MARUJA TORRES: “MANOLO VÁZQUEZ MONTALBÁN ME LLAMABA CORISTA LENINISTA”.

 

P. ¿Cree que la novela gustará a las familias de Manolo y Terenci?

R. Son mi Manolo y mi Terenci. Eran grandiosos, tenían muchos amigos, pero los de la novela son los míos. Además, la única que sale mal soy yo misma: pedante, sentada con el mando a distancia, siempre cerca de la nevera, pensando en el Premio Príncipe de Asturias… Ana Moix me ha llamado hoy [por ayer] y me ha dicho que estaba contenta y feliz. Creo que les gustará, quizá les ponga un poco tristes, pero eso también me pasa a mí.

P. ¿Cómo se le ocurrió la idea de reunirlos en una novela?

R. Cuando fuimos a llevar las cenizas de Terenci a Alejandría en diciembre de 2005. Entonces estaba alejada de Oriente, incluso odiaba Beirut, pero allí, sentí una inmensa nostalgia de mis amigos y maestros muertos. Me di cuenta de que quería seguir viva en un barrio de Beirut como si fuera el de mi Barcelona.

escritora_maruja_torres11P. ¿Enlaza este libro con Un calor tan cercano? En aquél se centraba en su viejo barrio, en su infancia.

R. Éste es ¡Oh, es él!, que escribí sobre Julio Iglesias, pasado por Un calor tan cercano. Me he dado cuenta de que he recuperado el sentido del humor.

P. Desde luego, parece que no le falta. Habla usted de aventuras locas.

R. En la eternidad todo está permitido. La de la alfombra voladora es buena. Vamos los tres volando en ella, Terenci vestido del ladrón de Bagdad, cuando yo veo que no tiene nudos y temo lo peor. Terenci me acusa de turista catalana en Egipto y dice: viene de la meca, de la única meca que existe, de la meca del cine. Pero, insisto, tras todas esas aventuras, lo que hay es que ellos me dan una lección permanente sin pedantería.

P. ¿Cómo conoció a Terenci?

R. Fue una cita a ciegas. Él tenía 15 años y yo 14. Una amiga que trabajaba en la editorial Mateu, me dijo: “Tienes que conocer a un chico de la editorial que se pasa el día hablando de cine y de libros”. Yo trabajaba ordenando los Almacenes Capitolio. Quedamos delante de las Galerías Condal, él llevaba un abrigo oscuro y un sombrero tirolés que se le voló. Nos fuimos a una sesión matinal y vimos Noches blancas de Visconti, luego me llevó al mercado de Sant Antoni a comprar libros de segunda mano y luego, luego me presentó a su hermana Ana y a Pere Gimferrer y luego… toda una vida.

P. ¿Y a Vázquez Montalbán?

R. Yo ya seguía sus crónicas del Tele / Expres y le admiraba. Le conocí en un ascensor del edificio donde estaba la revista Garbo. Yo colaboraba en El Papus y él, tan serio y con aquella voz tan bonita, me dijo si quería escribir en Por favor, que estaba a punto de salir. Dije sí. Era el año 1974 y la noche en que presentábamos la revista supimos que no había salvación para Puig Antich, quisimos suspender el acto, pero Manolo dijo que no que Por favor salía para luchar con esas barbaridades. ¡Qué tiempos! ¡Cuánto aprendí! Manolo me llamaba corista leninista.

P. Se mueve usted entre la nostalgia y la felicidad.

R. Doy gracias a la vida, que me ha dado tanto, y como diría Manolo: “Quien calcula, compra en Sepu”.”Conocí a Terenci en una cita a ciegas; y a Manolo, en un ascensor”

 

[CITA. EL PAÍS. Entrevista a  Maruja Torres. Sobre su libro “Esperadme en le cielo”, Premio Nadal. 08.01.09]

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