MI 23 DE FEBRERO VISTO 28 AÑOS DESPUÉS.

 

Intento de Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, veintiocho aniversario. No tengo ningún interés personal en recordarlo, si bien considero que tengo una obligación política de dejar testimonio escrito de ese momento. Seguro que alguna utilidad terminará teniendo: El testimonio de un ciudadano de tantos.

manifestacionEn el curso escolar 1980-81 ya estaba ejerciendo en el Instituto de Bachillerato Ramón y Cajal de la ciudad de Huesca. Por tanto, el fallido Golpe de Estado me cogió en la ciudad de Huesca. (Me cogió, me coge, cuántas veces he oído esta expresión narrando acontecimientos importantes, de la Guerra Civil española, por ejemplo: Me cogió en…). Estaba casado y tenía una hija, María. Fernando David nacería al año siguiente.

Durante el período -1980,1981,1982,-, la recién nacida democracia española pendía absolutamente de un hilo. Fue un milagro que no se fuera a pique. Todos los conspiradores natos, los extremos (ultraderecha y ultraizquierda), así como los nacionalismos violentos, estaban decididos a acabar con el recién nacido sistema democrático, para llevarse cada cual el agua a su molino.

Recordaré que las conspiraciones de carácter eminentemente militar se sucedían de manera ininterrumpida. ¿Quién no recuerda las viñetas de Peridis en el Diario El País con la espada dibujada sobre la cabeza de los máximos responsables gubernamentales…?. Cuando Adolfo Suárez llega a la Presidencia del Gobierno, a la Moncloa, no dispone de ningún sistema de información del Estado, coherente, profesional y de fiar. Presidencia de Gobierno estaba indefenso ante cualquier cosa que pudiera ocurrir.

Salvando las distancias, que eran muchas, se me ocurre que algo parecido se estaba produciendo en el fondo a lo ocurrido en el año 1930, cuando se estaba fraguando la Sublevación de Jaca. [Escribo de memoria]. “Sabe usted y sé yo que están conspirando contra el Gobierno, organizando una sublevación…“, le decía el General Mola Vidal en una carta al Capitán de la Guarnición de Jaca Fermín Galán, en fechas próximas a la Sublevación. “Cuando venga usted por Madrid, pásese usted por este Ministerio y hablaremos…“, le propuso el entonces responsable de la seguridad del Estado al líder de la futura sublevación, Fermín Galán. Algo así se me antoja, en el sentido de indefensión del Estado, que ocurría en los inicios de la Transición Española. O poco más. Repito, la democracia se hundía sin remedio.

jaca212Recuerdo, como si lo estuviera viviendo en estos momentos, que en la Navidad de 1980, estando ya ejerciendo en el Instituto Ramón y Cajal de Huesca, me trasladé en varias ocasiones a la ciudad de Jaca para ultimar con María Luisa Bailo, Catedrática de Geografía e Historia del Instituto Domingo Miral de Jaca, un libro de texto sobre la Geografía e Historia de Aragón. Libro en el que intervenían también los Catedráticos Vicente Bielza de Ory (geografía) y Agustín Ubieto Arteta (historias antigua y medieval). Se trataba de una colección de enfoque autonómico que estaba preparando la Editorial ANAYA con el fin de adaptarse editorialmente a la nueva realidad territorial del Estado español y colaborar así con las nuevas instituciones. La España de los inicios de los ochenta comenzaba a estructurarse territorialmente conforme a lo establecido en la Constitución Española de 1978.

En dichos días de trabajo, en la Navidad de 1980, hubo tiempo para todo: Para trabajar en el libro y para comentar sobre el momento político. En esas conversaciones, con un carácter casi de confesión, le expresé a María Luisa Bailo mi preocupación por lo que estaba sucediendo. No dejaba de repetir mi impresión de que el muy débil sistema democrático corría un grave peligro. Le comente que llevaba tiempo pensando en afiliarme a un partido político, como señal inequívoca de la necesidad de comprometerse con la Democracia y defenderla por la vía de la actividad política. En 1980 llevaba varios años sin pertenecer a ninguna organización política. En los últimos años de la década de los setenta había dejado Convención Republicana y había realizado mi particular travesía del desierto.

En esos años que describo pertenecía también al Instituto de Bachillerato “Domingo Miral” de Jaca, Ángela Abós Ballarín, militante ya en ese momento del Partido Socialista, compañera de Instituto, con la que me unía y me une una buena relación.

Calvo Sotelo, Gutiérrez Mellado y Adolfo Suárez

Calvo Sotelo, Gutiérrez Mellado y Adolfo Suárez

La Navidad terminó, comenzó el año 1981 y empezaron a precipitarse acontecimientos que agravaban cada vez más la situación económica, política y social de España: Múltiples asesinatos de ETA, el secuestro de personalidades relevantes del Estado, así como la dimisión  del Presidente Adolfo Suárez, y el paréntesis correspondiente hasta la elección de su sucesor, Leopoldo Calvo Sotelo, hicieron que el país fuera hacia la deriva.

Hoy, aquello nos puede parecer simplemente Historia. Yo lo recuerdo con desasosiego. Y llegó aquella sesión del Congreso de los Diputados para votar al señor Leopoldo Calvo Sotelo como Presidente del Gobierno de España, tras su propuesta por el Rey Juan Carlos. Era la tarde del 23 de febrero de 1981.

