EN UNA SOLEADA TARDE EN LOS PASILLOS DEL SENADO HACE UN CUARTO DE SIGLO.

enero 30, 2009

 

Más de uno me ha peguntado el por qué había hecho referencia a la figura de Don José D. Prat García en el último escrito. Me imaginaba que esta pregunta se me haría sobre todo al no haber tenido tiempo material de redactar esta crónica, en la que como verán las cosas quedan descritas y razonadas. Todo tiene que ver con mi último viaje a Madrid el pasado día 28 de enero, con motivo del desarrollo de la I Jornada de Acción Municipal Parlamentaria que tuvo lugar en el Congreso de los Diputados.

Como ya he comentado en alguna otra ocasión, ciertas vivencias, al margen de su importancia objetiva, se graban con tal fuerza en nuestra mente que, pasado el tiempo, en circunstancias similares, reaccionamos con idéntica precisión a la primera vez que se produjo la motivación.

La vivencia que motiva estos dos escritos tiene como protagonista especial a Don José D. Prat García, y como actor secundario al que suscribe este blog. Como he dicho antes, el pasado miércoles estuve en Madrid. Llegué a las ocho treinta de la mañana a la Estación de Atocha y como la reunión que me convocaba comenzaba a las diez horas, decidí trasladarme al Senado para hacer algunas gestiones.

Madrid. Senado. Salón de los Pasos Perdidos.

Madrid. Senado. Salón de los Pasos Perdidos.

Una vez en el Palacio de la Plaza de la Marina Española, recorrí los pasillos y estancias pertinentes. Prácticamente no había nadie. El período de sesiones todavía no ha comenzado. Recorrí en solitario ese enorme y precioso museo que es el edificio antiguo del Senado, y en ese ir y venir me acordé de Don José D. Prat García. Yo iba vestido con una chaqueta de pana, de color cobrizo, unos pantalones vaqueros, camisa blanca y corbata roja. Y me acordé de él porque, hacía un cuarto de siglo, Don José me hizo alguna sugerencia por mi forma de vestir. Hace un cuarto de siglo y el pasado miércoles este Senador que les habla iba vestido de una forma similar .

Pero, puede que haya quien no recuerde a la persona mencionada, a Don José D. Prat, y será bueno refrescarle la memoria.

Pues bien, en la primera legislatura que fui al Senado (1982-1986), Don José D. Prat García era uno de los Senadores más veteranos. Como se suele decir, era, y nunca mejor dicho, un histórico del Socialismo español. En aquellos años, las Cámaras Legislativas constituían un foro emblemático, con grandes personalidades, verdaderos protagonistas de la Historia Contemporánea Española. Recuérdense en los primeros años por ejemplo, a Rafael Alberti, Manuel Fraga, Santiago Carrillo, José María Areilza, Dolores Ibarruri,…

En el Senado tuve el privilegio de tratar, a partir de 1982, con Ramón Rubial, Carlos Barral, Jordi Maragall i Noble, José Vidal Riembau, Juan Rodríguez Doreste, Pere Portabella, Celso Montero Rodríguez, Manuel Cuña Novás, Enrique Casas Vila, Juan Antonio Arévalo Santiago,.. y con Don José D. Prat García. Eran otros tiempos, se iba cerrando la Transición.

Don José D. Prat García era un Senador muy querido en la Cámara Alta. En 1983 tenía 78 años. Era toda una autoridad. Todo el espectro político le reconocía su talante democrático y su forma de ser. Ya lo he mencionado en el escrito anterior: Era una persona de grandes convicciones y todo un caballero. Un humanista como lo demuestran sus libros, sus infinitas colaboraciones periodísticas y, por supuesto, sus intervenciones en el Pleno del Senado. Todos le teníamos un gran respeto.

Por contra, cuando yo llegué al Senado para iniciar la Legislatura 1982-1986, tenía 36 años. Llevaba poco más de un año en el Partido Socialista. Procedía de Convención Republicana. Era uno de tantos profesores que vivimos desde un planteamiento de izquierdas la oposición al Tardo Franquismo. Y que cuando se produjo la descomposición de Unión de Centro Democrático (UCD), y sobrevino el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, decidimos sumar nuestro compromiso para conseguir la estabilidad democrática de España. Y llegué al Senado…

