EN COMPAÑÍA DE UN BEDUINO POR LOS SENDEROS DE ASFALTO.

Me prometí leer el último libro publicado de José Antonio Labordeta. Lo compré en Huesca y ya antes de abrirlo fue ilustrativa la breve charla que tuve con el dueño de la librería. Tal vez en sus preguntas se adivinaba una cierta curiosidad por conocer las razones que le llevaban al Alcalde a leer el libro.

libro-labordeta002Cuando le hablé de los años 70 pronto me di cuenta que por aquel entonces él era un crío y que, por tanto, las claves generacionales entraban de lleno en las apreciaciones y en los puntos de vista de ambas partes.

Era fácil de entender que en aquellos años cualquier persona progresista en Aragón iba a escuchar a los cantautores a sus conciertos, encabezados por Labordeta, personaje éste que pronto se convirtió en patrimonio de muchos. De allí que, al margen de coyunturas y zarandajas, Labordeta siga siendo patrimonio de la mayoría. Hay cosas que ni se programan ni se controlan. Simplemente lo son, son lo que son, incluso a su pesar.

Aunque a Labordeta, que ya ocupa espacio en la gran repisa de los mitos, también hay que decirle que no pegue demasiados brincos a la hora de hacer historia, que ya no está en edad de ir saltando acequias.

He empezado el libro y me siento a gusto en sus páginas. La verdad es que cuando al principio habla del Congreso yo creo que exagera, y la prueba está que luego habla con mucho respeto, yo diría que hasta con cariño, de bastantes parlamentarios. Esto último me da la impresión que es complicado si antes uno no se ha hecho su acomodo, su espacio, sus amistades, su ir y venir. Si bien nada de esto tiene que ver con coflarse en el escaño y a cumplir a mínimos.

Pero no hay peligro en el libro de que Labordeta se nos encasille en el personaje que todos esperan que sea. Muy hábil, el beduino se nos desdobla y a partir de allí siempre tenemos la posibilidad de saber qué piensa de verdad de muchas cosas José Antonio Labordeta. Las últimas declaraciones que está haciendo como consecuencia de la edición del libro no pueden ser más esclarecedoras al respecto.

Este beduino, aunque a veces anda dando saltos por huebras y rastrojos, en lo que a mí respecta me tiene ganada la partida de antemano: Me cae bien y me gana  por la vía del afecto.

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