¡VAMOS, CARIÑO, QUE TE VIENES CONMIGO!.

 

“Cuando ya le vi, le dije: ?¡Vamos, cariño, que te vienes conmigo!”. Es el relato a la cadena SER de Óscar Vega, el bombero del cuerpo de Valladolid que el viernes pasado rescató a un niño, de dos años, atrapado durante 52 horas bajo una casa derruida, en brazos de su abuelo muerto.

El bombero explicó que su equipo estaba destinado en la zona de la universidad, donde se había derrumbado un edificio con 63 personas dentro. “Una vez que estás allí todo el mundo quiere llevarte a su casa. Una persona se acercó y nos dijo que había un niño atrapado en una casa derruida”. Vega contó que, a última hora, decidieron comprobar si era verdad. “Según nos acercamos, le oímos un susurrín de voz y nos pusimos a ello mano a mano. No teníamos medios porque no han llegado”.

Durante el rescate vivieron momentos delicados por la precariedad del inmueble, una casa unifamiliar de dos plantas. “Fuimos sacando piedras del edificio y estaba colapsado entero, había que andar con cuidado. Cuando ya tuvimos un agujero de un tamaño considerable, hubo una réplica y fue un momento complicado”.

Un compañero de Vega fue el primero en ver al pequeño; entonces pudieron darle de beber. “Fue un momento de euforia de todos porque te emocionas cuando le puedes dar agua y puedes hablar con él”. Pero aún no podían alcanzarle. “Hasta llegar al niño había seis metros. Fui haciendo el hueco más grande para poder sacarle y ahí es cuando te tiembla todo el cuerpo, porque está todo el mundo pendiente de ti”.

El niño no hablaba; gemía, susurraba. Según el bombero, al verle, el pequeño puso cara de alegría, “estiraba la mano queriendo dármela”. En ese momento “la familia, los vecinos, la gente del barrio me rodeó y empezó a cantar, saltar y bailar”.

[CITA. EL PAÍS. 17.01.2010]

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