CENANDO EN UN CONOCIDO RESTAURANTE.

 

Estábamos cenando en un conocido restaurante de la ciudad, en la parte común con la barra del bar. Habíamos reservado para las 21:45 horas y como suele ser habitual, allí estábamos en punto. No por nada en concreto, sino por mera costumbre, por puro automatismo. Era el sábado de los partidos de fútbol de infarto: Real Madrid – Atlético de Madrid, Barcelona – Atlétic de Bilbao. En la parte de fumadores estaban los mesetarios y en la parte de dentro, los de la costa. A nosotros nos tocó la costa, si bien yo hubiera preferido la Meseta. [Ya sabéis que lo mío es lo de la Meseta]. No dije nada, además el partido estaba ya bastante avanzado, el Madrid iba empatado con el Atlético y por lo que comentaban no tenía muy buena pinta. Me resigné y nos dispusimos a elegir la cena. Para empezar yo pedí una sopa de cocido,  bien caliente. Había hecho fresco a lo largo de la tarde y había terminado cogiendo frío. Ni siquiera logré quitármelo de encima en el Centro Cultural Matadero al que habíamos ido a ver el espectáculo de Justo Bagüeste y Javier Carnicer. Necesitaba tomarme algo caliente y que mejor que una sopa de cocido con fideos.

El Kun y Guti

El Kun y Guti

La zona interior era de no fumadores y por eso los fumadores cada vez que les apetecía se salían hacia la zona de la barra, o incluso alguno hasta la calle. Por mi parte, que después de haber fumado durante cuarenta años, llevo sin hacerlo desde el 2002, me centraba en el fútbol cada vez que unos y otros salían y entraban. Entre los fumadores, el personal del restaurante y los que iban y venían al lavabo, me lo pasaba de lo más entretenido.

Entre ires y venires fue transcurriendo la cena. El partido del Barça y del Atlétic ya era historia, y ahora era el Villareal y el Español, a través de la Sexta, quienes entretenían al personal.  La verdad que este partido era más bien aburrido y resultaba difícil concentrarse en él. Y así fue pasando el tiempo, llegaron los postres, el café y el orujo, y con el café y el orujo, ya en la raya de las cero horas, nos fuimos quedando muy pocos. En éstas el señor que había estado cenando solo y leyendo el periódico termino de cenar y se fue. Llegados a ese momento, unos vecinos de mesa que habían salido varias veces para fumar, se nos dirigieron personalmente. La chica comentó: “Pues yo no lo entiendo. Nos han dicho afuera que no podremos fumar aquí hasta que no se vaya el Alcalde. Pero yo, la verdad, a mí ese señor (por el último que se había ido) no me suena de nada, no creo que sea el Alcalde de Huesca”.

Nosotros nos miramos y como no sabíamos que decir, y habiendo pagado ya, nos levantamos con normalidad, nos pusimos la cazadora y nos despedimos. Ese es un sitio muy majo para cenar.

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