Aquella tarde del 23 de febrero de 1981 tenía programada una reunión de trabajo, en Huesca, en mi domicilio, con María Luisa Bailo para concretar los últimos detalles de los últimos capítulos del libro mencionado con anterioridad. Vivía en la Avenida Doctor Artero, número 19. (Qué casualidad, ¿verdad?). Era una tarde de tantas de invierno, de los somontanos oscenses. Teníamos que aprovechar bien el tiempo porque María Luisa tenía que retornar a Jaca, y en aquellos años las carreteras en invierno eran sensiblemente más inseguras que ahora. Y comenzamos a trabajar.

Recuerdo perfectamente que en el capítulo sobre el franquismo (1939-1975) estábamos redactando una nota que decía, como indicación a la

Santiago Carrillo

Santiago Carrillo

 Editorial: “Póngase una fotografía significativa de una procesión religiosa de los años de la posguerra, en la que aparezcan las autoridades militares, civiles y religiosas del lugar correspondiente”. Justamente, en ese momento, entre las cinco y las seis de la tarde, fue cuando se nos comunicó que algo estaba sucediendo en el Congreso de los Diputados. Como tantos y tantos otros españoles pusimos la radio, y poco a poco llegamos primero a la sospecha, y muy pronto a la conclusión de que estábamos siendo víctimas de un Golpe de Estado en toda regla, nada más y nada menos que secuestrando a los representantes de la soberanía popular y al Gobierno de la Nación en funciones en el Congreso de los Diputados. Hablamos algunos minutos y decidimos interrumpir el trabajo. María Luisa quiso volver inmediatamente a Jaca. Yo permanecí con mi familia en mi domicilio.

Iñaki Gabilondo

Iñaki Gabilondo

El resto de las horas me imagino que fue muy idéntico al de otros muchos españoles. Estuvimos pendientes de la televisión y de la radio. La televisión no decía nada de lo que nos interesaba a todos. La gran fuente de información fue la radio. La noche del 23 al 24 de febrero de 1981 fue la noche de los transistores. La apuesta de los profesionales de la radio por la defensa del sistema democrático fue total.

En mi casa mantuvimos en todo momento un comportamiento de normalidad pensando sobre todo en María, una niña de casi cuatro años. Ella no debía apreciar nada anormal en el comportamiento de su familia. De siete a diez de la noche vinieron algunos amigos, con los que intercambiamos opiniones. A partir de las once de la noche, y viendo que no tenía lugar la comparecencia del Rey a través de la televisión, decidimos que me quedaba yo pendiente, siguiendo la radio y la televisión a la espera de noticias.

Tirando a la medianoche tuvo lugar la intervención del Rey. Al verlo en

Juan Carlos I

Juan Carlos I

 televisión y escuchando con máxima atención sus palabras tuve la seguridad de que el intento de Golpe de Estado estaba fracasando. Las palabras del Rey me dieron tranquilidad, pero no toda la tranquilidad. La pregunta era qué podían estar tramando elementos incontrolados de la ultraderecha española. En Huesca la normalidad en las calles era total. Me consta que algunos ultraderechistas oscenses estuvieron haciendo listas durante varias horas.

La noche fue transcurriendo muy lentamente. Las  noticias se producían con una desesperante lentitud. Nunca tantas personas habremos pasado tantas horas contemplando en imágenes fijas la fachada principal del Palacio del Congreso de los Diputados, la parte correspondiente al final de la Carrera de San Jerónimo, delante del Hotel Palace, lugar de operaciones de las autoridades civiles y militares leales a la Constitución, a la Corona y a la Soberanía popular.

Pasaban las horas y las imágenes fijas apenas reproducían el lento goteo de personas que se movían en dicho espacio. De cara al amanecer las noticias fueron cada vez más concretas y esperanzadoras, tanto en lo que se refería al Palacio del Congreso de los Diputados, como a lo que ocurría en Madrid y en sus grandes acuartelamientos. Más allá de lo que veíamos por la televisión y escuchábamos por la radio, obedecía más a nuestro deseo de que las cosas acabarán bien y cuanto antes, que a una certeza objetiva de lo que se iba transmitiendo. Junto con la televisión y la radio, las informaciones telefónicas a partir del boca a boca fueron elementos complementarios de certeza que contribuyeron a generar calma y tranquilidad.

ventana1Estaba amaneciendo. Comenzaba la mañana del día 24 de febrero. La inquietud era general. Todo el mundo estaba a la espera de obtener certezas que confirmaran todas las vías de información transmitidas por la noche.

En mi caso, la certeza psicológica la tuve cuando, allá sobre las siete y media u ocho de la mañana, vi a través de la televisión salir a muchos guardias civiles del Congreso de los Diputados por una de las ventanas de la planta baja del edificio. Entonces me fui a dormir.

A lo largo de la noche había decidido, de forma irrevocable, afiliarme al Partido Socialista Obrero Español. En el mes de junio del año 1981 se me comunicó la aceptación de mi afiliación en la Agrupación Socialista de la ciudad de Huesca. Pertenezco a la generación de nuevos militantes del PSOE surgidos del 23 de febrero. Hasta hoy.

En resumen, ésta es una breve síntesis del 23 de febrero de 1981 vivido por Fernando Elboj. 

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