DUELOS Y QUEBRANTOS. CENANDO EN ÓPERA EN UNA FRÍA NOCHE CASTELLANA.

 

Eran las nueve y media de la noche y se había ido al garete una reunión de cosas de Parlamentarios. Como suele pasar en estas ocasiones, surgió la propuesta que hizo una de las compañeras y nos encaminamos hacia la zona de Ópera, y una vez allí, a la calle Santa Clara. Íbamos a cenar, y recalamos en el restaurante Marta.

Panorámica de la ciudad de Madrid

Panorámica de la ciudad de Madrid

Era una noche de febrero y estábamos en la Meseta. A mí me gusta hablar de La Meseta. Hacía frío, un frío seco de éstos que van calando poco a poco, hasta que por fin lo notas en los huesos.

En el restaurante Marta se estaba bien. Eran las diez y pico. Al entrar aprecié como el personal reaccionaba de inmediato. El grupo recién llegado, conformado por ocho ‘cenadores‘, fue una bocanada de clientes y ello se dejó apreciar en la actitud de los camareros. Se les notaba contentos. Se quiera o no, la sombra de la crisis es muy alargada.

El ‘Marta‘ es un restaurante de comida típicamente castellana, elaborada con la finura que le caracteriza a la hostelería de cristianos viejos. Pedimos unos entrantes y allí aparecieron la morcilla con cebolla de Burgos, los pimientos asados con tomate, las croquetas de bacalao desalado,… No me resisto a citar la estupenda sopa castellana que pidió alguno de los comensales. Sopa castellana muy similar a nuestras sopas hervidas, que no sopas de ajo. El vino lo pedimos de las orillas del Duero. La cerveza, ya no lo sé.

duelos-y-quebrantos2De segundo cada cual solicitó su opción. La mayoritaria fue “duelos y quebrantos”. Al leer la carta nadie sabía a que podía hacer referencia el nombre tan singular. Nos llamó la atención el apelativo del plato y comenzamos a preguntar. Merecía la pena. Duelos y quebrantos: Podía tener algo que ver con la imaginería castellana. La investigación dio un resultado sorprendente. Habíamos ido a dar con un plato muy apreciado en Aragón, los “huevos rotos”. Y algunos los solicitamos.

Si se comparan los nombres algún parecido si existe: Quebrantos y rotos, quebrantos y rotos y el dolor consiguiente. Pero esto es una apreciación. En la práctica lo que comimos en el restaurante Marta fue un excelente revuelto, en el que los tropezones de tocino blanco inyectaban en la patata y el huevo un elixir culinario, incitador a la trasgresión de cualquier prudencia en materia de manjares y dietética. Diré que dicho plato poseía un sabor delicioso y un tacto al paladar como pocas veces he probado.

Huevos rotos

Huevos rotos

No obstante, siendo estupendo este plato de “duelos y quebrantos”, nuestros “huevos rotos” son otra cosa. En Huesca los he comido de distintas formas, pero los que a mí me gustan más son los que hacen en el restaurante Bazul. Huevos rotos: Buenos huevos, buenas patatas, buen aceite. ¿Ajos también?. Las patatas fritas han de ser cortadas de forma alargada y grosor evidente, y quedar tersas pero a la vez tiernas; los huevos fritos al estilo de “Las Miguelas” y “destrozados” sobre las patatas como si de una operación a lo Lucio se tratara. Romper, no chafar, no mezclar. Una coexistencia pacífica y al tiempo reivindicando identidad entre las patatas y los huevos. Arte e inteligencia, y buena materia prima.

Volveremos al restaurante Marta en la calle Santa Clara en la zona de Ópera, junto al Palacio Real, en Madrid.

Y habiendo acabado esta crónica, deseo dejar constancia que el culpable de la misma es mi compañero y amigo Senador por Teruel, Don Ángel Luis Lacueva quien en su blog dejó sentado que yo me encargaría de hacer el relato de los duelos y quebrantos. Lo que él no sabía es que esta crónica le va a costar una invitación en Alcañiz, invitación a la que tendrá que acudir otro gran amigo mío del Bajo Aragón, Don Rufino Foz.

Dicho queda al mundo pleno.

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