más y se mostró profundamente indignado ante San Pedro: “No me lo puedo creer, así me lo pagáis después de haber dedicado toda mi vida a salvar pecadores e infieles. Toda mi vida predicando y me tratáis como a un paria. Es indignante, y a ese taxista que ha llegado antes que yo, que tenía un genio de perros y se pasaba todo el día jurando y maldiciendo lo habéis tratado a cuerpo de rey…”.

Llegados a este punto, San Pedro, enérgico, cortó al indignado cura diciéndole: “De lo que parece que no te has enterado todavía es que aquí, en el cielo, trabajamos por objetivos y resultados. Es verdad que predicaste mucho, pero también es verdad que dormías hasta las piedras, y que si hubiera sido por ti nadie se habría arrepentido de sus pecados… En cambio, ese taxista, del que tú hablas tan mal, consiguió todo lo contrario. Nada más que sus clientes subían al taxi y arrancaba a toda pastilla, jurando como un energúmeno, los clientes se ponían automáticamente a rezar… Y aquí te recuerdo que se trabaja por objetivos y resultados.

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