¿ POR QUÉ SE SUICIDA UN ESCRITOR ?

 

SÍNTESIS DEL ARTÍCULO FIRMADO POR EL ESCRITOR COLOMBIANO HÉCTOR ABAD FACIOLINCE.

Se dice, con más razón que sorna, que el único riesgo profesional de los poetas es el suicidio, comenta Héctor Abad Faciolince. Lo que sí es cierto es que muchos escritores hombres y mujeres decidieron suicidarse: Safo, Lucrecio, Séneca, Silva, Larra, Woolf, Salgari, Lugones, Mishima, Pizarnik, Hemingway, Plath, Marai,… y el pasado doce de diciembre lo hizo la gran promesa de la narrativa estadounidense David Foster Wallace, a los cuarenta y seis años.

Muchos de los propios escritores han teorizado en sus obras sobre la razón y el carácter de la decisión de suicidarse por parte de los propios escritores. PRIMO LEVI dijo de Jean Améry que “su suicidio, como todos, admite una nebulosa de explicaciones”.

CESARE PAVESE dejó escrito antes de suicidarse: “Los suicidas son homicidas tímidos. Masoquismo en vez de sadismo”. Lo último que escribió Pavese en su diario fue la siguiente lapidaria y estremecedora expresión: “Sin palabras. Un gesto. No volveré a escribir”.

MAUPASSANT, que intentó suicidarse, escribió sobre el suicidio: “El suicidio es el sublime valor de los vencidos”.

ALBERT CAMUS, que murió en un accidente sin ningún viso de suicidio, dejó escrito: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: El suicidio. Juzgar si la vida vale o no la pena de que se la viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”.

Fotografía-retrato de Ernest Hemingway.

HENRY ROORDA escribió antes de matarse: “Amo enormemente la vida. Pero para gozar el espectáculo hay que ocupar una buena butaca, y en la Tierra la mayoría de las butacas son malas”.

WITTGENSTEIN dice en uno de sus aforismos: “El mundo de quién es feliz es otro distinto al mundo del que es infeliz”.

Hay quienes se matan tranquilos, planeándolo; otros, en un arranque de autodestrucción. Unos, sobrios; otros, drogados. El poeta JUAN MANUEL ROCA desaconseja que nos matemos borrachos: “Es el problema del alcohol; alguien puede suicidarse y al día siguiente no acordarse de nada”. Es un chiste, pero podría no serlo. Un experto inglés en suicidios literarios, A. Álvarez, intentó suicidarse, borracho, una noche de Navidad. Se despertó tres días después sin acordarse de nada.

Dice HÉCTOR ABAD FACIOLINCE: “Hay escritores que en lugar de suicidarse ellos, trasladan el propio suicidio a sus personajes. Así hizo Shakespeare con Ofelia, Romeo y Julieta; Goethe, con el jóven Werther; Tolstói, con Anna,… Es raro- continúa diciendo – pero si uno suicida a alguien en un libro, se experimenta una muerte que de alguna manera sacia la ansiedad por la propia muerte. Lo sé por experiencia propia”.

El artículo de Héctor Abad Faciolince, cuya síntesis se hace en estas líneas, viene motivado principalmente por el suicidio de David Foster Wallace, la última promesa de la literatura norteamericana. David Foster Wallace fue hallado ahorcado en su casa; ya en otras ocasiones había pedido que le protegieran de su propia pulsión de quitarse la vida.

Algunas consideraciones propias. Hay cuestiones muy difíciles de tratar. Producen en quién las piensa o escribe una cierta convulsión en lo más profundo de su ser. Hablar del suicidio es una de esas cuestiones, por lo menos en mi caso.

¿Por qué se suicida una persona?. Las razones y los contextos pueden ser tantos como personas se suiciden. Cada persona es un mundo, y mucho más pienso yo en este caso. ¿Qué puede impulsar a una persona a suicidarse?…Lo he dicho antes, puede haber muchas razones, pero probablemente muchas de ellas, no sé si todas, reducidas a una sola: La soledad. La soledad no como sinónimo de vivir solo o sola, sino como la más vacía de las realidades, es decir, la conciencia absoluta del más absoluto vacío. La ausencia de posible esperanza, el dejar de tener sentido la propia vida de uno o una.

El suicidio se produce, creo yo, ante la absoluta incapacidad para poder reaccionar, el apagado general de cualquier impulso vital con sentido… El suicida, probablemente por encima de todo, lo que desea es desaparecer. En cada caso, la razón próxima será diferente.

Pero también, por encima de todo, el suicida toma su decisión desde la más absoluta conciencia de lo que hace. Sólo desde una conciencia total se puede llegar a tomar esa decisión. Porque lo que está claro es que la tendencia natural de cualquier ser vivo es a vivir y a sobrevivir, no a lo contrario. Algo muy excepcional tiene que interponerse en el camino para que se tome la decisión de suicidarse.

Hay personas que deciden en situación de vida normal sobre su suicido, sobre un suicidio cierto. Y lo cumplen. Puede que entre estos estén aquellos que advierten sobre su futuro suicidio, cuando lo que realmente están emitiendo son llamadas de ayuda a los demás, que no son adecuadamente atendidas. Tal vez este haya sido el caso de David Foster Wallace.

En cualquier caso, reiterando que la tendencia de cualquier ser vivo, muy en especial del ser humano, es a vivir y a sobrevivir, vaya por delante mi más absoluto respeto para el suicida. Es muy dificil imaginar, por no decir imposible, la terrible desesperanza que debe invadir a ese ser humano que decide quitarse la vida, en un proceso, aunque sólo sea en un instante de clarividencia, para llevar a cabo su impulso.