“MIS PADRES ME PONÍAN EL NESQUIK BIEN ALTO PARA QUE ME ESFORZARA AL COGERLO. SE LO AGRADEZCO MUCHO”. (Juan Manuel Montilla ‘El Langui’).

 Estuve viendo la Gala de los Goya y como era previsible se produjeron algunas sorpresas, eso, previsibles. Por ejemplo, el premio al mejor actor novel al “Langui“. No he visto la película ni tampoco he leído muchas cosas sobre la misma. Pero viéndolo a él y oyéndolo hablar pues ya te imaginas como es y te cae bien sólo con verlo recoger un Goya. Me pareció un tío estupendo y se me ganó cuando contó la ya inmortal frase del Nesquik, les daba las gracias a sus padres por haber puesto siempre el Nesquik bien alto para que se tuviera que esforzar al cogerlo, como un ejercicio de esfuerzo y superación. Y lo dijo, animó a superarse a sí mismo, a hacer un esfuerzo por superarse, por conseguir lo que uno quiere. Un discapacitado que por los apellidos no es de muy lejos. “El Langui” y Zannou.

El Langui y Zannou

El Langui y Zannou

Uno de por aquí y el hijo de un inmigrante. Fueron muchas las veces que a lo largo de la Gala lo enfocó la cámara. Y aparte de hablar un castellano perfecto, Santiago me dio la impresión de ser un sentimental, propenso a emocionarse. No está mal. Un hombre de color que quería hacer cine y lo ha conseguido, al extremo de obtener un Goya a la mejor dirección novel. Me parece estupendo.  Me supongo que Zannou debió pasar una Gala de emociones contradictorias. Pero el que de verdad se lo debió pasar fenomenal fue el padre de Zannou, que sentado (creo) al final de las butacas del Palacio de Congresos Juan Carlos I de Madrid, explotaba de alegría cada vez que se daba cuenta de que su rostro aparecía en una pantalla de la sala. Reaccionaba como un chiquillo en idéntica situación. Unas y otras secuencias e imágenes se convertían así en un cinéma vérité de primera categoría, pienso que sin buscarlo pero magníficamente encontrado.

Además hubo otros muchos retazos de humanidad y de compromiso reivindicativo, que demuestran como los hombres y mujeres del mundo del cine reflejan lo que pasa en el mundo exterior a las salas de proyección, más en sus propias personas y manifestaciones que en sus obras cinematográficas, entre otras cosas porque éstas se suelen perder en el marasmo de un mundo globalizado en el que es muy difícil localizar las cosas. Es muy fácil tropezarse al azar con cosas muy interesantes, pero es muy difícil, repito, encontrar lo que uno realmente busca.

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