Y MAÑANA EL DERBI… BUENO, EL DERBI MADRID-BARCELONA. EL OTRO, LA PRÓXIMA SEMANA.

 

Hace unos días una amiga, hablando del fútbol, me decía que ella no seguía ningún tipo de información que tuviera que ver con este deporte, y que por eso no sabía responderme a la pregunta que yo le había hecho sobre el próximo derbi Real Madrid-Barcelona. Le contesté que al margen de que siga o no siga la información, hoy es imposible desde todos los puntos de vista, aunque uno se lo proponga, desconocer totalmente lo que tenga que ver con este derbi. Cuando zapeamos en la televisión huyendo de tanta porquería es inevitable que recibamos ráfagas de información, y en esas ráfagas está el derbi. Cuando entramos en el bar, nos acercamos al mostrador y pedimos el café, al lado hay un grupo hablando del derbi. Cuando vamos al quiosco a comprar la prensa, allí está todo el escaparate de diarios deportivos subrayando aspectos que tienen que ver con el derbi. Cuando llegamos al trabajo, siempre hay alguien que nos pregunta si sabemos porqué cadena se retransmite el derbi. Los entusiastas del fútbol nos inquieren sobre qué resultado creemos que va a tener el derbi. Cuando leemos la revista más sesuda sobre la crisis económica, nos tropezamos con la página en la que se explicita la publicidad sobre el derbi. Salimos a descansar un rato a la zona verde más próxima, y allí hay varios niños jugando al Madrid y al Barcelona, enfrascados en una refriega deportiva de inspiración en el derbi.

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Madrid. Calle Alcalá

Y cuando llega el día del derbi, a una hora determinada, descubres que la ciudad se ha convertido en un auténtico desierto, que las calles se han quedado vacías, que los últimos viandantes transitan las calles raudos y veloces como si de una emergencia se tratara. Que cuando llegas a tú casa, te percatas de que estás envuelto en un gran silencio, como si algo terrible estuviera a punto de suceder, ni las aves emiten sus habituales sonidos… Hasta que por fin, un aullido general se apodera del barrio, siendo muchos los que abren balcones y ventanas y vitorean el gol que acaba de meter su equipo, mientras que en el piso de al lado, de inefable vocación culé, el silencio es sepulcral,…

Es imposible sustraerse a una realidad profundamente dominada por el fútbol. Todo es fútbol… Tal es así, que la historia no acaba con el pitido final del partido que da por concluido el derbi. Ni mucho menos. A partir de ese momento comienza la noche de los ganadores, la noche de los claxon, de las banderas, de las fuentes,… del silencio de los demás.

Y cuando a las pocas horas llegas a medio despertar al bar y pides el café con leche con churros, el camarero de turno, el camarero de toda la vida, que sabe dónde pinchar, te guiña el ojo y sonríe maliciosamente, al tiempo que  mueve la cabeza hacia un lado, señalando a alguien que está en el otro lado del mostrador, medio escondido. No hace falta decir más. Ese era el que a lo largo de la semana no hacia más que repetir que nos iban a machacar…

Nunca sirve Antonio las mesas tan rápido y tan contento como cuando ganan los merengues. Tal es así, que al que le ha incordiado toda la semana, va y le pregunta: ¿Cómo desea el chocolate, con nata?

¿Con nata?. Tiene guasa, ¿a qué sí?.

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