DESCARGANDO SENADORES.

 

Leía ayer por la tarde un artículo del Ministro de Fomento José Blanco sobre el modelo de transporte sostenible. Y por esas cosas de la memoria, al leer me vino a la cabeza una anécdota que nos pasó hace unas semanas en Madrid a un grupo de Senadores y Senadoras.

Desde la Comisión de Interior del Senado se suelen organizar visitas a distintos lugares que tienen interés por razones diversas con esta Comisión. Pueden ser centros de acogida de mujeres, cárceles, centros de menores,… La razón de dichas visitas es muy evidente: Conocer la realidad de colectivos de personas en sus lugares de residencia temporal.

En una de esas visitas, la organización dispuso de un autobús mediano para movernos en Madrid, cosa mucho más práctica y eficaz que utilizar otro tipo de transporte. Y así fue. A la hora convenida nos esperaba un autobús a los miembros de la Comisión y nos pusimos en marcha. Al llegar al lugar de destino, el chofer del vehículo preguntó en voz alta a los agentes de seguridad al cargo del edificio al que nos habíamos dirigido:

                                         –  “¿Dónde descargo?”.

Fue tan sonora la pregunta, que los Senadores y Senadoras nos miramos los unos a los otros y sonreímos discretamente. Entiendo que fue una expresión coloquial, probablemente en jerga en este tipo de transporte, en algunas partes del País. Pero, cuando por fin el autobús aparcó y empezamos a descender del autobús, no pude evitar cierta sensación de rebaño. Duró escasos segundos y pasó a ser una de tantas anécdotas cuyo principal protagonista es el lenguaje y la enorme riqueza y ambivalencia de los usos del mismo. 

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