¡ANDAAA, SI ES EL REY…!

 

Escribía hace unos días sobre la enorme curiosidad que caracteriza  a los niños y a las niñas de pocos años. La acción se centraba en la Plaza de Santa Clara, en Huesca, la víspera del día de San Antón. Todo lo que tiene que ver con los pequeños siempre me resulta muy entrañable, y en esa percepción aflora mi profesión. Cuando acudo a un colegio, los niños y las niñas ejercen una gran atracción de tal manera que aún no he llegado al centro ya estoy rodeado de niños y de niñas. Yo creo que ellos se percatan de mi simpatía hacia ellos y reaccionan de inmediato. O cuando me los tropiezo por la calle. Con frecuencia grupos escolares visitan edificios de interés histórico-artístico, y en ese ir y venir, cuando me encuentro con ellos no me resisto a pararlos y a preguntarles cosas: De qué colegio son, en qué curso están, a dónde van, de dónde vienen, cómo te llamas tú,… y toda retaila de preguntas que pueda sugerir el mínimo detalle: Una bufanda, un pinc, un escudo, una camiseta, un bocadillo, unas zapatillas,… en fin, cualquier cosa que sugiera y motive la conversación. ¿Tú cómo te llamas?, y ¿tú eres del Peñas?, ¿no me digas qué todavía no te has comido el bocadillo?… y en ese deambular y preguntar, los maestros y maestras siempre les hacen la pregunta: A ver, ¿sabéis quién es?. Con frecuencia lo saben. Y a la anterior pregunta le sucede la  segunda: ¿Y sabéis cómo se llama?. Aquí ya aciertan menos…

Huesca. Colegio San Vicente. Patio de recreo. Visita.

Huesca. Colegio San Vicente. Patio de recreo. Visita.

Es una delicia estar charrando con los críos. Aunque en esto de los encuentros y las preguntas también hay sus chascarrillos y también he aprendido yo a andar con cuidado para no dejarme llevar de la vanidad y sufrir algún chasco morrocotudo. Pondré un ejemplo de chascarrillo escolar. Fui una vez al Colegio Pío XII de Huesca y como es habitual fuimos visitando toda una serie de clases para ver el estado de la pintura, el mobiliario, las persianas, en fin todos aquellos elementos que entran en el concepto de bienes muebles a mantener. Y sobre todo porque a mí me gusta ver las clases y hablar con los chicos y chicas. Y ese día, en una de las clases que recorrimos que debía ser de cuarto de primaria, dejándome llevar de mi natural imprudente le pregunté a una niña de color, muy sonriente y espontánea: ¿Quién soy yo?. Y la respuesta fue: “Aznar“. Como no me lo esperaba, mi chasco fue morrocotudo. El director del centro, la maestra de la clase y los que me acompañaban, así como algunos otros niños y niñas, no lo pudieron evitar y comenzaron a reírse a carcajadas. Herido en mi amor propio, pero utilizando mis mejores habilidades, disimulé como pude. Ese día aprendí que preguntar según qué, y más si son niños, puede acarrearte sorpresas inesperadas. Por eso ya no pregunto: “A ver, ¿Quién soy yo?”. Las preguntas se las dejo a los maestros y a las madres, que tarde o temprano terminan formulándolas.

Chascarrillo más llevadero se produjo en este sentido en el patio de recreo del Colegio San Vicente. Al entrar en el recinto, en hora de recreo, y avanzar hacia la puerta principal, un grupo de chicos y chicas de ocho o diez años que se percataron de mi presencia, se acercaron y una de las niñas muy sorprendida exclamó: “¡ Andaaa, si es el Rey!”. Bueno, en esta ocasión el que presume de ser republicano termina convertido en monarca. Cierto como la realidad misma. Repito, son un encanto. 

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