“TRES PADRINOS”, UNA PELÍCULA DE JOHN FORD. (1948). TÍTULO EN VERSIÓN ESPAÑOLA.

 

Como prólogo a este comentario de la película de John Ford, se debe leer primero, a título de prólogo, el post anterior VIENDO CINE A TROZOS.

Lo decía en el mencionado post: En la red se ha escrito poco de esta película, y lo poco que se ha escrito, prácticamente, no aporta nada, diría yo más, más bien confunde.

El primer problema a la hora de comentar esta película es el autor: John Ford. Como se trata de una película de John Ford, del mítico John Ford, ya todo el mundo se anda con cuidado, por si las moscas. Y según y como, lo mejor es limitarse a reproducir los cuatro datos de ficha técnica, una sinopsis del argumento de tres líneas, como si de una película convencional se tratara, con lo cual al final, si nos dejamos llevar por lo que dice la sinopsis terminamos por sentirnos algo desorientados, cuando no engañados.

Para que no haya confusión sobre mi postura en lo que a la figura y a la obra de John Ford se refiere, diré que John Ford me parece: Primero, un gran narrador, cuenta muy bien las historias. Segundo, genera un excelente elenco de técnicos y de actores que trabajan con él, y son ellos los que apuntalan su estilo, su inconfundible estilo. Tercero, los paisajes mayoritariamente norteamericanos, a los que hay que añadir algunos europeos, los de los orígenes. Cuarto, su forma de ver la vida y las relaciones interpersonales… Toda esta mezcla da como resultado una gran obra, tendente a postulados conservadores. Conservadores sí, pero muy honestos, muy auténticos, con parte de los cuales estoy de acuerdo.

Empezando y en resumen: Como la película es de John Ford, tiene que ser una buena película, convencional en su línea y por tanto una buena película. En coherencia también, es fácil convenir conmigo que esta argumentación y conclusión es, como poco, arriesgada.

Como es una película de John Ford y los elementos narrativos, los  personajes y los paisajes son los característicos del Oeste norteamericano, se deduce en conclusión que es una película (tradicional) del Oeste, sin más. Y claro, el que no tenga una referencia ajustada sobre lo que va a ver y crea que va a ver una película del Oeste, insisto, terminará como mínimo confundido, seguramente no enfadado, porque esta es una película, lo diré ya, muy atípica desde todos los puntos de vista. En cualquier caso, sólo faltan los publicistas que ante ese carácter atípico de la película prefirieron subrayar lo convencional de un film del Oeste y hacen hincapié en el cartel anunciador de la acción, de los forajidos, de las pistolas… En el post anterior pusimos el cartel que en su día se hizo en España para anunciar la película. Nada más engañoso.

Tres padrinos (título en versión española) es una película de John Ford, absolutamente diferente a la inmensa mayoría de sus películas, y se enmarca en paisajes del Oeste, con personajes vestidos del Oeste, pero no es una película del Oeste.

¿Qué es, pues, Tres padrinos?. Exactamente no lo sé, pero una película del Oeste a lo John Ford, rotundamente no. Citaré sólo varias películas de Ford para establecer someramente una comparación con ésta. Películas del Oeste de John Ford son, por ejemplo: La diligencia (1939), [Tres padrinos, 1948], Fort Apache (1948), Río Grande (1950), Centauros del desierto (1956), El último hurra (1958), Sargento negro (1960), Dos cabalgan juntos (1961), El hombre que mató a Liberty Valance (1962) o El gran combate (1964). Yo creo que todos hemos visto estas películas y poco hay que insistir para concluir que todas ellas son ejemplares evidentes del cine de John Ford, que nada tienen que ver con Tres padrinos.

Cuentan los próximos a John Ford que la película Tres padrinos (1948) se generó a partir del fallecimiento de uno de sus grandes amigos, de los que le habían ayudado a configurar su gran proyecto cinematográfico. Este gran amigo de John Ford fue Harry Carey. Al morir éste último, los muchos amigos y próximos se embarcaron en el rodaje de la mencionada película. En la misma, se hace una mención explícita a Harry Carey. La película debía ser un homenaje, un gran recuerdo, una gran síntesis poética y de amistad a aquel hombre (Harry) que tanto había hecho por el cine, por los amigos y, especialmente, por John Ford. Tres padrinos es una gran suma, una gran yuxtaposición del mundo Fordiano, un gran recuerdo, un gran homenaje,… al margen de la lógica y de los convencionalismos. En el guión y en la película importan poco la coherencia o no de muchas cosas. Lo que cuenta son los amigos, las historias comunes, las amistades, ese gran mundo que a lo largo de años habían contribuido entre muchos a construir.

