BUÑUEL, SILVIA PINAL,… Y EL CONVENTO DE LAS MIGUELAS DE HUESCA.

 

El pasado miércoles, día 22 de abril, recibí a Ángel Garcés, Director del Festival Internacional de Cine de Huesca. Estuvo acompañado del Presidente del Festival y Concejal del Ayuntamiento de Huesca, Domingo Malo.  Me entregaron una propuesta avanzada de lo que habrá de ser la programación de la ya inminente 37 edición del Festival, a celebrar del 4 al 13 del próximo mes de junio. Programación que estuvimos comentando por encima, en una visión rápida. Como les dije a ellos, esta edición del Festival tiene una pinta muy especial, de las que a mí me gustan, con un sabor muy cinéfilo.

Comentando cosas salieron a relucir el monumento a Julio Alejandro, ubicado en la Plaza de la Constitución de Huesca, y Silvia Pinal, la actriz mexicana, protagonista de tres de las películas más emblemáticas de Luis Buñuel: Viridiana (1961), El Ángel exterminador (1962) y Simón del desierto (1965). Era normal que saliera en la conversación porque en esos momentos se estaba celebrando el Festival de Cine de Málaga, Festival éste que ha dado un gran protagonismo en la edición de este año a la película Viridiana. Y como no podía ser de otra manera, Silvia Pinal ha estado en dicho Festival aportando su presencia más que nuevas informaciones, que de hecho ya eran conocidas desde hacía tiempo. No olvidemos que Silvia Pinal y su marido, Gustavo Alatriste, fueron los productores de la mencionada película.

Silvia Pinal en Viridiana

Silvia Pinal en Viridiana

Y de Málaga pasamos a Huesca, y hablamos de la presencia de Silvia Pinal en nuestra ciudad. Se recordará que Silvia Pinal estuvo en Huesca en el año 2000, en el Festival de Cine. Era ya una mujer mayor, de 69 años de edad. En privado, desde una perspectiva personal, era una mujer afable, muy interesada por la realidad de la España de comienzos del siglo XXI, y sorprendía por su curiosidad, por las constantes preguntas que nos hacía.

Preguntaba con frecuencia a quienes estábamos con ella. Mostraba un sentido muy práctico de las cosas. No obstante, cuando llegaban los momentos de aparecer en público, cuando tenía que hablar a los medios de comunicación o dirigirse a los asistentes, pongamos por caso, a una gala o a una cena, Silvia Pinal recobraba toda su vitalidad, su fuerza como actriz, e incluso, en algunos momentos, mostrándose toda radiante, como la estrella que en su día fue.

Mi relación con Silvia Pinal en la 28 edición del Festival Internacional de Cine de Huesca fue breve, pero bastante estrecha, consecuencia de una idea que ella traía en su mente, aquí, a Huesca, que no era otra que la de conocer una orden religiosa femenina en España. Como Alcalde y aficionado al cine, José María Escriche me pidió que hiciera gestiones con la comunidad de las Miguelas, para que fuera posible la visita de Silvia Pinal al convento.

Cuando esto sucedió llevaba yo casi un año de Alcalde y la propuesta de Pepe Escriche me pareció muy adecuada. Ya conocía a la comunidad de las Hermanas Miguelas, una comunidad fantástica, si bien sentía curiosidad por ver cómo se producía aquel encuentro. El encuentro entre unas monjas de clausura y la actriz protagonista de una de las películas más polémicas de la historia del cine. Me preguntaba entonces, y me pregunto ahora, si las hermanas disponían de una información detallada sobre la persona y la figura de Silvia Pinal… Me gustaba ser testigo de aquel encuentro.

El encuentro tuvo lugar en el Convento de las Carmelitas Descalzas, para todos nosotros Las Miguelas. Era la mañana de un día de comienzos del mes de junio y el tiempo acompañaba de forma satisfactoria. Era uno de esos comienzos del mes de junio en los que el verano se adelanta y la temperatura permite ya disfrutar de la sombra.

