IDEAS MOTRICES A PARTIR DE LAS CUALES SE DEFINIÓ Y REALIZÓ EL PROYECTO DEL PARQUE UNIVERSIDAD.

Cuando este Alcalde comienza su gestión al frente del Consistorio oscense en el año 1999,  muy pronto se da cuenta de que una de las grandes asignaturas pendientes que se debían afrontar era todo lo referente a los entornos del río Isuela. Se trataba de la reconversión de una barrera física en un elemento vertebrador de una amplia parte de la ciudad: Los barrios Casco Antiguo, Santo Domingo y San Martín, y  Perpetuo Socorro.

Alberca o balsa

 Durante los últimos 40 años se fue produciendo un paulatino abandono de los entornos del río Isuela. La ciudad miraba hacia otro lado. De allí que a finales del siglo XX las orillas del río Isuela, a su paso por las zonas Almériz y Tenerías, eran un cúmulo de casas sin habitar, de inmuebles en ruina, de tapias semi derruídas y, en general, una suma de vertederos, todo ello cubierto de una amplia vegetación silvestre, símbolo de un abandono generalizado.

Había que recuperar toda esta parte de la ciudad de Huesca. Los objetivos que se perseguían eran los siguientes: Vertebrar, como se ha dicho, los tres grandes barrios mencionados, eliminando la barrera física del río Isuela. Crear un contexto urbanístico excepcional en el que ubicar el Campus Universitario Oscense, potenciando los valores medioambientales del entorno y recuperando los muchos e importantes elementos histórico-artísticos existentes.

No quiero dejar de mencionar que esta zona se consideró como un espacio estratégico para la ordenación del tráfico en la ciudad, especialmente en lo concerniente a la penetración hacia el centro del Casco Antiguo: Museo Histórico, Catedral y Ayuntamiento. En pleno Campus Universitario se definió y construyó un parquin subterráneo y sobre él una magnífica plaza, la Plaza de la Constitución.

 

Dicho todo lo anterior, es importante subrayar que en el gran proyecto enunciado un aspecto esencial fue, y continúa siendo, todo lo referente a los aspectos de carácter medioambiental. En este artículo (en este post) sólo voy a hablar del denominado Parque Universidad

Hace medio siglo toda esta parte de la ciudad de la que hablamos estaba surcada por el río Isuela, río cuyas orillas eran un punto de confluencia y de disfrute para muchos oscenses. A su vez, a un lado y a otro del río había abundantes huertas y  toda una serie de inmuebles característicos, derivados de la propia actividad agropecuaria: Casas de hortelanos, alguna vaquería, establos, alguna chatarrería,… En las llamadas Lomas de las Mártires, además de la Ermita y del Cementerio, cuevas-vivienda excavadas en la arenisca.

A comienzos de la actual década había que recuperar todo aquel patrimonio medioambiental e histórico-artístico, dando cabida a una armoniosa síntesis entre lo antiguo y lo nuevo; entre el ladrillo y la arenisca por un lado y el hormigón por otro; entre la tierra de siempre y el asfalto frío y moderno. Había que conjugar lo tradicional y lo nuevo, había que mantener las raíces y mirar al futuro sin nostalgia.

Había que ponerse a trabajar. Pero al tiempo que pensaba en el qué hacer, pasé a buscar de dónde sacar la financiación, es decir, el dinero. En otras palabras: cómo pagarlo. Ya he contado en este blog, muy a comienzos del mismo, la tarde en la que el entonces Consejero de Obras Públicas y Urbanismo, Don Javier Velasco, me propuso la fórmula legal para conseguirlo y empezar de forma inmediata: la entonces denominada permuta de suelo por obra. Se trata de una alternativa legal, diferente a las convencionales. Dicho y hecho. A los pocos meses se iniciaba todo un proceso de transformación en una de las zonas más deterioradas de la ciudad, hoy con mayor futuro de la misma.

Haríamos, entre otras muchas obras, el Parque Universidad. Pero desde el primer momento tenía muy claro que la mencionada “síntesis entre lo tradicional y lo nuevo” sería la gran característica de este parque. Lo escribí y, posteriormente, lo comenté con los técnicos del Ayuntamiento. Sabía muy bien de lo que hablaba. Estudié en el Colegio San Vicente, justo al lado. Fueron años de pisar y de disfrutar de todo aquel espacio. Aquella realidad, hoy desaparecida o muy transformada, debía retornar de forma muy concreta y evidente.

