SOR CITROEN / GRACITA MORALES / PEDRO LAZAGA / PEDRO MASÓ

 

sor_citroen1El sábado 28 de marzo (1) llegué a mi casa allá a las 20:30 de la tarde más o menos, para cambiarme de ropa y salir a cenar. Estaba algo cansado y decidí sentarme unos minutos. E hice lo habitual en estos casos, poner la televisión. Nada más ver la primera imagen, de forma instantánea, reconocí la película. Cualquiera la hubiera reconocido. Hablaban dos monjas, una de ellas con una voz muy característica y chillona: Gracita Morales.

Tampoco era difícil adivinar que se trataba de Cine de Barrio y la película “Sor Citroen“. No me costó nada seguir viendo el final de la película, pocos minutos antes de que el niño pequeño se perdiera y Sor Citroen y la niña, hermana del niño perdido, lo fueran buscando por todos los lados.

Ya en el final, Sor Citroen, castigada por su atolondramiento y sus pifias cometidas por todo Madrid, trasladada a un convento del País Vasco, aparece junto a su padre en la estación de ferrocarril donde ella se había criado. Y antes de subir al tren que la habrá de llevar a su nuevo  destino, Gracita Morales le pide a su padre, el gran Andrés Mejuto, jefe de la estación, que le autorice a dar la salida del tren.

Y así es. La monja Paula, entusiasmada, silbato en boca y  braceando con el banderín rojo en la mano, da la salida, mientras desde las ventanas de uno de los vagones un conjunto de personas la observan sorprendidas. Entre ellas un cura  joven, gordo y sonrosado, que al ver a la monja en función tan inesperada, exclama:  –  ”  ¡ Qué nos ha traído el Concilio…! “.

Por las fechas me imagino que se referiría al Concilio Vaticano II. No iba a ser al Concilio de Trento.

(1). Esta crónica está hecha desde la fecha mencionada. Ciertas dudas han hecho que vacilara en publicarla. Pero no hay razón válida para ello, si acaso, prejuicios tontos.

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