RAFAEL AZCONA Y PEP GUARDIOLA: UN MERENGUE Y UN CULÉ.

 

Buscando fotografías para ver que sale nos encontramos con ésta del año 2006. Azcona y Guardiola.

La foto, por sus protagonistas, es poco usual, no porque la gente de la creatividad no sea aficionada al fútbol, que los hay y muchos, sino porque no es frecuente retratarlos o fotografiarlos juntos.

 

Pep Guardiola y Rafael Azcona. (año 2006).

A Pep lo veo relajado y a Rafael rejuvenecido. O al menos así lo creo yo. Y es que me da la impresión que los dos sentían como si estuvieran contraviniendo alguna norma.

Pep en el año 2006 estaba en el limbo deportivo. Porque el Dios Pep actual fue durante unos años un villano proscrito y en el destierro. Lo leí hace poco: Un personaje importante, comentando cosas, decía: “Hoy eres el héroe y mañana el villano apestado”. Bueno, pues en el caso de Pep, lo está siendo pero al revés. Claro, que hoy en lo que al entrenador del Barça se refiere la amnesia es total.

Rafael Azcona, por si a alguien le falla la memoria, ya falleció. Pero él también tenía su lado oscuro, y es que era merengue. Y en los tiempos del progresismo antifranquista gustarle a uno el fútbol, y para más deshonra ser del Madrid, era todo ello un pecado de los más graves. Aún hoy en día, en los debates acalorados con los culés, la argumentación habitual suele ser aquella de “como puedes ser de izquierdas y ser del Real Madrid”. Todavía ser del Madrid es para algunos símbolo de conservadurismo. Aunque, por contra, si  he de ser sincero, en más de una ocasión me pregunto cómo nuestro Presidente ZP nos ha salido del Barça. En fin, nadie es perfecto.

Pero volviendo a la fotografía. Pep y Rafael estaban a gusto. Y es que Pep siempre ha sido un filósofo, sin la excesiva retórica de Valdano. Hubo un momento que me temí que terminara siendo un abanderado del nacionalismo catalán, a través del fútbol. Lo que hoy descaradamente intenta Laporta. Pero Pep es sensato y honesto. Y ha aprendido en propia carne. Pep terminará siendo como Rafael. A Pep sólo le falta echar un lastre, y es esa excesiva responsabilidad que le invade. No es bueno ser excesivamente responsable.

Rafael siempre fue un hombre muy sencillo, muy de a pie, un hombre inteligente y culto donde los haya, pero admirando las cosas que de verdad merece la pena admirar. Si tuviera que buscar una imagen comparativa, pues me acordaría -improvisando- de Pepe Isbert, de Delibes, de Buñuel, de Fellini, de Manuel Alexandre, de Ramón y Cajal, de Paco Rabal,… Es decir, para que usted querido lector de este blog me entienda, uno más de esa racha de grandes hombres (y de  mujeres, por supuesto) que han logrado a lo largo de su vida descifrar las claves de lo que realmente merece la pena desear y por las que pelear.

Y llegados a este punto, a fuerza de improvisar, diré que no sé por qué Rafael también se me asemeja al sempiterno contertulio de sobremesas previas al partido de fútbol, acompañadas de la copa de coñac y de la inevitable faria. Y conste, que ni sé si bebía ni si fumaba. Da igual.

Esta fotografía sacada de una conversación entre ambos personajes tiene el rango de una fotografía verdaderamente histórica: La que recoge la conversación amigable de  dos grandes aficionados al fútbol: un culé y un merengue.

 [Nota: Para los oscenses aficionados al fútbol: ¿A qué Rafael Azcona tiene un cierto parecido a Manolo Villanova?. Míralo bien.]

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: