Hasta la próxima. Ha sido una experiencia estupenda. Una vez conocidas cómo funcionan estas cosas, decido afrontar un largo paréntesis. Busco nuevos escenarios.
Como prólogo a este comentario de la película de John Ford, se debe leer primero, a título de prólogo, el post anterior VIENDO CINE A TROZOS.
Lo decía en el mencionado post: En la red se ha escrito poco de esta película, y lo poco que se ha escrito, prácticamente, no aporta nada, diría yo más, más bien confunde.
El primer problema a la hora de comentar esta película es el autor: John Ford. Como se trata de una película de John Ford, del mítico John Ford, ya todo el mundo se anda con cuidado, por si las moscas. Y según y como, lo mejor es limitarse a reproducir los cuatro datos de ficha técnica, una sinopsis del argumento de tres líneas, como si de una película convencional se tratara, con lo cual al final, si nos dejamos llevar por lo que dice la sinopsis terminamos por sentirnos algo desorientados, cuando no engañados.
Para que no haya confusión sobre mi postura en lo que a la figura y a la obra de John Ford se refiere, diré que John Ford me parece: Primero, un gran narrador, cuenta muy bien las historias. Segundo, genera un excelente elenco de técnicos y de actores que trabajan con él, y son ellos los que apuntalan su estilo, su inconfundible estilo. Tercero, los paisajes mayoritariamente norteamericanos, a los que hay que añadir algunos europeos, los de los orígenes. Cuarto, su forma de ver la vida y las relaciones interpersonales… Toda esta mezcla da como resultado una gran obra, tendente a postulados conservadores. Conservadores sí, pero muy honestos, muy auténticos, con parte de los cuales estoy de acuerdo.
Empezando y en resumen: Como la película es de John Ford, tiene que ser una buena película, convencional en su línea y por tanto una buena película. En coherencia también, es fácil convenir conmigo que esta argumentación y conclusión es, como poco, arriesgada.
Como es una película de John Ford y los elementos narrativos, los personajes y los paisajes son los característicos del Oeste norteamericano, se deduce en conclusión que es una película (tradicional) del Oeste, sin más. Y claro, el que no tenga una referencia ajustada sobre lo que va a ver y crea que va a ver una película del Oeste, insisto, terminará como mínimo confundido, seguramente no enfadado, porque esta es una película, lo diré ya, muy atípica desde todos los puntos de vista. En cualquier caso, sólo faltan los publicistas que ante ese carácter atípico de la película prefirieron subrayar lo convencional de un film del Oeste y hacen hincapié en el cartel anunciador de la acción, de los forajidos, de las pistolas… En el post anterior pusimos el cartel que en su día se hizo en España para anunciar la película. Nada más engañoso.
Tres padrinos (título en versión española) es una película de John Ford, absolutamente diferente a la inmensa mayoría de sus películas, y se enmarca en paisajes del Oeste, con personajes vestidos del Oeste, pero no es una película del Oeste.
¿Qué es, pues, Tres padrinos?. Exactamente no lo sé, pero una película del Oeste a lo John Ford, rotundamente no. Citaré sólo varias películas de Ford para establecer someramente una comparación con ésta. Películas del Oeste de John Ford son, por ejemplo: La diligencia (1939), [Tres padrinos, 1948], Fort Apache (1948), Río Grande (1950), Centauros del desierto (1956), El último hurra (1958), Sargento negro (1960), Dos cabalgan juntos (1961), El hombre que mató a Liberty Valance (1962) o El gran combate (1964). Yo creo que todos hemos visto estas películas y poco hay que insistir para concluir que todas ellas son ejemplares evidentes del cine de John Ford, que nada tienen que ver con Tres padrinos.