Y hago este comentario porque el recorrido por las estancias monacales concluyó en uno de los puntos más bonitos y atractivos del convento carmelita: En el exterior, en la zona de la huerta y bajo una espectacular higuera. En la base de la higuera nos sentamos en torno a una mesa de piedra la Madre Superiora, Silvia Pinal, Pepe Escriche y un servidor. Y en un círculo concéntrico exterior, sentadas, el conjunto de la Comunidad. Si digo que a esas horas, muy próximas a las del Ángelus, ese espacio del convento adquiría visos profundamente irreales, no estaré exagerando en absoluto. Hacía calor, se oía el cantar y el revolotear de múltiples pájaros, y los ruidos de la ciudad, produciéndose próximos, sonaban lejanos. Ese espacio parecía otra realidad.

Huesca. Convento de las Miguelas

Huesca. Convento de las Miguelas

Yo observaba. Las verdaderas protagonistas directas eran la Madre Superiora y Silvia Pinal. Silvia Pinal, sorprendentemente conocedora del mundo y de las formas de una comunidad religiosa, principalmente preguntaba, y lo hacía de una forma exquisita, muy respetuosa. Se me antojaba que lo hubiera hecho durante toda su vida. Luego me enteré que Silvia Pinal es una mujer muy religiosa. La Madre Superiora conversaba con tal dignidad que no pude dejar de sentirme orgulloso de ella. Una monja de clausura, de verdad, dando una réplica perfecta a una gran actriz, una de las grandes actrices de Luis Buñuel. Y todo ello, querido amigo lector de este blog, aunque te parezca mentira, en el Altoaragón, en la ciudad de Huesca, a la sombra de una excelente iglesia cisterciense y a orillas del río Isuela.

Silvia Pinal se interesó por todo tipo de detalles que tenían que ver con la Comunidad: Sobre la clausura, sobre el trabajo que realizaban, sobre sus ingresos, sobre las vocaciones, sobre el convento,… Se me ocurre introducir un detalle significativo en la vida del convento: Todavía carecían de agua caliente y de calefacción en la iglesia. No tardarían en tenerlas.

Probablemente Silvia Pinal quería conocer, para comprender mejor el papel que interpretó  de novicia en Viridiana. Y nada mejor que visitar y conversar con religiosas de la tierra de Luis Buñuel, el director que transplantado a México, más fama y prestigio internacional le dio a la actriz, y más protección de producción le dio la actriz al director de Calanda. Seguro que aprovechando su viaje a Huesca quería conocer para comprender parte del personaje por el que sin lugar a dudas ha pasado a la historia del cine. Se podrá pensar que los paisajes y obsesiones de Buñuel eran los del Bajo Aragón; pero, desde México igual da la Sierra de Albarracín que el Pirineo aragonés. Me imagino yo que desde México lo que a Silvia Pinal le interesaba era conocer las raíces y los porqués de lo español.

De lo que sí estoy seguro es de que Luis Buñel difícilmente se habría podido imaginar los pasajes que yo tuve el privilegio de acompañar como testigo: La presencia de Silvia Pinal en el convento de las Miguelas de Huesca. Cuarenta años después de haber rodado su película más conocida y tal vez más significativa, Viridiana, diecisiete años después de haber muerto uno de los sordos más importantes de la historia conocida, su actriz principal (no nos acordaremos en este comentario de Catherine Deneuve y de Jeanne Moreau) vivía uno de los momentos más entrañables y cinematográficos que se puedan imaginar. Y de verdad, no fingido. El tópico aquí se hacía verdad: La realidad se asemejaba a la ficción. Bajo la gran higuera y a orillas del río Isuela la realidad superaba con mucho a la capacidad de fabulación.

Y más que lo anterior siempre recordaré la actitud y la expresión del conjunto de la comunidad siguiendo con la máxima atención la conversación entre la actriz y la Madre Superiora: atentas, sorprendidas, con una expresión de satisfacción que contagiaba una alegría muy especial,… como si de una de las muchas películas que podamos tener en la mente se tratara. Pero no, lo que yo estaba viendo era real y no ficción.

Creo que Silvia Pinal se fue del Convento de las Miguelas con lo que ella esperaba obtener de esa visita. Seguro.

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