Pozo Árabe

Pozo Árabe

Empecé por dejar claro que no se debía afectar sensiblemente la orografía del solar sobre el que actuar. Había que respetar lo más posible las formas del suelo, de tal manera que fueran visibles los desniveles del terreno. El agua siempre fue una importante componente de las huertas, de allí que había que materializar y visualizar los ramales de las acequias, así como los pozos principales: Uno, de origen árabe, construido hace mil años, recuperado, excelente. Otro, conservado, a la espera de acabar la urbanización de Santa María In Foris. También de importancia.

El elemento sobre el que hubo una mayor reflexión y puntos de vista contrastados fue sobre la construcción de la alberca, que a mí me gusta más, por razones obvias, llamar balsa. Este tipo de estructuras del agua, construidos en ciudad, suelen ser problemáticas para la gestión de las mismas. El criterio del gestor se movía en la línea de la prudencia, pero al final cedí. Cedí y no me arrepiento en absoluto de haberlo hecho. Todo lo contrario, agradezco, y mucho, la perseverancia de criterio de los técnicos municipales, de Pedro y de Francisco.

[En otro contexto explicaré las técnicas de utilización del agua en esta zona verde de la ciudad.]

La experiencia dice que en una zona verde es muy importante la lógica del trazado de los viales peatonales como elementos estructurantes del conjunto verde. Totalmente verdad. Durante varios años pude observar el tránsito de la gente cuando este espacio era un inmenso solar convertido en  un vertedero de todo tipo. Sobre el suelo se veían perfectamente definidas las rutas, los senderos, preferidos de la gente que habitualmente cruzaba el solar, en distintas direcciones. Esa constancia en el transitar por el solar me convenció y propuse que se adoptara literalmente dicho trazado viario en el proyecto de obra. Trazado que hoy, hecho el parque, funciona muy bien.

Hablando de trazados viarios para peatones, hay que mencionar que en el nuevo parque no podía faltar el correspondiente carril-bici, elemento éste decisivo para una ciudad moderna, pero que además constituye una gran pincelada de color (slurry) verde que enriquece las perspectivas paisajísticas del conjunto.

Carril-Bici

Carril-Bici

Pero probablemente la cuestión que más sorprende en el Parque Universidad es el conjunto de árboles plantados en el mismo. Empezaré diciendo que había un compromiso de transplantar algunas palmeras de otros espacios de la ciudad a este parque, y así se hizo. Es la excepción y yo diría que incluso el elemento exótico. El resto de los árboles debían ser los árboles existentes en nuestro ecosistema, tanto en las zonas de regadío como en las de secano. Éste habría de ser un parque esencialmente de invierno-primavera-otoño. Por tanto, no debía preocupar tanto la sombra como otras muchas opciones a lo largo de los nueve o diez meses que no son el verano puro y duro. Los árboles serían árboles de la tierra, de siempre, pero que hoy en día ya es difícil encontrarlos en el día a día.

Almendros

Almendros

Y así me consta que muchas personas se sorprenden cuando van descubriendo el parque y van viendo que casi todos los árboles dan frutos comestibles, muy conocidos por ellos y, a buen seguro, que muy apreciados también. Porque los árboles del Parque Universidad son almendros, higueras, membrilleros, olivos, litoneros, minglaneros, algarrobos y alguno más que no recuerdo. Todo ello salpicado de hierbas y arbustos estratégicamente colocados a lo largo y ancho del parque. Queda, eso sí, un magnífico pino de hace ya muchos años, que emerge poderoso a orillas del río Isuela. Y al otro lado del río, en la pradera para retozar, también otros árboles comunes (alguna acacia, sauces llorones, varias carrascas, bojes…).

Puente de Tabla

Puente de Tabla

De los tiempos pasados había un elemento que rescatar de la chatarra, que en su día fue una pieza muy importante en el deambular de los oscenses de un lado al otro del río Isuela: El Puente de Tabla. Se restauró y se colocó. Pero esta cuestión la guardamos para otro post.

Y allí está el Parque Universidad. Para la ciudad, para el barrio, para la Universidad, para los mayores, para los niños, para los patos, para los pájaros,… para disfrutarlo, para respetarlo.

Pronto tendrá una pasarela más, en este año: Junto al puente, sobre el río Isuela, de la Avenida Ramón y Cajal.

 

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