Cuentan los próximos a John Ford que la película Tres padrinos (1948) se generó a partir del fallecimiento de uno de sus grandes amigos, de los que le habían ayudado a configurar su gran proyecto cinematográfico. Este gran amigo de John Ford fue Harry Carey. Al morir éste último, los muchos amigos y próximos se embarcaron en el rodaje de la mencionada película. En la misma, se hace una mención explícita a Harry Carey. La película debía ser un homenaje, un gran recuerdo, una gran síntesis poética y de amistad a aquel hombre (Harry) que tanto había hecho por el cine, por los amigos y, especialmente, por John Ford. Tres padrinos es una gran suma, una gran yuxtaposición del mundo Fordiano, un gran recuerdo, un gran homenaje,… al margen de la lógica y de los convencionalismos. En el guión y en la película importan poco la coherencia o no de muchas cosas. Lo que cuenta son los amigos, las historias comunes, las amistades, ese gran mundo que a lo largo de años habían contribuido entre muchos a construir.
Por eso, qué más da el guión construido por Frank S. Nugent y Laurence Stallings a partir de la novela de Peter Kyne, 3 Godfathers. Ésta era otra fiesta, se celebraba en otra casa, con otros objetivos, y en (¡atención!) familia. La lógica de esta película es para iniciados, es decir, todos ellos.
Decía antes que en la red había pocas menciones a esta película. Una de ellas, la de FOTOGRAMAS, penetra más en materia cuando dice que John Ford, que ya había llevado la historia al cine en 1919, “demuestra cómo una historia abiertamente folletinesca -tres bandidos se regeneran después de hacerse cargo de un bebé huérfano- puede convertirse en una obra vigorosa y nada blanda”. Yo no diría folletinesca, en ningún momento la película tiende por esos derroteros. Sí diría surrealista, onírica, poética, e incluso con rasgos costumbristas,… todo ello en una permanente yuxtaposición, yuxtaposición coherente y activa, que hace progresar dramáticamente la película hasta hacerse perdonar los muchos absurdos del guión. Cuanto más absurdos, más hilarantes y simbólicos.
Todo es atípico. Comienza la película, los tres forajidos llegan al pueblo como tres simpáticos y amigables vaqueros que tienen hasta la suerte de encontrarse (luego lo sabrán) con el sheriff del lugar, Ward Bond, interpretado por uno de los asiduos de las películas de Ford: Perley “Buck” Sweet. Como no podía ser de otra manera, la mujer del sheriff les ofrece la correspondiente bebida. Los tres forajidos son gente amable que se tratan entre ellos con una gran amabilidad, solidarios, como se demostrará cuando una vez atracado el banco, Harry Carey Junior [el hijo de Harry Carey], que interpreta el papel de William Kearney “the Abilene Kid”, es herido en un brazo, lo que producirá la constante preocupación fraternal de Robert Marmaduke Hightower, líder del grupo, interpretado por, como no podía ser de otra manera, John Wayne. Iniciada la persecución con el sheriff a la cabeza, la operación responderá a una completa estrategia de juego de damas, como lo oye, o mejor dicho, como lo lee: Unos y otros, como grandes estrategas, juegan al ratón y al gato a lo largo de días de ferrocarril, o atravesando desiertos, siempre huyendo o persiguiendo, y siempre buscando, en el caso de los forajidos, los depósitos del agua. Éstos en su huída no encuentran agua, pero sí se encuentran una carreta con una mujer a punto de dar a luz. Da a luz y muere, y les hace prometer que se harán cargo de su hijo. Del paradero del marido, John Ford se desentiende con facilidad, importándole poco la coherencia argumental. Y es a partir de aquí cuando comienza la parte más sorprendente, surrealista, ingenua y, si se quiere, absurda. Los tres vaqueros se convierten en padrinos del niño, ¡ojo!, de un niño recién nacido, al que tendrán que alimentar y dar de beber a lo largo de todo tipo de peripecias, entre ellas grandes tormentas de arena, tormentas magníficamente resueltas desde un punto de vista técnico. Se les acabará el agua, se quedarán sin caballos, no tendrán comida, se irán despojando de cuanto llevan encima,… En esa constante huída morirán William Kearney “the Abilene Kid” y Pedro “Pete” Fuerte, interpretado por el gran actor mexicano Pedro Armendáriz. Y al final, John Wayne con el niño en brazos, desnudo y protegido sólo por una fina manta, llegará, justamente el día de Navidad, a una localidad denominada Jerusalén. Llegará al Salón del pueblo con el niño, y escasos momentos después aparecerá el sheriff que le desafiará a que desenfunde la pistola… Y aquí si que ya no sigo más. Está próximo el final de la película.
