LA HISTORIA DEL SEÑOR QUE HACÍA TODOS LOS DÍAS EL AMOR. HUMOR EN EL SENADO.

 

Es frecuente que los parlamentarios utilicemos citas para ilustrar nuestras afirmaciones. Se buscan frases hechas, refranes o textos síntesis de una idea que nos viene bien para concretar o ratificarnos en un concepto o en una afirmación. Lo que es menos frecuente es que se eche mano como recurso de los chistes. No sé si porque puedan parecer menos serios o políticamente menos correctos, pero lo cierto es que yo prácticamente no recuerdo ningún caso en concreto. Tal vez sea que yo tenga mala memoria.

Viene a cuento lo de los chistes, tan populares y utilizados en las fiestas y en las reuniones de todo tipo, porque en el último Pleno del Senado, el Senador Josep María Batlle Farran, con su naturalidad y saber decir, contó un chiste para poner de manifiesto que no estaba de acuerdo con el contenido e intencionalidad de la moción que se estaba debatiendo.

ChisteY contó, más o menos como sigue, el siguiente chiste. Una persona mayor, de unos setenta y tantos años, afirmaba que todos los días hacía el amor. Que daba igual el día de que se tratara ni las circunstancias que concurrieran, que el buen señor, como se ha dicho, cumplía [perdóneseme el añadido, que es mío, no del Senador Batlle] religiosamente con parroquia. Todos los días, pasara lo que pasara. Tal era así, que llegó un momento que el propio señor se sorprendía a sí mismo de su vitalidad y capacidades que decidió ir al médico para que lo viera y le diera su opinión sobre tan óptima forma física y psíquica. [Añadido mío: Más que porque le dijera el médico, para presumir ante el médico].

Y llegó a la consulta del doctor. Con la misma seguridad y desparpajo que de costumbre, el buen señor empezó a decirle al sexólogo: “Vengo a que me diga si es normal el magnífico estado en el que me encuentro. Ya le digo doctor, todos los días, sin pretexto, ya me entiende usted, todos los días hago el amor… Y vengo a preguntarle si esto es bueno o malo, a que me dé usted su opinión de experto”. Y el médico, sin inmutarse, le contestó: “Mire usted, esto que usted me dice ni es bueno ni es malo. Es, simplemente, mentira”. Y el Senador concluyó su intervención.

Todavía se está riendo el Presidente del Senado que moderaba el Pleno. Y los demás, querido lector de este blog, ni le cuento.

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