ÉRAMOS POCOS Y PARIÓ LA ABUELA

 

Mi madre, montañesa de origen, se crió en el entorno catedralicio de Huesca rodeada de curas y de jueces. Ese ambiente, que algún día contaré con detalle, se lo oí describir muchas veces, en conversaciones de mayores. Mi madre, María del Rosario Broto Cosculluela, nacida en Arcusa, se crió con su tío-abuelo, párroco de la parroquieta anexa a la Catedral de Huesca. Don José. En ese ambiente mi madre escuchó mucho y, como era habitual en aquellos años, no habló nada. Escuchó y aprendió.

Y por qué digo todo esto. Porque de entre las muchas cosas que yo le oí contar cuando era un crío estaban las referentes a la figura e imagen de algunos de los jueces que frecuentaban las dependencias del mundo catedralicio. Mi madre hablaba de pequeños grupos de personas, que se reunían y que no frecuentaban otros espacios públicos de la ciudad.  Siempre destacaba este hecho como un símbolo característico, una cierta soledad, la de los jueces, consecuencia de la importante función que desempeñaban. La conclusión que yo sacaba era la de un cierto aislamiento de cara a poder desarrollar su función con mayor independencia, sin ataduras ni condicionantes. Ésta era mi conclusión, que mi madre subrayaba convencida de la bondad de su afirmación.

caceria12Y por qué sale a relucir todo esto. Pues sale a relucir por el tema de la cacería. Perdóneme, señor lector de este blog, mi impertinencia, pero yo creía que esto de las cacerías pertenecía a otro tiempo. Pero no es así. Tal es así, que una cacería, que por lo visto ha tenido lugar uno de estos días pasados, está montando una buena polémica y está sirviendo de argumento poco menos que de gran coartada que explica definitivamente la conspiración y consiguiente asesinato de uno de los grandes hombres de la historia, Julio César. O algo así, porque estos días ando un poco despistado con la puesta en marcha de las obras del Fondo Estatal de Inversión Local.

En cualquier caso, esto de la cacería, y lo que acabo de decir del gran político romano, me recuerda aquello de que la mujer del César no sólo debe ser decente sino también debe parecerlo. Y claro, si con la que está cayendo, coinciden en una cacería un Ministro, el de Justicia, y un juez, pero no cualquier juez, pues llevamos todos los números del sorteo de la rifa para que nos toque el primer premio. Que fue una coincidencia, pues bien. Pero allí alguien tenía que haber pensado que la significación de la imagen que se iba a dar era inoportuna. Que todo el mundo tiene derecho a pasar su tiempo de ocio como quiera y con quien quiera, por supuesto. Por supuesto sí, pero con matices. La experiencia dice que los responsables institucionales y políticos debemos cuidar en todo momento la posible repercursión de nuestras acciones, incluso de las más intrascendentes. Es una carga, guste o no guste, parezca lo que parezca.

Nota: Por cierto, ¿alguien se cree en serio, que si un Ministro y un juez quieren conspirar, necesitan irse a una cacería, invitados por un ex concejal popular, en presencia del múltiples testigos,…?.

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