Terminaré contando una anécdota de la película. Cuando ya ha muerto la madre, los padrinos de Robert William Pedro, es decir, el niño, tienen que afrontar la higiene y los cuidados del recién nacido. Ante los lloros insistentes del niño que reflejaban su malestar, los padrinos ,leyendo un libro de consejos maternales para recién parida, deciden seguir uno de los consejos, que no es otro que el de ponerle grasa al bebé. Y así lo hacen, le ponen en la espalda abundante grasa para engrasar los ejes de la carreta. Créanselo, como se dice en ésta mi tierra, le extienden por la espalda una auténtica zarpada de grasa.
Está claro que me gusta el cine. Algunos lo destacan y me lo dicen. Descubren esta afición mía a través de este blog. Y es verdad, tengo una constante propensión a hablar de cosas de cine, más desde una perspectiva histórica que del cine actual. No porque en el cine actual no haya grandes películas, que lógicamente las hay, sino porque ahora me es más complicado estar al día de la cartelera y ante la amplia posibilidad de recurrir a las cadenas especialistas en cine, pues me queda resuelto el poder elegir en cada momento sobre qué ver y cómo pasar el rato.
Diré que ahora veo el cine, mayoritariamente en las parabólicas, a trozos. Casi siempre tengo la televisión fija en la TCM Clásico, y cuando puedo enchufo la televisión y con frecuencia veo la película que están proyectando. A veces veo un rato, otras, sobre todo si no conozco la película y me sorprende gratamente, continúo viéndola, si puedo, hasta el final. Comentaré que muchas veces sólo ver por décimas de segundo un fotograma al enchufar la televisión, ya localizo instantáneamente la película de que se trata.
Esta forma de ver el cine me está permitiendo revisar, con una evidente anarquía, el mucho cine que he visto a lo largo de mi vida. Es una forma de ratificarme en criterios, en posicionamientos propios, en el análisis de los propios puntos de vista, que con el paso del tiempo evolucionan. Evoluciona la realidad, evolucionan los criterios culturales, políticos y estéticos, y, de forma muy especial, evolucionan los aspectos tecnológicos. Toda esa permanente evolución-transformación te hace volver constantemente sobre tí mismo, sobre tus planteamientos y los de los demás. Y esta constante relectura te lleva a madurar y afianzarte en criterios propios ya difíciles de modificar, porque responden a una cuasi permanente revisión que va depurando muchas cosas hasta llegar a el campo de los axiomas, de las convicciones profundas.
Viene todo este comentario producido por la reciente proyección en TCM Clásico de la película de John Ford, “Tres padrinos”, que he podido ver entera [la conozco desde hace tiempo], y de haberme dejado una cierta interrogante tras su visionado. La vi hace una semana, y, siempre por motivos nimios, me viene a la cabeza alguna escena, o actor, o detalle de la película, consiguiendo que, de alguna manera, siga viva la película en mi mente, y que continúe interrogándome sobre la misma.
Para no hacer demasiado largo este post, lo daré por acabado, pasando a escribir en el siguiente un comentario sobre la película y sobre lo que se ha escrito de la misma. Anticiparé, que si se quieren encontrar comentarios en internet sobre esta película, lo sorprendente es que en general las informaciones, las críticas, las valoraciones sobre la misma,… en general aportan poco, por no decir casi nada. No hablo de las monografías, sobre los trabajos especializados sobre John Ford y su filmografía. Hablo de la red en general, que de alguna manera puede representar más el sentir, el gusto medio de muchas personas.
Eran dos ocas, dos ocas preciosas. Las ocas del Parque Miguel Servet de Huesca fueron un regalo que unos vecinos le hicieron a la Ciudad, hace casi un año. Ya sólo queda una. La otra la mataron hace un mes, a golpes. Sobrevivió magullada cuatro o cinco días.
Ésta es la otra cara de la realidad, la de los bestias que matan por placer, los desaprensivos que no tienen límites a sus frustraciones y miserias.
Una conclusión: No se deben tener animales que no se protejan conforme es debido.
MARIO CASAS SIERRA (A Coruña, 1986).
LE VA: La tortilla de patatas con cebolla y chorizo. Tomarme una cervecita por la Latina, en Madrid. Los deportes, los he practicado casi todos: Fútbol, tenis, cricket,…
SUEÑO PERSONAL: Formar una familia como la mía, y tener entre tres y cinco hijos”.
[CITA. FOTOGRAMAS. "Relevo 2009". Septiembre 2009]
ANA DE ARMAS CASO (La Habana, Cuba. 1988).
MAL TRAGO: En un rodaje, era muy jovencita y tenía novio, tenía una escena de amor y me puse a llorar, tuve que parar. ¡Estaba tan enamorada y era tan pequeña!.
“UNA ESPINITA CLAVADA: Ha sido una pena lo de Mentiras y gordas. Entiendo que vayan al cine a verme las tetas, pero yo me esforcé mucho, ¡mírame a los ojos!, da pena que se haya quedado en un nivel un poco despectivo”.
[CITA. FOTOGRAMAS. "Relevo 2009". Septiembre 2009]
Con el título genérico de RELEVO 2009 la revista FOTOGRAMAS, en el número 1991, Año 62, Septiembre del 2009, reproduce las entrevistas hechas a, según la misma, 12 talentos que arrasan en taquilla. Dichos talentos son, en el mismo orden que están colocados en el reportaje: Nerea Camacho, Álvaro Cervantes, Ana de Armas, Belén Fabra, Natalia Mateo, Mario Casas, Jan Cornet, Esperanza Pedreño, Blanca Suárez, Marta Nieto, Alfonso Bassave y Miriam Giovanelli.
Como curiosidad y sin más pretensiones reproduciremos en los siguientes post dos citas sacadas de la entrevista que les hace FOTOGRAMAS. Se trata de Ana de Armas y de Mario Casas.
El derribo de bienes ajenos al suelo para construir el andador sobre la Muralla continúa su camino. Tal es así, que incluso en las pasadas Fiestas de San Lorenzo se continuó trabajando. El andador, como se sabe, tendrá una profundidad de ocho metros y será peatonal, con entrada exclusivamente para vehículos de los residentes.
Como se puede apreciar, sobre todo en la segunda fotografía, en el día de ayer las condiciones de trabajo sevieron complicadas por el barrizal que se formó como consecuencia de la tierra de la base y la abundante lluvia que cayó en la noche del pasado martes, producto de la tremenda tormenta que tuvo lugar durante aproximadamente tres horas sobre la ciudad de Huesca.
La caja escénica del Auditorio del Palacio de Congresos de Huesca les está esperando. Faltan ellos y ellas. La gran prueba del Auditorio es la danza, el ballet. El ballet será la gran prueba de fuego, la presencia que dará paso a la edad adulta de esta infraestructura. Hoy por hoy vagan entre butacas, camerinos, espacios de calentamiento y el foso. Se asoman, entre aburridos y expectantes, a ese espacio que alguien osó denominar como Sala de Cnosos. Todos ensayan con reiteración. Es como si estuvieran buscando un productor. El director ya lo tienen, son cada uno de ellos y de ellas. Resistentes y sin descanso, se asoman de madrugada por las terrazas del Palacio. Otean el devenir del día con la esperanza de que lo que más desean se va a cumplir.
“¿Por qué volver a Lorca?”. LLUÍS PASQUAL SE CONTESTA A SÍ MISMO. “Quiero ir montando todas sus obras. Excepto Yerma, que no me atreveré nunca a hacerla, porque ya está hecha, la hicieron, de manera inolvidable, juntos, Víctor García, Núria Espert y Fabià Puigserver; la ví y no me la podré borrar nunca de la memoria…”.
“La Bernarda, así llamamos a la pieza, no sabía cómo explicarla y de repente se juntaron muchas cosas que me permitieron afrontarla, dos decisivas: tener el reparto que necesitaba y esa idea de la memoria histórica de la que hablamos desde hace años. Bernarda se nos aparece como un documento vivo, igual que se abre una fosa o un archivo, como el de Salamanca. Porque Lorca, lo dice él mismo al principio, tras el título y los personajes -’el poeta advierte que estos tres actos tienen la intención de un documental fotográfico’- tiene interés en recalcar ese aspecto. Bernarda es un documento que gracias al teatro puede revivir”.
