HEMINGWAY O LAS CONTRADICCIONES DE MEDIADOS DEL SIGLO XX.

 

Ernest Hemingway

Ernest Hemingway

Manuel Vicent escribe en el suplemento BABELIA, del diario EL PAÍS, un ácido artículo sobre Ernest Hemingway titulado :“Ernest Hemingway: tener o no tener la foto”. (25.04.09). Artículo que comienza diciendo: Hemingway “tenía el don de estar en el sitio exacto en el momento oportuno, siempre que hubiera cerca un fotógrafo…”. Es un duro artículo sobre uno de los grandes escritores de mediados del siglo XX. A mí francamente no me gusta ese tipo de recopilaciones que hace Vicent. Creo que Hemingway, al margen de las críticas que se le puedan hacer como a cualquier otro ser humano, merece un planteamiento más equilibrado, en el que no sólo se recopilen las sombras, planteamiento en el que las luces y las sombras aporten la visión más real y justa de la realidad de las personas. En cualquier caso, allá él.

Hay en el escrito una excepción. Esta excepción se encuentra en la cita por la que Vicent reconoce que Hemingway sabía de qué hablaba cuando escribió “El viejo y el mar”. Los pescadores de Cojímar le enseñaron a Hemingway a no mentir, y la leyenda que corría en ese pueblo acerca de un viejo que peleó inútilmente en medio de la soledad del mar en su pequeño bote con un gran pez le inspiró esta obra de la literatura contemporánea.

Vicent cita a Faulkner quien, al leer el libro El viejo y el mar, dijo que, de pronto, Hemingway había encontrado a Dios. “Ahí está el gran pez: Dios hizo el gran pez que tiene que ser capturado; Dios hizo al viejo que tiene que capturar al gran pez; Dios hizo a los tiburones que tienen que comerse al pez, y Dios los ama a todos ellos”.

En lo que a Hemingway se refiere, me quedo con las palabras de Faulkner. Terminaré diciendo que esto del mundo de la creación está plagado de grandes personalidades, que a veces se unen en grupúsculos, grupúsculos que se destrozan sin piedad los unos con los otros. Allí está el caso de Borges, mencionado por Vicent, quien dijo de Hemingway que éste se suicidó el día en que, por fin, se dio cuenta de que era un mal escritor. ¡Qué mala baba la del insigne ciego argentino!. Repito, los prefiero individualmente. Cuando hablan unos de otros es casi siempre para mal.

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