LAS TÍAS RECOMIENDAN QUE LOS TÍOS TENGAN AMIGOS (SEGÚN LAS TÍAS DE “TE QUIERO, TÍO”).

 

Cartel Te quiero tío 2 Había leído varias críticas sobre la película “Te quiero, tío”. En dichos comentarios se me escapaban algunas cuestiones, que parecían ser claves en un nuevo planteamiento [parece que] ¿exitoso? para llevar a los más jóvenes a las salas de cine. Decidí ir a verla. Remataba así una densa y calurosa tarde, plagada de mociones y de proyectos de infraestructuras y comunicaciones. En coherencia con esto último: ¡Cómo  sudaba a nuestro pesar el asfalto de las calles y las plazas de la ciudad de Madrid!

 Llegué a la remodelada Estación Príncipe Pío, saqué mi entrada y estuve observando un rato el ambiente de espera en los Multicines CINESA PRINCIPE PÍO 30 y demás anexos imprescindibles. Eran las nueve de la noche. Pensé: Un lunes y con este calor no habrá nadie. Me equivoqué, por lo menos a los efectos de los que luego hablaré.

 Cuando la señal indicó el correspondiente pasen, recorrí un largísimo pasillo y entré en la sala. La taquillera me había dicho que era pequeña, pero a mí no me pareció tan pequeña, sobre todo al ser un espacio multicines. Me senté, conforme al los datos del tiquete de entrada, al final del patio de butacas. Poco después comenzó a producirse un paulatino goteo de chicas y chicos muy jóvenes. Entraban en grupos diversos.

 Comenzó la sesión puntualmente y al apagarse la luz estábamos pocos. palomitas y coca cola 2Conforme se iban sucediendo los “trailers” de turno, emitidos a un volumen de decibelios tremendo, continuo produciéndose el goteo de jóvenes, cargados religiosamente con todo tipo de avituallamientos. Al cabo de siete u ocho minutos, estábamos sentados aproximadamente unas cincuenta personas, juntos, en la parte trasera de la sala. Todos nos habíamos aposentado conforme al asiento indicado en la entrada que nos correspondía,  sin que nadie nos hubiéramos dispersado en otras partes de la sala. En resumen, un público asistente de entre 15 a 22 años. Bueno, y yo, que para qué especificar. Todos y todas a los pies de la sala, o en la cabecera, porque en estos multicines me cuesta orientarme. La escena me resultaba muy familiar y no podía dejar de acordarme de otros tiempos.

 Al cabo de quince o veinte minutos de película, empecé a barruntar por dónde podrían ir las teorías de un no sé quién que dicen que ha acertado a la hora de proponer fórmulas de atracción de gente muy joven a las salas de cine.

 Empecé a barruntar, sí, pero no acabada de entender bien qué era exactamente lo que atraía a todas aquellas personas, a aquellos jóvenes, muy jóvenes a ver las peripecias de unos personajes ya sensiblemente menos jóvenes que la media de edad del público asistente. En la  película: ¿De treinta y cinco a cuarenta años?.

te-quiero-tio[2] los tres Es más, a mí me parece, que en la realidad actual que yo conozco y observo, los jóvenes (más adultos que jóvenes-jóvenes) de la película y los jóvenes de la sala tienen muy poco que ver, yo diría que con historiales, proyectos vitales y reivindicaciones esencialmente diferentes… Sí, conforme con lo que yo mismo digo: pero los jóvenes, los de la sala ahí estaban y, sorprendentemente los colegas de edad de treinta a cuarenta años, los colegas de los jóvenes de la película, no había ni uno. ¿Qué raro?.

¿Estaban ahí, tranquilamente sentados, receptivos, y sin dejar una sola palomita en el cartucho, expectantes ante las peripecias de sus hermanos mayores? ¿Estaban aprendiendo, allí, sentados, viendo la película?. ¿Se estaban solidarizando con sus hermanos mayores y a la vez colegas?.

 La película, me gustó. Me lo pasé francamente bien y sin proponérmelo tuve ocasión de observar a aquel medio centenar de jóvenes, que tuvo un comportamiento ejemplar, con escasos comentarios a algún diálogo de la película.

 En otro post volveré a hablar de estas cuestiones. Aunque pueda parecer una boutade la película me ha parecido inteligente y sobre todo, muy didáctica. Habla de muchas cosas de la realidad cotidiana, generalmente tabúes entre muchos, con toda naturalidad. Creo que eso es bueno y muy positivo para las verdaderas relaciones humanas.

 Solamente he discrepado con una cuestión: La radical indiferencia del amigo de Peter (Peter, Paul Rudd), interpretado por Jason Segel, cada vez que su perro se caga en los sitios públicos y la absoluta indiferencia del amigo ante las indignadas reacciones de sus víctimas, es decir, la reacción de aquellos ciudadanos y ciudadanas que protestan enérgicamente, con toda la razón, al pisar los excrementos del perro. En esta cuestión el escritor y director de la película, John Hamburg, debería ser mucho más solidario con el conjunto de los ciudadanos y no convertir el tema en una broma sin más. El tema de los excrementos de los perros es un tema muy serio y yo como Alcalde, por muy aficionado al cine que sea y por muy flexible que pueda ser con otras actitudes, creo que en esta materia hay que ser inflexible con los propietarios de perros incívicos.

 Seguiremos hablando en otro post. Recomiendo ir a ver la película.

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