Para Pasqual, ese documento que es la obra de Lorca, que explica la historia de Bernarda y sus cinco hijas y el luto de ocho años a que las condena, muestra “el segundo antes del Big Bang, ese momento tan tenso que precede a la explosión de la Guerra Civil y que pillará al propio Lorca de los primeros”.
El director considera La casa de Bernarda Alba “sin duda la más universal” de las obras de Lorca. “Lo que queda de ella es el retrato, con los trazos negros del Gernika, de nuestra manera, española, de ser de derechas. La defensa a ultranza de una fachada, de una nuez vacía, de una actitud basada en unos principios eternos que alguien, no se sabe quién, dictó no se sabe cuándo. Ésa es la actualidad de la obra, ese eco genético”.
Pero, matiza Pasqual, la pieza no es sólo documento. “Al igual que una foto no es la realidad, sino reflejo de la realidad, Bernarda, junto a esa parte que discurre de manera realista, naturalista, incluye también un río negro, subterráneo, una poética que acompaña a lo otro, a la foto, como su negativo; es imprescindible dar los dos planos”.
Es una obra desesperanzada. “No hay posibilidad de cambio, A Bernarda se le ha roto la matriz. Se le ha colgado la hija. Terminará proclamando: ‘¡Mi hija ha muerto virgen!’, envolviendo a todos en un mar de luto y ordenando silencio. Detrás de eso no hay nada, ni siquiera una idea religiosa. Nada más que el principio de autoridad, del poder por sí mismo”.
Pasqual eligió hacer La casa de Bernarda Alba cuando el director del TNC, Sergi Belbel, le propuso dirigir (por primera vez, antes, en época de Josep Maria Flotats había participado en un recital de poemas de Lorca, precisamente, también con Núria Espert)- en el Nacional. Dice que no hubo ninguna oposición a su proyecto. “Hacer Lorca en castellano en el TNC “me mola”, apunta. Recuerda que el poeta va unido “a dos nombres más catalanes imposible, como son la Xirgu y la Espert, por no hablar de Dalí”. Y recalca con ironía: “Algo entendemos los catalanes del teatro de Lorca”. Según Pasqual, “deberíamos estar todos muy contentos de tener un teatro nacional en el que se puede actuar en dos lenguas que todos los espectadores comprenden; eso es un lujo”.
Pasqual sostiene que La casa de Bernarda Alba “no es una obra tan andaluza; es más castellana, más seca, más árida. No hay en ella ni un gramo de senequisimo, de contención, de serenidad”.
La escenografía es… visualmente muy poderosa. “Es la que indica el propio Lorca, blanca, sencilla”. Obra de mujeres, donde, paradójicamente, “la represión se ejerce en nombre del machismo más exacerbado”, la protagonizan Espert (Bernarda) y Sardà (Poncia, “mucho más que una criada respondona, a la que Bernarda no hubiera aguantado 30 años; todo un carácter”). Hay “una química magnífica” entre las dos actrices. “Se respetan y se quieren. Hacen falta dos enormes actrices para esta pieza, para conseguir su temperatura trágica. Núria está en la plenitud absoluta de su carrera; las dos están sabias”.
Que Espert haya dirigido anteriormente la obra podía haber dado pie a problemas. “Pero no los ha habido. No hay nada más diferente a dirigir que interpretar. La Bernarda de Glenda Jackson en el montaje de Núria era un oso salvaje; Núria aquí es una pantera” -”Bernarda, cara de leoparda”, dice Maria Josefa, su madre (Teresa Lozano), en la obra-. “Y en el caso de Poncia, la actriz que la encarnaba, Joan Plowright, era una perra, mientras que Rosa Maria hace una leona”.
Para Pasqual, Lorca es más que un compañero de viaje, “es el hermano mayor que hubiera querido tener; siento una empatía, una afinidad; con él me siento en casa”. El espectáculo se verá en Madrid (Matadero) a partir del 10 de septiembre.
[CITA. EL PAÍS. Cultura. Extracto. 29.04.09]