DEPÓSITO DEL AGUA DEL CASCO ANTIGUO: SÍMBOLO SIGNIFICATIVO DE LA CIUDAD DE HUESCA. REFLEXIÓN (III).

 

Huesca. En primer plano, Glorieta del Convento de las Miguelas. Al fondo, Residencia Casa Amparo (residencia de mayores). En el paisaje, la silueta del Depósito del Agua.

Huesca. En primer plano, Glorieta del Convento de las Miguelas. Al fondo, Residencia "Casa Amparo" (residencia de mayores). A la derecha, Grupo Madre Pilar. En el paisaje, la silueta del Depósito del Agua.

La reflexión sobre qué hacer con el Depósito de agua no ha concluido en este blog. Si se observan las fotografías que se van poniendo como ilustración en todos estos textos sobre el Depósito, se verá que responden  a todo un recorrido intencionado que va desde la rotonda de Salesianos, pasando por la glorieta de las Miguelas, hasta colocarse en el teatro de la Calle General Alsina y siguiendo las orillas del río Isuela. Este itinerario fotográfico pretende intencionadamente constatar la presencia del Depósito en el Casco Antiguo de la ciudad, su influencia en el paisaje (otros hablarían del impacto) y, en definitiva, una propuesta para reflexionar sobre la conveniencia o no de mantenerlo, y en su caso de cómo, para qué y con qué aspecto.

En los artículos anteriores ya hablaba de esta cuestión. Y entre otras cosas esbozaba propuestas para el comentario, tales como la inercia y la rutina que se genera en los ciudadanos a raíz de la constante visión de los elementos urbanos en el paisaje de la ciudad. Como decía, llega un momento que miramos pero casi no vemos, es decir, nos acostumbramos, y desaparece de nuestra percepción el impacto, la presencia real, la disfunción o la coherencia del elemento de que se trate. Pues bien, ahora se trata de mirar y de ver, de analizar, de considerar el Depósito en el espacio concreto (el Casco Antiguo) y en el paisaje global de la ciudad. Y reflexionar sobre ello, hacer propuestas.

Cuando llegué al Ayuntamiento en el año 1999 sentía hacia el Depósito una cierta incomprensión. Pasado el tiempo, se produjo en mí una reacción paradójica: Cuantos más rompimientos de cabeza me generaban los problemas globales del agua en la ciudad, parte de los cuales tenían que ver con esta infraestructura hecha hace cincuenta años, más comprensión iba teniendo hacia el mismo. Una noche de verano, estando sentado en las gradas de la Plaza General Alsina, tuve ocasión de contemplarlo tranquilamente. En ese momento comprendí que, al margen de que en el futuro el Depósito continuara o no teniendo una función para el servicio del agua, el Depósito como estructura se debería mantener, y si no era necesario para el mismo, habría que buscarle otra función. Ello al margen de las posibles actuaciones que se puedan realizar en su exterior.

Conforme va pasando el tiempo me convenzo más de que dicho Depósito constituye ya una seña de identidad de la ciudad, del paisaje de la ciudad. Debemos incorporarlo al conjunto de nuestros símbolos significativos. Trabajemos sobre esta idea.

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