UNA DÉCADA DE GOBERNANZA MUNICIPAL. OPINIONES PERSONALES.

 

Cuando escribo estas líneas es ya la media tarde del día 13 de junio. Como recordaba ayer, hoy es el día de San Antonio de Padua, una festividad que tiene para mi una doble virtualidad: La de ser el día en el que se realizaron las votaciones en las que tuve el honor el año 1999 de encabezar por primera vez la lista electoral a la Alcaldía de Huesca, y en segundo lugar, la de recordarme siempre a un amigo entrañable. Ese amigo, docto en el santoral católico, cuando estuvo por estas tierras de la capital del Altoaragón me hizo valorar la figura de San Antonio, aquel insigne franciscano de la primera época de la orden.

Hoy es día 13 de junio y cuando me pongo a escribir estas líneas estamos a escasas horas de homenajear a un cineasta español como es el salmantino Basílio Martín Patino. El Festival de Cine de Huesca le va a reconocer su excelente trabajo, entregándole el premio “Ciudad de Huesca”. Martín Patino nació en el año 1930. Tras más de medio siglo de hacer cine, especialmente documental, a sus 79 años continúa en activo. Cabría decir que es todo un resistente.

Por esto último, y porque viene muy a cuento, cito aquí en estas líneas sobre una década de gestión municipal, la figura de Martín Patino: por su carácter resistente y por su coherencia ideológica y cinematográfica. Soy de los que cree que las personas debemos intentar resistir el paso del tiempo de forma activa, constructiva y coherente. Bien dicho que, la coherencia no está reñida, sino todo lo contrario, con la versatilidad y el pragmatismo. La coherencia fundamentalista solo lleva a la esterilidad y a la ineficacia. Debemos ser útiles a nosotros mismos y, por supuesto, a los demás. Esta es la razón de ser de un resistente.

En estos últimos días, son bastantes las personas que me preguntan sobre qué siento y cómo valoro estos diez años de gestión municipal en Huesca, especialmente algunos periodistas. La respuesta, para empezar, suele sorprender porque mi comentario se encabeza con una apreciación muy personal al respecto. Digo que me encuentro mejor que nunca. Y es verdad, mi tono vital hace que me sienta muy bien, con mayor impulso y convicción que en toda mi trayectoria personal anterior. Puede parecer exagerado, pero no lo es. Lo que he denominado como tono vital debe entenderse desde una perspectiva globalizadora de mi propia realidad. Una realidad considerada en sus dimensiones ideológica, de perspectiva vital, de búsqueda de nuevos horizontes, de equilibrio funcional, afectivas, de serenidad y de comprensión para la tolerancia… Ya me he medido y ya intuyo hasta dónde soy capaz de llegar. Lo que sé hacer y lo que no sé hacer.

Relacionado con esto último, mencionaré lo que me dijo no hace muchos días el director de un medio de comunicación: “¿No temes morir de gloria?”. Mi respuesta fue que no. Que no porque yo ahora, y subrayo ahora, ya sé lo que quiero, hasta dónde quiero llegar, lo que soy capaz de hacer y lo que no soy capaz de hacer. Y por tanto mi trayectoria presente y futura se debe entender como el trabajo de un resistente que es coherente con lo que piensa y con lo que en ese sentido debe hacer. Lo he dicho muchas veces: mientras la cabeza dé de sí hay que trabajar, hay que aportar… ¿O es que alguien se cree que en los grandes compromisos ideológicos y en los objetivos sociales etc., etc., existe la jubilación?: Siempre hay cosas que hacer y siempre merece la pena aportar algo, un grano más, siempre un grano más. Da igual donde se esté y lo que se haga.

Desde una perspectiva personal, ésta década la considero como un tiempo muy constructivo y enriquecedor para mí. He aprendido a conocer y afrontar la realidad dentro de su gran diversidad y, en consecuencia, de su gran complejidad. He aprendido que un responsable municipal, en este caso un Alcalde, debe contemplar la realidad de la ciudad en su globalidad y hacerla toda objeto de su responsabilidad. Eres, en este caso, el Alcalde de tod@s y de todo, y que la responsabilidad que asumes es muy grande. Y que esto a veces te lleva a momentos de dificultad y de soledad en el ejercicio de tus responsabilidades. Por ejemplo a la hora de afrontar situaciones de crisis, de catástrofes, de accidentes graves, de circunstancias humanas de difícil resolución,…

Una década, ¿de qué y para qué?. Una década de mucha actividad, una década dedicada a recuperar todo el tiempo perdido durante la década anterior. Una década dedicada a construir presente y futuro, no solos, sino con todos los demás. Una década de gran actividad que en el campo de las cuestiones éticas viene caracterizada por una importante integridad en la vida institucional y ciudadana. ¿De qué me siento más orgulloso?. Precisamente de esto, de que la vida pública de la capital del Altoaragón no se ha visto sacudida por ningún tipo de convulsión que atente gravemente contra los valores éticos sobre los que se debe asentar una sociedad y una ciudad. Destaco los valores, destaco las actitudes. En otros escritos (post) trataré de cuestiones sectoriales, de cuestiones concretas. Hay mucho de qué hablar.

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