0031A los pocos meses de iniciarse la Legislatura, una plácida tarde, una de esas tardes que invitaban a las largas conversaciones por los pasillos del Senado, y sobre todo del Salón de los Pasos Perdidos, un ujier me susurró casi al oído: “Senador, le solicita Don José Prat que vaya usted a hablar con él”. Le di las gracias al ujier y considerando de quien se trataba, dejé el escaño y fui a su encuentro. Don José, buscando un espacio de discreción y sin ningún preámbulo, me dijo: “Senador Elboj, me gustaría que meditara que venir al Senado vestido con pantalón vaquero tal vez no sea la forma más adecuada de hacerlo de cara a la Institución“. Lo hizo con su habitual tono de voz, muy suave y afable, y a la vez, rozándome apenas el brazo, en un gesto de cercanía. Dicho esto, cambió de contenido de conversación.

Era un recién llegado y Don José era un histórico militante del Partido Socialista. Yo tenía 36 años y consideré que debía interpretar adecuadamente su sugerencia. No tanto porque estuviera de acuerdo con el fondo de la cuestión, hacía muchos años que vestía la pana y los vaqueros, sino por quién me lo decía. A mí me educaron en el principio de respeto a los mayores y en unos valores que pasan entre otras cosas por reconocer la autoridad y la experiencia de nuestros antecesores. Y Don José Prat era y es todo un punto de referencia.

Como es para mí un punto de mi propia identidad vestir como lo he hecho a lo largo de muchos años, siempre con un criterio pragmático, alejado de modas y demás, pero sí manteniendo ese mínimo común denominador que en este aspecto nos une a las generaciones. Sin más importancia.

Aunque, si lo pienso bien, como Senador, si tuviera que elegir entre la chaqueta de pana y el pantalón vaquero, y la túnica con toga que vestía el Senador Charles Laughton, pues, ya veríamos.

Supongo que leida esta crónica, más de uno se habrá preguntado: Pero, ¿continuó llevando la chaqueta de pana y los vaqueros en sus asistencias a la Cámara Alta, tras la conversación con el señor Prat?. Respuesta: Dependía, de forma matizada y en función de la coyuntura. No olviden que yo también soy profesor de Historia, como Don José.


DON JOSÉ D. PRAT GARCÍA, UN SOCIALISTA HISTÓRICO, HUMANISTA Y DEFENSOR DEL CONSENSO Y LA INTEGRACIÓN.

enero 29, 2009

 

Don José Prat Garcia

Don José Prat García, un socialista histórico.

Don José Diosdado Prat García, natural de Albacete, nació en el año 1905 (el día 10 de agosto, festividad de San Lorenzo, patrón mayor de la ciudad de Huesca) y murió en 1994 a los 89 años. Abogado y político español estuvo influido desde su juventud por la formación krausista y liberal de su padre. Estudió Derecho por la Universidad de Granada y se relacionó con uno de los grandes de la historia del Socialismo Internacional: El Catedrático Fernando de los Ríos, gran impulsor de la Escuela Pública durante la Segunda República Española.

Durante la Segunda República, incluida la Guerra Civil Española, desarrolló un importante papel institucional y político. Don José D. Prat perteneció a la corriente más moderada del PSOE. En el año 1933 fue elegido Diputado en Cortes por la provincia de Albacete, puesto para el que sería reelegido en las elecciones de 1936. Durante los años de la Guerra Civil ocuparía cargos en la Administración del Estado, así como en las Cortes.

Durante su largo exilio en Colombia, trabajó en la Secretaría del PSOE (en el exilio) encargada de los refugiados, e intentó conciliar las posturas de Prieto y Negrín. En Colombia, desde 1939 a 1976, impartió clases de Historia y Literatura en la Universidad de Bogotá. Fundó la Casa de España en Colombia y colaboró activamente en la prensa de la capital.

El Excelentisimo señor Don José D. Prat Garcia. SENADOR.

El Excelentísimo señor Don José D. Prat García. SENADOR.

Volvió a España en el año 1976, retomando la actividad política como Presidente del Sector Histórico del Partido Socialista Obrero Español y de la Federación Socialista Madrileña. Fue Senador durante tres legislaturas: 1979-1982, 1982-1986 y 1986-1989.

En estos años fue Presidente del Ateneo de Madrid. Fue muy reconocido durante la Transición Española a la Democracia, así como en el Senado durante la década de los ochenta. Se le  concedieron importantes condecoraciones. Murió en el año 1994.

Sus “Memorias” se publicaron póstumamente, en dos volúmenes (1994 y 1995).


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