SOBRE LAS SUPUESTAS DECLARACIONES DE LA REINA.

 

La Reina tiene derecho a opinar sobre los temas que comúnmente en el mundo social y político democrático se consideran como cuestiones de conciencia. La objeción en conciencia es un derecho democrático. No hablo de cuestiones convencionalmente políticas, sino cuestiones en conciencia. Esta es una cuestión compleja, vidriosa, a la que no hay que tener miedo.

Leo y escucho a personas que más que políticos democráticos me parecen inquisidores. Y tampoco es de recibo que bajo la etiqueta de “lo políticamente correcto” se encubran en el fondo actitudes poco democráticas.

En el caso que nos ocupa no hay que confundir el papel de arbitraje que tiene la Monarquía en el mundo institucional, con los derechos personales de los monarcas que nadie les puede quitar. La Monarquía ni puede ni debe intervenir en el juego político general ni en el partidario. Pero eso no significa que ellos no tengan ideas y creencias, y que todo aquello que esté íntimamente vinculado a la conciencia les esté vetado expresarlo, expresarlo en su convicción, sin utilizarlo dentro del juego de planteamientos y estrategias políticas. En el mismo sentido los partidos políticos y demás organizaciones políticas y sociales no deben utilizar las convicciones personales de los monarcas para sus fines partidistas. Que de todo hay, y que ya estamos viendo estos días.

Revuelos como los que se están produciendo estos días en torno a las declaraciones de la Reina, producen la impresión de que se tenga  miedo al libre ejercicio de la Democracia, incluida la propia Monarquía. Yo me considero una persona de convicciones democráticas, por eso me afilié al Partido Socialista tras el intento de Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Y soy republicano. Pero precisamente por eso le reconozco sin subterfugios ni tapujos el derecho de opinar a la Reina sobre cuestiones como las que (supuestamente) contiene la biografía de la Soberana, recientísimamente publicada.

Si fuera verdad lo que se dice que opinó la Reina, ¿alguien se cree que iba a opinar diferente a lo que se dice que ha opinado?…  Puede que sí, pero la lógica y la coherencia me lleva a pensar que no. De igual manera que la lógica de las cosas haga que yo defienda, además, ciertos derechos cívicos de los ciudadan@s en general, que han sido contemplados en las correspondientes leyes aprobadas recientemente por las Cortes Generales a propuesta del Gobierno de la Nación, y de forma concreta todo aquello que concierne a los colectivos de gays y lesbianas… Por tanto, en el libre juego de los derechos, sin excepciones, salvo los pactados por la Soberanía popular y expresados en la Constitución, todo lo demás no debe verse con prevención.

Dicho lo anterior, es conveniente recordar que Doña Sofía ha desempeñado sus papeles de Princesa y Reina con una gran profesionalidad (utilizando un término ortodoxo).  Es la primera vez que se convierte en protagonista de una controversia. Don Juan Carlos y Doña Sofía contrajeron matrimonio en 1962. Casi medio siglo… Algo querrá decir.