Por eso, qué más da el guión construido por Frank S. Nugent y Laurence Stallings a partir de la novela de Peter Kyne, 3 Godfathers. Ésta era otra fiesta, se celebraba en otra casa, con otros objetivos, y en (¡atención!) familia. La lógica de esta película es para iniciados, es decir, todos ellos.

Decía antes que en la red había pocas menciones a esta película. Una de ellas, la de FOTOGRAMAS, penetra más en materia cuando dice que John Ford, que ya había llevado la historia al cine en 1919, “demuestra cómo una historia abiertamente folletinesca -tres bandidos se regeneran después de hacerse cargo de un bebé huérfano- puede convertirse en una obra vigorosa y nada blanda”. Yo no diría folletinesca, en ningún momento la película tiende por esos derroteros. Sí diría surrealista, onírica, poética, e incluso con rasgos costumbristas,… todo ello en una permanente yuxtaposición, yuxtaposición coherente y activa, que hace progresar dramáticamente la película hasta hacerse perdonar los muchos absurdos del guión. Cuanto más absurdos, más hilarantes y simbólicos.

Todo es atípico. Comienza la película, los tres forajidos llegan al pueblo como tres simpáticos y amigables vaqueros que tienen hasta la suerte de encontrarse (luego lo sabrán) con el sheriff del lugar, Ward Bond, interpretado por uno de los asiduos de las películas de Ford: Perley “Buck” Sweet. Como no podía ser de otra manera, la mujer del sheriff les ofrece la correspondiente bebida. Los tres forajidos son gente amable que se tratan entre ellos con una gran amabilidad, solidarios, como se demostrará cuando una vez atracado el banco, Harry Carey Junior [el hijo de Harry Carey], que interpreta el papel de William Kearney “the Abilene Kid”, es herido en un brazo, lo que producirá la constante preocupación fraternal de Robert Marmaduke Hightower, líder del grupo, interpretado por, como no podía ser de otra manera, John Wayne. Iniciada la persecución con el sheriff a la cabeza, la operación responderá a una completa estrategia de juego de damas, como lo oye, o mejor dicho, como lo lee: Unos y otros, como grandes estrategas, juegan al ratón y al gato a lo largo de días de ferrocarril, o atravesando desiertos, siempre huyendo o persiguiendo, y siempre buscando, en el caso de los forajidos, los depósitos del agua. Éstos en su huída no encuentran agua, pero sí se encuentran una carreta con una mujer a punto de dar a luz. Da a luz y muere, y les hace prometer que se harán cargo de su hijo. Del paradero del marido, John Ford se desentiende con facilidad, importándole poco la coherencia argumental. Y es a partir de aquí cuando comienza la parte más sorprendente, surrealista, ingenua y, si se quiere, absurda. Los tres vaqueros se convierten en padrinos del niño, ¡ojo!, de un niño recién nacido, al que tendrán que alimentar y dar de beber a lo largo de todo tipo de peripecias, entre ellas grandes tormentas de arena, tormentas magníficamente resueltas desde un punto de vista técnico. Se les acabará el agua, se quedarán sin caballos, no tendrán comida, se irán despojando de cuanto llevan encima,… En esa constante huída morirán William Kearney “the Abilene Kid” y Pedro “Pete” Fuerte, interpretado por el gran actor mexicano Pedro Armendáriz. Y al final, John Wayne con el niño en brazos, desnudo y protegido sólo por una fina manta, llegará, justamente el día de Navidad, a una localidad denominada Jerusalén. Llegará al Salón del pueblo con el niño, y escasos momentos después aparecerá el sheriff que le desafiará a que desenfunde la pistola… Y aquí si que ya no sigo más. Está próximo el final de la película.

Terminaré contando una anécdota de la película. Cuando ya ha muerto la madre, los padrinos de Robert William Pedro, es decir, el niño, tienen que afrontar la higiene y los cuidados del recién nacido. Ante los lloros insistentes del niño que reflejaban su malestar, los padrinos ,leyendo un libro de consejos maternales para recién parida, deciden seguir uno de los consejos, que no es otro que el de ponerle grasa al bebé. Y así lo hacen, le ponen en la espalda abundante grasa para engrasar los ejes de la carreta. Créanselo, como se dice en ésta mi tierra, le extienden por la espalda una auténtica zarpada de grasa.

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