¡QUE OS DEIS PRISA PARA QUE NO LLEGUÉIS TARDE CUANDO SUBAMOS A ALMORZAR!

 

Está amaneciendo. Las campanas del monasterio suenan en el inicio de una fría mañana de diciembre. Pronto acaban los rituales de maitines y comienzan los ires y venires en el monasterio. El ambiente general está lejos de la sordidez reflejada por Umberto Eco en su excelente demostración de erudición en su obra El nombre de la rosa“.

Un frailecillo, que podría ser un Adso cualquiera, ágil e ingenuo como el ayudante de Fray Guillermo de Baskerville va recorriendo las distintas dependencias del monasterio recordándoles a los frailes cuestiones relacionadas con su trabajo. Que dice nuestro Abad que recojáis la entrada del monasterio. A otros, que limpiéis bien el establo, y no os olvidéis de echar paja a las vacas a punto de parir,… No faltaba la recomendación a los encargados de la huerta: Que tapéis bien la verdura para que no se hiele y se eche a perder. Y a todos remataba el frailecillo con una instrucción general: Y que os deis prisa para que no lleguéis tarde al refectorio cuando subamos a almorzar.

Esta narración, que está en la línea más habitual de las tendencias libertarias frente a cualquier tipo de autoridad y, en definitiva, de mando, me la contó un veterano Senador. Yo la he adornado un poco, y si le quieren encontrar sentido, la intención transgresora, habrán de analizar morfológicamente los verbos y las personas. Allí encontrarán una sutil crítica al poder establecido.

[Basado en un decir popular, frase o chiste. VOCABULARIO. Chiste: “Dicho o historieta muy breve que contiene un juego verbal o conceptual capaz de mover a risa. Muchas veces se presenta ilustrado por un dibujo, y puede consistir solo en este.”]

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